Las cartas fraternales que Alfonso Reyes y Carlos Fuentes le enviaron a Octavio Paz y el apunte crítico que José Emilio Pacheco dedica a ¿Águila o sol?, “un libro inabarcable”, son un invaluable tesoro. El testimonio de este diálogo ahora está al alcance de los lectores con la reciente publicación del libro Lenguaje en libertad. El Colegio Nacional celebra a Octavio Paz. El volumen, con testimonios compilados por Eduardo Mejía y María José Mejía, también incluye ensayos, críticas y salutaciones de otros miembros de la institución pública entre los que se cuentan: Antonio Alatorre, Salvador Elizondo, Miguel León Portilla, Fernando del Paso, Vicente Rojo, Alejandro Rossi, José Vasconcelos, Ramón Xirau y Gabriel Zaid.


Alfonso Reyes


Mi querido Octavio:

Anoche encontré en casa el Vasconcelos. Gracias

           Gracias muy especialmente por su poema Entre la piedra y la flor, tan bello como altamente trágico: Las dos manos de su

           Alfonso Reyes

 

(30 de abril de 1941)

Inútil decirle que el libro (Libertad bajo palabra) puede venir a México por mis manos, con lo que tendré la alegría de disfrutarlo el primero. Yo creo que usted no sabe bien el lugar que ocupa en mi estimación y mi cariño.

           Felicidades, y espero su respuesta

           Alfonso Reyes

 

(7 de octubre de 1948)

Muy querido Octavio:

Con inmensa alegría he recibido el original de su Libertad bajo palabra. Con verdadero encanto he comenzado a leerlo. Creo que ha llegado usted a una gran plenitud y a una altura envidiable. Estoy realmente entusiasmado y contento.

           Alfonso Reyes

 

(21 de enero de 1949)

Mi muy querido Octavio:

Espero el poema en prosa que ha de ir al frente de su libro y que me anuncia usted en su carta del 18 de enero. Entretanto, creo haber encontrado lo más práctico y conveniente para la publicación de tal obra. Llevará el pie editorial “Tezontle”, nombre ficticio que hemos usado Cosío Villegas y yo para los libros total o parcialmente pagados por el autor y que no caben en las series didácticas del Colegio de México […] Venga, pues, el poema en prosa ofrecido, y reciba usted un abrazo afectuoso, no sin oírme antes decir que Libertad bajo palabra cada vez me seduce más. Me enorgullecerá verlo nacer en los tórculos. Muy suyo

           Alfonso Reyes

 

(11 de febrero de 1949)

¡Albricias, querido Octavio! Ya está Ud. aquí, junto a mí, ya está aquí su libro. ¡Qué fiesta, qué contento! Gracias por su dedicatoria. Se han atendido puntualmente sus instrucciones para la distribución, etc. Ya le escribirán del Fondo. No quiero que pase un instante sin enviarle un cordialísimo abrazo.

           Alfonso

 

(14 de septiembre de 1949)

¡Qué libro tan claro y noble, querido Octavio Paz, su Laberinto de la Soledad! ¡Qué probidad, qué justicia y qué elegancia! (¿No serán lo mismo, en el fondo?). Me resisto a empañar la expresión de enhorabuena con agradecimiento de orden personal. Pero ¿cómo evitarlo, si lo quiero de veras y ninguna palabra suya me deja indiferente?

           Ya va Ud. por su camino derecho. Desde mi cansancio y mi alegre vejez, le abro los dos brazos, efusivamente.

           Su

           Alfonso Reyes

 

(Mayo de 1950)

Lo leo, lo releo, lo aplaudo, lo recuerdo, lo quiero de veras.

           Alfonso Reyes

 

(26 de octubre de 1950)

Mi muy querido Octavio:

Con su carta de enero me llegó ¿Águila o Sol? Muy bienvenida. Suenan clarines y campanas. Ya procederemos a “tezontlearla” y ya le diré qué arreglo económico le propongo, pues en esta casa de la Cenicienta andamos como de costumbre. Ya doy una copia de “Ser Natural” a los Presentes, y les anuncio para marzo el o los dibujos de Tamayo […] Un estrecho abrazo de su fraternal

           Alfonso Reyes

 

(23 de febrero de 1951)

Querido Octavio:

Si su nuevo libro (¿Águila o sol?) representaba una necesidad, debe gustarle como a mí me gusta. Habla usted de objetividad, etc. Tiene usted tiempo de todo y tiene usted buena mano para hacer cuanto guste.

           Alfonso Reyes

 

(9 de abril de 1951)

Mi muy querido Octavio Paz:

Habría que ser, de veras, un gran poeta para encontrar las palabras no gastadas, vírgenes, que expresaran mi agradecimiento y mi emoción. Ud. sabe bien que he vivido entre incomprensiones y hasta traiciones, aunque no he dejado que se me amargue por eso la viña del alma. Pues bien: Ud. me compensa plena, cabalmente. Me alegro de haber alcanzado a vivir lo bastante para que llegara este día [se refiere, afirma Anthony Stanton, a la semblanza no muy favorable de Castro Leal a la obra de Reyes en La poesía mexicana moderna]. Perdóneme si no me atrevo a pensar que Ud. se equivoca: ¡me ha hecho Ud. tanto bien! Lo abraza

           Alfonso Reyes

 

(31 de mayo de 1954)

Mi muy querido Octavio:

