El precio spot del crudo Brent se mantuvo en un promedio de 110 dólares por barril durante tres años y medio de estabilidad y de baja volatilidad de precios. Entre su nivel medio del mes de junio y el pasado 8 de diciembre este precio de, referencia global registró una caída de 49 dólares, es decir, 44 % . La mayor parte de esta reducción se produjo a partir del 1º de septiembre, cuando el Brent aún superaba los 100 dólares por barril. En la coyuntura actual es imposible identificar la trayectoria de los precios a corto y mediano plazos. El análisis de mercado puede ofrecer perspectivas reveladoras, aunque los pronósticos de precios que podemos derivar de ellas son poco interesantes. Se engañan, son ingenuos o tienen una agenda política quienes creen saber, aunque sólo sea de manera aproximada, hasta dónde pueden caer los precios, el ritmo de su declinación y cuánto pueden durar en un nivel bajo. Más bien lo que hacen es adivinar y claramente no han aprendido del pasado. Pronosticar precios a corto y mediano plazos es mero extravío.

Al principio de la segunda semana de diciembre, el precio de la mezcla mexicana de crudos de exportación había caído 42 % en relación al pico mensual promedio que había alcanzado en junio. El principal componente de esta mezcla es el crudo pesado tipo Maya. Su diferencia respecto al precio spot del Brent se redujo a lo largo del año, de 24.81 dólares por barril en enero a 9.02 dólares en octubre, dada la creciente oferta excedente de crudos ligeros en la cuenca atlántica. Mas recientemente esta diferencia ha comenzado a ampliarse nuevamente debido al suministro creciente de crudos pesados canadienses en la costa estadounidense del Golfo. Más de 200 mil barriles diarios de estos crudos fluyen ahora y se espera un volumen significativamente mayor a finales de 2014 y principios de 2015, una vez que se hayan empacado el oleoducto Flanagan South y los ductos gemelos de Seaway.
México está relativamente bien protegido de la caída reciente de precios del crudo. Como exportador neto de petróleo le convienen precios altos. Sin embargo precios bajos de productos petrolíferos le ofrecen oportunidades que puede aprovechar, por ejemplo para eliminar subsidios. Su estructura económica es más diversificada que la de la mayoría de los países exportadores de petróleo. La contribución de la industria petrolera al producto interno bruto se ubica en torno al 6 %. En la primera mitad de 2014, los ingresos derivados de las exportaciones de crudo y productos petrolíferos representaron el 12 % de la exportación total de mercancías.
No obstante, el petróleo tiene un papel muy importante en las finanzas públicas dado que suple las deficiencias de una carga fiscal particularmente baja.. En América Latina sólo los gobiernos de Guatemala y de Haití cobran menos impuestos en relación a su PIB, que el gobierno mexicano. Entre 2008 y 2013, los ingresos petroleros cayeron de 8.6 % del PIB a 7.8 % ; en ese caso el gobierno federal captó 4.8 puntos porcentuales y Pemex se quedó con el 3.0 % restante. Conforme sigan cayendo los precios del petróleo disminuirán los ingresos petroleros, al igual que su participación en los ingresos presupuestales del gobierno federal, que fue de 31.7 % en los primeros diez meses de 2014. Incluso si los precios se recuperan, la participación de Pemex tenderá a la baja como resultado de la migración gradual de Pemex del actual régimen fiscal al que se aplicará a las empresas privadas que entren a la industria petrolera. El gobierno tendrá que aumentar sus ingresos no-petroleros para cubrir déficits fiscales de corto plazo y la reducción a mediano plazo de los ingresos petroleros.
Para 2015 el gobierno federal cubrió parcialmente los ingresos petroleros que había anticipado. Su programa de coberturas –posiblemente el más grande del mundo- tiene ahora dos componentes: i) una combinación de opciones de Maya y Brent, a un precio asegurado de 76.40 dólares por barril de la mezcla de exportación mexicana, cuya prima tuvo un costo de 773 millones de dólares; y, ii) 587 millones de dólares que depositó en una cuenta establecida en el Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestales, que cubre la diferencia entre el precio garantizado y el de 79.00 dólares por barril , presupuestado por el gobierno federal. En ese nivel se fijó el precio de un total de 228 millones de barriles que incluyen la porción no asegurada por opciones. Esta cantidad cubre 57 % de las exportaciones programadas y 26 % de la producción total prevista.