Aunque no lo olvido, el Rappaccini [La hija de Rappaccini] (del que me felicito) me ha hecho recordarlo más todavía… ¡La nrf! Era mi revista, pero ya ahora nadie me conoce. Sigo recluido y enfermo. Su ausencia me ha dejado aún más solo. Me dicen que es Ud. feliz en su piso de no sé quién, que va Ud. a publicar no sé qué. Cuénteme, déme a participar de su vida. Que no se me arrumbe definitivamente. Lo admira y lo quiere

           Alfonso Reyes


Carlos Fuentes


Roma, 28 de enero de 1966

Muy querido Octavio:

           Tu paso por esta provincia cesárea (polvo al polvo; Roma a los tarquinios democristianos) nos dejó exaltados, aturdidos and painting for more. Siento, ahora, que se nos quedaron un millón de cosas en el tintero, o en la lengua que también sabe a tinta. No terminaste de explicarme tu proyecto de libro sobre el tercer mundo y la revolución. Y tu nueva perspectiva de las futuras relaciones entre los EUA y América Latina me inquieta terriblemente, me obliga a revisar muchos conceptos… Leo a Keynes, a Pareto, a Gaetano Mosca, a Burnham, a Raymond Aron, The Coming Caesars, The End of Ideology, para tratar de entender el nuevo fenómeno del elitismo tecnocrático y su carácter nivelador internacional; donde hay un grado de industrialización que permita apropiar la revolución tecnológica, la ideología muere y la administración de elite se impone sin consulta democrática. A partir de nuestras conversaciones en Roma, quisiera hacerte estas preguntas:

           ¿Realmente contendrá el “mundo de las ciudades” su prosperidad dentro de las fronteras del círculo de desarrollo, el hemisferio norte? ¿Qué nuevas formas adoptará la expansión de las sociedades tecnocráticas en el mundo pobre? ¿Prolongará el estilo actual de la explotación, ahondando nuestro gap económico y cultural, o sufriremos una nueva superimposición en nuestro palimpsesto de fórmulas ideales? ¿Puede preverse, y cómo, dependiendo de qué, un auténtico sistema de cooperación internacional? ¿Qué van a hacer con sus excedentes de capital las sociedades que dentro de veinte años estarán determinadas por factores como la automatización, la electrónica y el ocio? ¿Qué vamos a hacer nosotros con unas estructuras anacrónicas, que en principio sólo pueden ser destruidas revolucionariamente, en un mundo de status quo que en cuarenta y ocho horas sofocaría una revolución local? ¿O tiene razón Guevara y nuestra salida es empantanar a los americanos con múltiples Viet Nams latinoamericanos? ¿O existen ciertas posibilidades aisladas de revolucionar mediante la acción ciudadana, política, social y cultural, llenando el vacío de poder, creando paso a paso sociedades pluralistas, agrupaciones autónomas, etcétera?

           Quedamos todos maravillados con Marie-José; al dejarlos la otra noche, entonamos Rita, Juan (Soriano), Diego (Mesa) y yo una elegía a tu mujer, a su belleza, inteligencia, calor y gracia que seguramente bastó para llevarlos volando a Niza y points beyond sin necesidad de alas. Hacen una pareja maravillosa y todo esto me da una gran alegría. Saludos muy cariñosos para los dos de

Carlos

 

París, 11 de abril de 1966

Querido Octavio:

           Hasta ahora que estoy instalado en París (¿amor fati?: cerca de las casas donde sucede el Lá-bas de Huysymans y donde se suicidó Nerval) logro sentarme a escribirte. Espero que hayas recibido una tarjeta de Sorrento firmada con Pedro Cuperman: lo encontramos con una gacelita australiana en Roma y desde entonces rodamos un poco juntos. Ayer fuimos a ver L’Age d’Or al Palais de Chaillot, después de leer tu estupendo artículo en la Revista de la Universidad de México. Sí: ¿cómo decir NO en nuestro tiempo? Todos los establishments han generado sus mecanismos de defensa, tan sutiles en los Estados Unidos y tan groseros en la URRS. A Robert Lowell no se le somete a proceso de desacato porque en realidad no se le teme; a Siniavsky y Daniel, por lo visto, sí. Decía Wright Mills que el escritor perseguido tiene por lo menos esa consolación: la de saber que alguien le teme. No sé cómo veas, desde Ithaca, a los révoltés norteamericanos. Existe, sin duda, la dialéctica de la castración a la que te refieres en tu ensayo, pero quizás, al mismo tiempo, se está planteando de una manera subterránea el problema que Marx no previó, 1 el de la insatisfacción metafísica en sociedades de plena satisfacción material donde ya no hay una real, o por lo menos flagrante, explotación del hombre por el hombre. En las sociedades paretianas de oriente y occidente, a medida que la administración de la élite se vuelve más secreta, autoritaria y ajena a cualquier procedimiento democrático y verdadero, el poder, cada vez más, sólo se hace presente verbalmente; su logomaquia es su carisma público, sus palabras su única representación. Pero este hecho, ¿no ofrece al verdadero lenguaje una oportunidad que jamás ha tenido en la historia: la de ser el verdadero contra-poder, la auténtica contra-consagración opuesta al falso lenguaje de los administradores? La fuerza del poder actual es que actúa sin consultar; su debilidad, que un lenguaje mentiroso y solemne no puede contemplarse fuera de sí mismo. Por eso tan actual Buñuel, por eso la proyección de La edad de oro ayer se convirtió en una manifestación de los jóvenes espectadores franceses contra la censura francesa: porque en Buñuel, en el surrealismo, hay ese humor al que el poder nunca puede acceder, ese humor que permite ver las cosas fuera de uno, de verse a uno mismo como otro. Veo esta gran película y se me ocurre que su vigencia viene de una maravillosa síntesis del polo moral y del polo lúcido de la existencia que, por desgracia, casi siempre existen separados.

           La verdad sobre la peluca de Marie-José nos dejó estupefactos: ¿quién es Marie-José? Sin duda, una revelación oculta, una hechicera disfrazada para encantarnos impunemente: Circe nos conoce en nuestra posibilidad de lobo, ave de presa, león castrado y, ejecutora del rito, se transforma al tiempo que transforma, para mantener el paralelismo desafiante de la realidad y la creación. ¿Sabes que Circe envió a su hijo Telégono (padre: Ulises) a Ithaca a romper el tedio ritual del mito cerrado e inventar otro nuevo: a matar a Odiseo y casarse con Penélope, aburrida de tejer y de escuchar viajes narrados, transfigurada por la presencia del verdadero Ulises, el joven, el que partió a Troya, el re-encarnado?

Carlos Fuentes

 

París, 1° de octubre de 1966

Querido Octavio:

           Gracias por el envío de las traducciones y nota de e.e. cummings. El sobretiro de Son Armadans me hizo recordar los tiempos de la Revista Mexicana de Literatura y mantener la esperanza de que lo que entonces quisimos sea, todavía, digno de desearse. Los meses que llevo viviendo en Europa me hacen comprender más todo lo que en aquel momento significó tu presencia en México: la visión que nos diste para compartirla contigo. Nos demostraste, quizá, que un escritor no puede comprometer a la sociedad, la historia, el arte y la individualidad si primero no compromete a la realidad misma. Acaba de morir Breton y mezclo su lectura y tu recuerdo. Ustedes supieron, saben, sabrán que la conciencia no nace de la descomposición de la sociedad o de la historia, sino de la descomposición de la realidad misma.

           ¿Leíste los discursos de la Cámara de Diputados contra Uruchurtu? Súbitamente este coro de mudos recobra la engolada voz y sube a esa tribuna donde jamás se ha defendido a un campesino o a un obrero, para lanzarse contra el moro caído: “Bonaparte, inmisericorde, tirano”. La Lagunilla de la retórica. ¿Tardaron catorce años en descubrir los defectos de Uruchurtu? Sí, los mismos que tardaron en descubrir que Orfila era argentino… A veces pienso que nuestro país está enamorado de su propia sujeción, de su falta de auténtica libertad. Aunque desconozco la manera de obtenerlo (¿en qué blanca noche, en qué oscura mañana?, como diría Cortázar) sigo creyendo que la libertad dentro de las condiciones actuales de México, sólo puede significar pluralidad, posibilidad de puntos de vista disidentes, posibilidad de diversificación de autonomía social e individual: la creación de muchos escalones entre el poder total de unos cuantos y la impotencia total de la mayoría. Es lo más necesario y lo más difícil. Tiene que nacer de posiciones que sean, en primer término, personales, de convicción real. Ante todo, necesitamos gente dispuesta a pararse sobre sus propios pies. Dudo mucho de la eficacia del pensamiento apocalíptico abstracto. El verdadero problema es que cada cual, desde su particular nivel, sepa mantener una aspiración desautorizada, divergente.

           He hablado mucho con Tomás Segovia de todo esto, de la revista necesaria para mirar en vez de ser mirados. Los talentos literarios en México serán de corta vida, de necesaria frustración, sin las correspondencias con el mundo y sin una auténtica crítica de México y en México. No es posible seguir con esta sucesión de consagraciones y entierros en el aire, sin razones, sin cultura. ¿Cómo puede mengano despacharse en dos líneas a Arthur Miller, diciendo que en nuestros días la tragedia es ridícula: por qué no se toma el trabajo de leer, por lo menos a Steiner y Domenach? ¿Cómo puede fulano cantar con esa tranquilidad el réquiem de Genet? ¿O perengano dictamina: que Montes de Oca y Aridjis son “inmundos”, y basta? ¿Qué es esto? ¿Qué confusión de pigmeos, de vaciladores, de léperos? Hay que hacer una revista de que de un golpe esté por encima de esta frivolidad grotesca, que imponga el criterio de las correspondencias: el aislamiento es el virus maligno de la crítica en México. Hay que hacer una revista que de inmediato supere ese vacío, establezca la comunicación normal con las otras literaturas, comunique normalmente el criterio extranjero sin pedir permiso a los chovinistas declarados o emboscados (toda satisfacción provinciana es chovinista, invoque a Marx, Freud o el Cura Hidalgo) pero también sin solicitar la mirada extraña.

           Veo mucha gente siempre y hablamos horas de ti. Joyce Mansour, Alain Jouffroy, Edgar Morin, Jean Daniel, K.S. Karol, Mascolo, Jean Duvignaud, Gironella, Buñuel entre La Coupole y Deux Magots; Diego de Mesa, Alberti y Gregory Corso en Roma, donde tanto los recordé, Roma en Verano, piel de durazno, de playa húmeda.