Pemex no cuenta con un mecanismo de administración de riesgos de precios que vaya más allá de las coberturas que ha utilizado tradicionalmente en las transacciones de importación de productos petrolíferos. En 2014 el programa de coberturas del gobierno tuvo un precio promedio garantizado de 85 dólares por barril y un costo de 543 millones de dólares. Esta opción no será ejercida pues el precio promedio de exportación a mediados de noviembre era de 92.40 dólares por barril. Convendría al gobierno mexicano tener más flexibilidad en el calendario de su programa de coberturas, que normalmente se estructura en septiembre. A principios del verano pasado pudo haberse beneficiado de una volatilidad particularmente baja y, visto retrospectivamente, de un nivel de precios alto.
La producción de petróleo crudo de México aún no toca fondo. Sufrió una reducción adicional en 2014 y es poco factible que alcance la meta del próximo año de 2.40 millones de barriles diarios. Es más probable que la producción permanezca al nivel actual de 2.35 millones, si bien el balance de riesgos es a la baja. Así, una combinación de precios y volúmenes bajos incidirá negativamente sobre los ingresos petroleros. Sin embargo, desde la perspectiva de la balanza comercial, el elevado y creciente volumen de importaciones de productos petrolíferos mitiga el efecto de la baja de precios. En los primeros diez meses de 2014 la exportación de crudo y de productos petrolíferos , alcanzó un nivel de 1.3 millones de barriles diarios. Sin embargo, las exportaciones netas de hidrocarburos líquidos ascendieron a tan sólo 715 mil barriles diarios. En términos de valor, las importaciones de productos petrolíferos absorbieron 60 % de las exportaciones de crudo y productos.
No obstante estas tendencias de producción y exportación, podría estar en el interés de México cooperar con la OPEP en una iniciativa de recuperación de precios que los estabilice a niveles que sean considerados razonables, tanto por los productores como por los consumidores. Lo ha hecho en el pasado, en otros episodios de colapso de precios, cuando llevó a cabo negociaciones con otros países productores y exportadores. Bajo ciertas condiciones del mercado y ante expectativas razonables de cumplimiento de parte de otros jugadores, México podría beneficiarse nuevamente de una acción colectiva. Puede recortar su producción, dado que Pemex –una empresa del Estado- continuará siendo por largo tiempo el productor dominante del país. Los países consumidores y la industria petrolera internacional comprenderían sus motivaciones.
No es posible desenmarañar el efecto de precios más bajos del petróleo sobre el tipo de cambio del peso mexicano del impacto de otras fuentes coincidentes de incertidumbre que aquejan a la economía y la sociedad, así como del fortalecimiento del dólar en relación a otras divisas. En menos de tres meses el peso se depreció 8.7 %. Las recurrentes revisiones a la baja del crecimiento del PIB, las graves acusaciones de irregularidades de la elite política y severos problemas de seguridad son factores más importantes que afectan la confianza del sector privado. Las percepciones a propósito de la importancia económica del petróleo reflejan sobre todo condiciones del pasado, pero son también efecto de la importancia y que se le dio a la industria petrolera en la reciente discusión sobre las reformas estructurales. Cuando se atribuye el comportamiento del tipo de cambio a la caída del precio del petróleo, se subestima la incidencia de otros factores que son más relevantes.