           Te abraza,

Carlos

 

(carta no enviada)

París, 4 de septiembre de 1968

Querido Octavio:

           No sé ni dónde ni cuándo te escribo; hay demasiados desgarramientos; una noche de borrachera y el cielo lunar de París alfombrado para los borregos y horas enteras de conversación con Pepe Bergamín y luego con Alejo Carpentier y después con Buñuel y García Márquez y hasta hace un rato con Pedro Cuperman (lo cual explica la borrachera, pues discutimos de lo que desconozco: literatura sánscrita) y José Emilio Pacheco se fue a dormir y yo fastidiado porque la noche es de Restif fe la Bretonne y ya no hay con quién conversar pero siempre tengo el recurso de acudir a ti y escribirte una carta, aunque después no la mande (qué boludez, como dicen los ches). Todos estamos tan desolados, tan alegres, tan confundidos, como si de repente el parte y la muerte fuesen simultáneos (¿no lo han sido siempre?) y bueno, mañana Rita y Cecilia se van a un México que ni tú ni yo volveremos a reconocer y yo, puto que soy, me largo a Mallorca, lejos del terror supremo del país que escogí para mí (y pude escoger, qué sé yo, Argentina o Chile o los USA o Suiza o Francia ahora mismo, pourquoi pas, y escogí ese encabronado infierno escriturado por el niño dios y el diablo, los géminis sabrán por qué, no son sólo mis padres y mis abuelos, qué carajos, eran salmantinos y canarios y alemanes, chingar) y yo estoy atado a ese país donde la luna brilla de día… Te digo lo que me sale, porque si no contigo, ¿con quién?, contigo siento la confianza de ser pendejo, borracho, comemierda y si se ofrece hasta medio cuerdo, porque creo en tu ejemplo y en tu amistad y en Marie-José como la definió hoy en la tarde Bergamín, “belleza discutible y por ello obsesiva”, pregunta y fascinación, ¿no es lo mismo?, perdona esta carta y dime qué piensas tú desde la India, recibo todas estas cartas contradictorias desde México y yo, Octavio, privilegiado y miserable frente al Sena, sólo me digo: ser escritor es decir lo que se piensa sí, pero también, antes, sobre todo, pensar lo que se escribe y mi esquizofrenia se vuelve absoluta. ¿Qué pasa en México? Los motivos de adhesión al movimiento son tantos: el reto a la abominable figura del Pater-Imperator-Dux y la consiguiente afirmación de derecho de los grupos sociales a expresarse, definirse y tener realidad autónoma, el rechazo del chantaje olímpico, el rescate de la palabra enemiga cuando la “palabra” amiga es la de la CTM, los periódicos de la cadena García Valseca y las “adhesiones” de los barrenderos del DF; la población de la ciudad solidarizándose con los estudiantes a taconazos y pedradas, los burócratas acarreados a las manifestaciones gubernamentales que se voltean contra el gobierno: la crisis del imperio y nosotros nomás mirando mientras, con un bazukazo en la puerta de la preparatoria, el gobierno nos dice: allá ustedes, los inconformes, lo que imaginan otro país sin parias y sin ladrones y sin criminales, y acá nosotros con nuestra prensa, nuestros banqueros, nuestros inversionistas gringos y nuestros caciques pueblerinos y nuestros líderes de dedo. ¿Qué hacer Octavio: regreso a México en enero o me quedo aquí, donde me gano la vida y escribo en un ambiente de respeto y amistad… y allá sería lo que ya sabemos?

Carlos

 

México, D.F., 20 de mayo de 1969

Querido Octavio:

           Pues sí, ya voy para cuatro meses en México. ¿Por dónde comenzar? el país, vuelto a ver, es tan salvajemente bello. Catemaco, Acayucan, El Papaloapan, los Tuxtlas: nombres de la vainilla y el tabaco; las barcazas anaranjadas y los laureles de Indias; los cuervos y los zopilotes; las hierbas medicinales y las farmacias en cada esquina; la papaya, el zapote, el robalo y el huachinango: volver a ver, a tocar, a oler México. Los hombres gordos que fundan la autoridad en el vientre —como las mujeres embarazadas: ¡cuántas estatuas pardas, azules, negras! Los pretensiosos hoteles:

SU RECAMARA VENCE A LA 1 P.M.
YOUR ROOM WINS AT 1 P.M.
VOTRE CHAMBRE EST VAINCU A 13 HRS.
(¿y nosotros que la habitamos?)

         Es el mundo del tacto: un mundo en el que nada es tocado frente a otro mundo de uñas, pezuñas, yemas, plantas y rodillas sangrantes. Hay que salir inmediatamente de la ciudad de México, cada día más fea, estrangulada en su propio gigantismo mussoliano; una ciudad en la que un ser normal ni puede vivir: mármol o polvo, los ricos ya no ven la ciudad: un tubo aséptico los comunica entre sí: residencias, oficinas, restaurantes vía Periférico; los demás viven con los perros, el sudor y las llagas. El claustro o la intemperie: signos de la ciudad de México. Pero ya lugares como Coatzacoalcos o Minatitlán han sido anexados al mundo del consumo: neón, refaccionarias, vidrio, televisión, supermercados, desodorantes instantáneos, frente a tacos, cerdos, moscas, niños desnudos y exvotos. Maravilla permanente de la tierra: Tabasco y Campeche, de Coatzacoalcos a Ciudad del Carmen, pasando por Villahermosa, Espino, Frontera, Río San Pedro, hasta la laguna: bosques de cocoteros cebús, laureles, llanos inmensos, tabachines en flor: una tierra sin fisuras, plenitud tropical y frontera del espíritu. Tierras verdes billar y tierras rojas como una cancha de tenis. Son las tierras de la creación. Y los ríos son la naturaleza naturante. Cruzo el Usumacinta sobre una panga y entre los jacintos flotantes que corren hacia Guatemala. Frontera: las barberías vetustas, de sillones rojos desfondados; la partida del ejército ocupando un extraño palacio rococó tropical, con la planta alta arruinada, incendiadas, faulkneriana; el mercado a la Soutine: largos cadáveres de reses sangrientas colgando de los garfios; plátano macho y plátano dominico; machetes. La panga tirada por cables del río San Pedro: a la izquierda, el mar se quiebra; a la derecha, el bosque simétrico, macizo, que parece fundirse e impedir el paso en el recodo del río. La luz del atardecer contiene todas las luces posibles del día y de la noche: la luz tropical es como la blancura de la ballena de Melville, capaz de contener todos los colores. Los muros de Campeche: rosa, verde, amarillo, azul, mano sobre mano de pintura: un palimpsesto; y el color negro —liquen, trabajo del aire y del mar— que trata de abrirse paso. Muros como pieles. La costa de Campeche: de un lado el mar color limón, cargado de algas, contenido por empalizadas; del otro los cementerios rojos de las palmeras moribundas. Mar del pargo, la corvina, el camarón diminuto, el sápido esmedregal.

           Pero México es una Gorgona con dos cabezas: la maravilla y el asco paralizan por igual. Regresa a la ciudad. Habla con las familias de muchachos asesinados en Tlatelolco, familias humildes de burócratas, obreros y comerciantes que no se atreven a protestar porque al día siguiente (el 3 de octubre) la policía llegó a decirles: “Si quieren que no haya más que un muertito en la familia, se callan la boca”. Habla con los muchachos a los que se les formó cuadro de ejecución cinco veces en una noche para obligarlos a confesar “conspiraciones” inexistentes. Habla con los muchachos a los que desnudaron en los separos de la judicial y les pasaron bisturís por los penes, amenazándolos con castrarlos. Octavio: aquel margen de tolerancia o de diálogo que había en tiempos de Ruiz Cortines o de López Mateos ha muerto. Díaz Ordaz es un sicópata vindicativo. Heberto Castillo, que estaba protegido por Cárdenas, fue obligado a entregarse hace unos días; su oposición es tildada de sedición, robo, violencia. Cárdenas mismo no pudo protegerlo. La madre de Marcelino Perelló, una maestra española que llegó a México en 1939 y que durante treinta años se dedicó a la docencia, habiéndose naturalizado mexicana, se vio anular sus papeles de ciudadanía por el delito de ser la madre de Perelló; trató de ampararse; se dio cuenta de que la justicia ya no tiene sentido en este país, desistió y se fue a vivir… a la España de Franco, donde por lo menos cada uno sabe a qué atenerse, donde las leyes son lo que son y no esta charada “revolucionaria e institucional” mexicana. Ha habido un crimen nacional, como los de Porfirio Díaz en Cananea y Río Blanco, y la herida está abierta. A lo que esto se parece es a la Italia de tiempos del asesinato de Matteoti. Hasta ese momento, Mussolini había respetado cierta oposición en la prensa y el parlamento. Como en Italia entonces, ahora en México la herida criminal no cicatriza, el régimen se endurece y adopta la fisonomía de un fascismo descarado, inepto, corrupto. El saqueo público es gigantesco; la opulencia, el boato publicitario, las páginas a colores de fiestas y saraos. Y el 55% de los mexicanos tiene menos de 25 años y muchos ya no quieren ser parte de esa sociedad podrida y de sus ridículos valores. ¿Qué van a hacer? ¿Irán de massacre en massacre? ¿Doblarán las manos? ¿Qué salida hay? Y el 75% de los niños mexicanos tienen que comer con diez centavos diarios. Y el ejército se robó las maquinas de escribir, los microscopios y los aparatos de proyección de la Universidad cuando la ocupó en septiembre! ¿Qué hacer? Demostrar que a pesar de todo esto, somos ciudadanos libres, y que el sistema no puede comprar o reprimir o adular a todos los mexicanos. El régimen es prisionero de sus Frankesteins: la banca, el gran comercio, los industriales, los inversionistas americanos. Esta gente no quiere que se resuelvan los problemas profundos de México, les bastan las ganancias seguras de inversiones fáciles y remunerativas.

           “Entre la piedra y la flor”, recordé en Yucatán tu gran poema de juventud. Sí, la insoportable tensión binaria, de polaridades, que es México; pero quizá sea mejor que el aristocrático “in metus stat virtus”; aunque el Golden Mean es más humano y civilizado. Lo malo del equilibrio falso de México es que no es ni humano ni civilizado; es, estrictamente, la dorada mediocridad de unos cuantos: una mentira. En Acapulco, los banqueros cantan loas a la Revolución Mexicana (“bendita revolución mexicana: nos has colmado de beneficios”: cita textual de Aníbal de Iturbide.) Los campesinos de Yucatán ni siquiera saben que hubo revolución o que son mexicanos. La revolución y la arqueología: la táctica oficial consiste en arqueologizar a México y luego cobrar entrada. Tenemos, por lo menos, esa gran ventaja: todo lo que está vivo les aterroriza, desconocen tanto la imaginación como la crítica, no saben por dónde torearlas. Hay que escribir, escribir, con audacia, vulgaridad, belleza, terror y sueño: todo lo que afirma niega a este miserable fascismo.