La baja de los precios internacionales de los productos petrolíferos apoya la decisión del gobierno de eliminar subsidios generalizados de precios de esos productos. En 2012, por ejemplo, los subsidios estimados de la gasolina y el diesel alcanzaron los 15 mil millones de dólares, pero a finales de 2014 habían desaparecido. El ultimo ajuste mensual de precios al consumidor se hizo el 6 de diciembre pasado y, a principios de 2015, se dará un aumento adicional para corregir la inflación anual anticipada. Mientras tanto, los precios spot y al menudeo han caído sustancialmente. Estos últimos son 32 % y 8 % superiores respectivamente a los registrados en Houston, una referencia cercana, y superiores a los precios promedio estadounidenses. La Secretaría de Hacienda se ha comprometido a eliminar estos subsidios en el periodo de transición a mercados abiertos y competitivos de productos que se iniciará a más tardar, el 1º de enero de 2018. Las tareas que tendrá que realizar constituyen un verdadero reto. Los precios en las estaciones de servicio tendrán que reflejar plenamente costos de transporte y distribución, los precios de transferencia de Pemex necesitan recalibrarse, y urge ajustar los márgenes comerciales de la importación de productos. Más importante aún, tendrán que establecerse las reglas del juego que permitan el desarrollo de mercados competitivos. La eliminación de subsidios es un primer paso, necesario y muy importante.
El gobierno mexicano está preocupado por el efecto potencial de precios más bajos del petróleo sobre la primera ronda de licitaciones de áreas de exploración y producción abiertas a la inversión privada, este tema es un aspecto central de la reforma energética. La primera invitación a licitar está prevista para la segunda semana de diciembre y abarca bloques de exploración que serán subastados en aguas someras de las costas del sur de Veracruz, Tabasco y Campeche. A principios de enero seguirán las licitaciones de campos también en aguas someras que contienen importantes reservas de crudos extra-pesados. En la primera mitad de 2015 se darán a conocer las bases de licitación de Chicontepec y de bloques de petróleo y gas no convencionales y, finalmente, de campos maduros terrestres y estructuras en aguas profundas y ultra-profundas, cerca de la frontera marítima con Estados Unidos y en el sur del Golfo de México. Se trata de un portafolio amplio y altamente prospectivo, con estructuras diversas en términos geográficos y geofísicos, que contienen petróleo ligero y extra-pesado, gas asociado y no asociado, húmedo y seco, sobre las que se tiene amplia información sismológica y geológica. Muchas cuentan con campos análogos cercanos y están en localizaciones próximas a infraestructura ya instalada.
La estructura esperada de costos en las regiones seleccionadas despertará el interés de inversionistas, incluso si se mantienen los precios bajos y aún si disminuyen , dado que las condiciones a corto plazo del mercado no dictan las decisiones de inversión, que más bien atienden a los costos del ciclo completo de los proyectos y precios de largo plazo. No obstante, consideraciones de corto plazo tienden a afectar el clima de inversión, así como el nivel de gastos de capital en campos y bloques marginales. Los inversionistas potenciales seguramente argumentarán que con niveles de precios más bajos sus accionistas insistirán en una disciplina de inversión más rigurosa; también dirán que la competencia global por capital será más intensa, y que estará a prueba la competitividad de los términos y las condiciones contractuales del gobierno mexicano. No obstante, la calidad relativa de las áreas sometidas a licitación le permite a México resistir estas presiones. Tiene bases sólidas para hacerlo. Si por algún motivo subestimara el impacto de las condiciones actuales y a mediano plazo del mercado en partes de la primera ronda, siempre puede volver a licitarlas en una segunda ronda. En cambio, es mucho más difícil revertir concesiones innecesarias. La apertura de las actividades de exploración y producción es una decisión estratégica de largo plazo que debe ser resguardada plenamente de consideraciones y exigencias políticas y económicas de corto plazo.
México está razonablemente protegido de la caída de precios del petróleo. Sin embargo, es obvio que como productor y exportador de petróleo importante se beneficia de precios más altos y estables. La apertura de su industria a la inversión privada no tiene por qué ser afectada por precios de corto plazo, y la introducción de la competencia se beneficiará del apoyo temporal que representan los precios bajos de productos petrolíferos y de gas natural que permitieron acelerar la eliminación de los subsidios de precios.
9 de diciembre de 2014
Adrián Lajous es investigador visitante en el Centro sobre Políticas Energéticas Globales de la Universidad de Columbia. Fue Director General de Pemex de 1995 a 1999.