Carlos

 

Cuernavaca 3 de agosto de 1969.

Muy querido Octavio:

No sé por dónde comenzar esta carta de manera que lo haré por lo mejor: Ladera Este. Te puse un telegrama entusiasta al terminar su lectura; ahora sólo abundaré en lo que allí decía: me llevas de sorpresa en sorpresa, pues cuando parece que has alcanzado la cima de tu arte, en realidad sólo te preparabas para un nuevo salto mortal, para descorrer un velo más. Ladera Este es un libro maravilloso y conmovedor; creo que no hago más que repetir las palabras de todos los jóvenes que te están leyendo y, contigo, están leyendo al mundo. (El libro es un gran éxito de librería, a pesar de los pesares o quizá gracias a ellos; más sobre esto después). Creo que esto es muy importante: tu libro es un libro con lectores; los muchachos que lo leen experimentan algo que sólo se puede llamar libertad; a través de tu libro, hablando con muchos jóvenes, me he dado cuenta que la cultura en nuestro país ya no es un sistema de recados; realmente, dada la ausencia de información en México, es la literatura la que informa. Un joven lee en Ladera Este todo lo que, de otra manera, no podría saber. Tu poesía cumple una doble función: es la experiencia intransferible y secreta de un artista y es una lectura del mundo. Esto es lo que más me ha conmovido al leerte. No sacrificas, no sacrificas nada: estás tú entero, tu sensualidad, tu inteligencia, tu arte, y al mismo tiempo te trasciendes, lees lo real, lo descubres por primera vez, para todos. Lectura de John Cage: y lectura de Octavio Paz: lectura del mundo. Crees en lo que dices: la forma, interna o visual, del poema, cada adjetivo, cada nombre, cada verbo, son reales, parecen nacidos del encuentro perfecto de la convicción y la sensación. Hablas de otras culturas sólo para demostrar que no hay más que una cultura, enriquecida por el esplendor y la agonía de las civilizaciones. Escribes poemas proverbiales y nos condenas a repetirlos incesantemente al tomar el café y al beber la copa: nuestros manteles huelen a pólvora, aunque nosotros tampoco tengamos de quién hablar. Hablas de la muerte de la limpidez, y con un poema límpido la restituyes. He reído con el humor de tus poemas, me he asombrado ante formas y colores que desconocía, he tocado un mundo de luz y piedra y plantas nuevas. La luz: atraviesa Ladera Este, se convierte en monumento, en astro, en trepadora, en coño, en sonido. Escribo contigo; leo tu libro y puedo seguir con el mío. Desciendo al aire, asciendo al pozo. Gracias.

           Te envío la nota bibliográfica del suplemento de Siempre!  No verás muchas más. El gobierno ha decretado el blackout de informaciones sobre ciertas personas y ciertos libros. Sé de comentaristas que han llevado notas sobre tu libro o sobre el mío a algunos periódicos; en todos los casos, sus colaboraciones han sido rechazadas. Joaquín (Díez-Canedo) opina que esta falta de comentarios es tan flagrante que está operando a favor de los libros: tanto Ladera este como la nueva novela hispanoamericana se venden estupendamente. Esto sólo te demuestra, por un lado, que lo que pasa por “crítica” entre nosotros es totalmente dispensable, y por el otro, cómo se las gasta el gobierno. Yo me siento habitante de la Italia de Mussolini o de la Alemania de Hitler (primeras épocas).

           Grandes abrazos y mucho amor para Marie José,

Carlos

 

1 Releyendo a Marx, encuentro este admirable pasaje de anticipación en Kritik dèr Nationaloekonomie, que podrían firmar Marcuse, Vance Packard o Daniel Cohn-Bendit: “Cada hombre especula a fin de crear una nueva necesidad para otro hombre, y para obligarlo a nuevos sacrificios, para imponerle una nueva relación de dependencia, y para seducirlo hacia un nuevo modo de placer: así lo arruina… Con la masa de objetos se desarrolla así un imperio de seres extranjeros a los cuales el hombre queda sometido, y cada nuevo producto es un nuevo elemento potencial de engaño recíproco y de pillaje mutuo. El hombre se empobrece en tanto hombre: tiene mayor necesidad de dinero a fin de apropiarse de los objetos extraños; el poder de su dinero decae en proporción inversa a la masa de la producción: es decir, su estado de necesidad aumenta en la misma medida en que aumenta en la misma medida en que aumenta el poder del dinero… Subjetivamente, esto se presenta en parte de tal manera que la expansión de los productos y de las necesidades se convierte en un esclavo dotado de poderes de invención, que constantemente calcula los deseos inhumanos…”. Nota de 1970.


José Emilio Pacheco


A la memoria de Ana Luisa Montes de Oca

Querida Ana Luisa: La última vez que conversamos, hace ya mucho tiempo, tú y Marco Antonio me preguntaron por qué nunca había publicado un segundo artículo sobre ¿Aguila o sol? y el poema en prosa para continuar el que hice en los 70 años de Octavio Paz. Contesté que la maldición de la crónica literaria es la promesa incumplida. Si uno revisa, por ejemplo, lo que escribió Ortega y Gasset en El Sol de Madrid encontrará que rara vez tuvo continuidad el anuncio de que “la próxima semana nos ocuparemos de este interesante libro”, o “éste es sólo un apunte para desarrollarlo en colaboraciones futuras”. Tú ya no leerás estas notas. Permíteme dedicártelas con afecto y dolor.

 

LA FIGLIA CHE PIANGE

“Arenas movedizas”, el título de la segunda sección de ¿Aguila o sol? (1951), podría aplicarse también al examen de las relaciones entre la prosa y la poesía. Veamos el comienzo de un poema en prosa:

           “Quédate en el descanso más alto de la escalera: apóyate sobre una urna de jardín: teje, teje la luz del sol con tu cabello; aprieta contra ti tus flores en apenada sorpresa, arrójalas al suelo y vuélvete con un resentimiento fugitivo en los ojos. Pero teje, teje la luz del sol en tu cabello”.

           El problema es que se trata de la primera estrofa de “La figlia che piange”, un poema juvenil de T.S. Eliot, perfectamente rimado: “Stand on the highest pavement of the stair-/ Lean on a garden urn-/ Weave, weave the sunlight in your hair-/ Clasp your flowers to you with a pained surprise-/ Fling them to the ground and turn/ With a fugitive resentement in your eyes:/ But weave, weave the sunlight in your hair".

           Lo tradujo Juan Ramón Jiménez en su destierro norteamericano. En su Arte poética Horacio había escrito: “Quien no sabe jugar se mantiene alejado del Campo Marcio/ Y jamás compite. El inexperto en pelota,/ En rueda o disco se abstiene/ Para no ser objeto de burla por parte del público./ Sin embargo hay gente que escribe/ Ignorándolo todo de la poesía…”. Jiménez se indignó tanto contra el océano de malos versos en que se ahogaban la lengua española y todos los idiomas que decidió publicar sus poemas como prosa.

           Así está su gran poema “Espacio”. “Y para recordar por qué he vivido, vengo a ti, río Hudson de mi mar. Dulce como esta luz era el amor… Y por debajo de Washington Bridge (el puente más con más de esta New York) pasa el campo amarillo de mi infancia”. Antes de su cólera Jiménez había dado a conocer esos mismos fragmentos en Cuadernos Americanos:

Para acordarme de por qué he vivido,
vengo a ti, río Hudson de mi mar.

Dulce como esta luz era el amor…

Y por debajo de Washington Bridge
(el puente más con más de Esta New York)
pasa el campo amarillo de mi infancia.

           En un texto no recogido en ninguno de sus libros Paz declaró su preferencia por Espacio en verso. Tiene razón. Bastan las breves líneas anteriores para darse cuenta de que Espacio nació en verso y así debió haberse quedado para siempre. Entonces ¿por qué funcionan tan bien las versiones en prosa de los poemas de Eliot hechas por Juan Ramón Jiménez? Entramos en las arenas movedizas.

 

PROSEMAS Y SEMAPROS

El Diccionario de Autoridades llama prosa (femenino de prosus o porsus; encaminando en línea recta o que anda en línea recta) a “la oración corriente y suelta, sin aligación de pies ni consonantes, que se usa regularmente en el modo común de conversar y tratar unos con otros”. El Oxford English Dictionary opone prosus a proversus, participio de proverter, dar vuelta hacia adelante, o sea en español verter. Según el OED la prosa es la “forma ordinaria del lenguaje escrito o hablado, sin estructura métrica, sobre todo como especie o división de la literatura”.

           María Moliner en su indispensable Diccionario de uso del español no da gran ayuda en este caso. Prosa; “manera corriente de hablar o escribir que no es verso”. Poesía: “género literario exquisito por la materia que es el aspecto bello o emotivo de las cosas; por la forma de expresión basada en imágenes extraídas de sutiles relaciones descubiertas por la imaginación y por el lenguaje, a la vez sugestivo y musical, generalmente sometido a la disciplina del verso”.

           En 1985 la Editorial Porrúa publicó el excelente Diccionario de retórica y poética, obra de la maestra Helena Beristáin. De haberse escrito en inglés o francés ya estaría traducido a todos los idiomas y citado por cuantos se ocupan de estos asuntos. El diccionario y sus obras anteriores, no menos que su labor en la cátedra, hacen que Helena Beristáin merezca desde hace mucho el Premio Nacional de Lingüística. Entre las tareas del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes debe figurar el rescate de este premio y la aceptación de que mezclar las letras y la lingüística es tan absurdo como establecer algo que se llamara Premio Nacional de Biología y Matemáticas.

           Hay más sustancia e ilustración en la entrada de Helena Beristáin sobre la prosa que en toda la paja y aguachirle de Tzevtan Todorov en La Poétique de la prose. Pero como Todorov no es mexicano ni es de la UNAM, viste muchísimo citarlo. El Diccionario de retórica y poética (pp. 401-405) dice que la prosa es la forma ordinaria de expresión lingüística más aproximada a la regularidad rítmica natural. No se rige por los patrones métrico-rítmicos propios del verso, al que se opone, sino que se funda en la estructura sintáctica lógica. El verso se rige por el principio constructivo de la tendencia a la repetición; la prosa por el de la tendencia a la combinación.

           La prosa poética, sigue Helena Beristáin, aparece en las descripciones de muchos relatos y explota los mismos filones retóricos que la poesía, por ejemplo la metáfora. Existen el poema en prosa, la prosa rítmica, los versos amétricos, las combinaciones de diversos metros, las imitaciones de hexámetros latinos y el verso libre que son formas intermedias entre las extremas de la oposición prosa/ verso. Pero ambas son formas cerradas y al insertarse una en la otra cada una promueve su propio principio constructivo. En la prosa el ritmo, principio organizativo del lenguaje, resulta de la estructura semántica y formal. En cambio la estructura del verso está determinada por el ritmo.

 

LA POESIA PROLIFERANTE

           Un capítulo de El arco y la lira (1956) se dedica al verso y a la prosa. Allí dice Paz: “el verso no es solamente el elemento más antiguo y permanente del lenguaje, sino que no es difícil que sea anterior al habla misma. En cierto sentido, puede decirse que el lenguaje nace del ritmo, o al menos que todo ritmo implica y prefigura un lenguaje. Así, todas las expresiones verbales son ritmo, sin excluir las formas más abstractas y didácticas de la prosa. ¿Cómo distinguir entonces entre prosa y poema? De este modo: el ritmo se da espontáneamente en toda forma verbal, pero sólo en el poema se manifiesta plenamente. Sin ritmo, no hay poema; sólo con él, no hay prosa”.

Las dificultades aquí apenas esbozadas explican por qué, aun en medio de la explosión de estudios paceanos, ¿Aguila o sol? sigue siendo el menos estudiado de sus libros. Aparecido en noviembre de 1951, el mismo año de Bestiario, con el que tiene alguna afinidad, como la hay con Varia invención que es de 1949 como la primera Libertad bajo palabra, ¿Aguila o sol? está al comienzo de una nueva prosa y una nueva poesía que darán a la literatura hispanoamericana la más importante de sus etapas.

           En ninguna página del libro puede reconocerse un solo verso. La ambigüedad del género provocó muchas veces que entre la prosa de otros autores se colaran muchas veces octosílabos y endecasílabos. En ¿Aguila o sol? el ritmo y la construcción pertenecen de lleno a la prosa y sin embargo el resultado final es poesía. Una poesía proliferante que se adueña de los recursos de la narrativa y aun de la prosa ensayística y al hacerlo, en vez de debilitar a sus fuentes, las enriquece con posibilidades que sólo podemos llamar poética. Es un libro fundacional de la prosa contemporánea en lengua española y hace ver arcaicas muchas de las tentativas de “prosa poética” que se habían hecho hasta entonces.

 

MANDARINES Y DINOSAURIOS

Durante la semana de la crisis de Munich, septiembre de 1938, Cyril Connolly publicó Enemies of Promise, libro que Paz debe de haber leído en la época de Primeras letras. (Connolly incluyó algunas de las primeras traducciones de Paz al inglés en su revista Horizon.) Con la brillantísima excepción de Martín Luis Guzmán, la novela hispanoamericana padecía en esos tiempos de lo que Connolly llamó la “prosa de los mandarines”. Su defecto no era ser poética e imaginativa sino llanamente mala poesía. “No hay razón para que la prosa no sea poética, siempre que en ella la poesía esté asimilada al medio y sus ritmos sigan la estructura de la prosa y no la del verso. Lo que ha desacreditado el buen escribir es la poesía indisciplinada, indigerida, inasimilada, escrita en inconscientes versos blancos y sin relación alguna con la estructura del libro, si la hubiera”.

           “La prosa de los poetas”, dice Connolly, “es firme y muscular. Landor, Coleridge, Shelley, Donne, Shakespeare, Milton, Dryden, Blake, Hopkins, Yeats, Eliot, Gray, Cowper, para nombrar unos cuantos, escriben admirable prosa. Porque la poesía es un arte más preciso que la prosa y para escribirla se necesitan cualidades que demuestran su valor en la otra armonía”. “Esta función de desmandarizar la prosa hispanoamericana la cumplieron con creces Borges y Paz, por supuesto con base en quienes los precedieron en la generación de Reyes. Ningún autor de nuestros países se atrevería en 1989 a escribir prosa dinosáurica al estilo de un Camilo José Cela”.

 

EL MANUSCRITO DE MIXCOAC

¿Aguila o sol? está situado cronológicamente entre El laberinto de la soledad y El arco y la lira. Mucho de lo que desarrolla teóricamente en estos libros tiene su contraparte o su versión poética en el primero. La mayoría de sus textos son poemas de la ciudad —o más bien de dos ciudades: México y París, ya muy distinto al que contempló Baudelaire un siglo atrás en sus Petits poémes en prose— y representan la apropiación de los elementos que le interesaron a Paz en el surrealismo.

           Una apropiación muy mexicana y muy hispanoamericana. Es decir, tan ecléctica como la que hizo Rubén Darío del parnasianismo y el simbolismo, distinta de sus fuentes y sobre todo fincada, mediante una operación crítica, en las tradiciones y las posibilidades de la lengua española:

           “Difícilmente, han avanzando milímetros por año, me hago un camino entre la roca. Desde hace milenios mis dientes se gastan y mis uñas se rompen para llegar allá, al otro lado, a la luz y el aire libre. Y ahora que mis manos sangran y mis dientes tiemblan, inseguros, en una cavidad rajada por la sed y el polvo, me tengo y contemplo mi obra: he pasado la segunda parte de mi vida rompiendo las piedras, perforando las murallas, taladrando las puertas y apartando los obstáculos que interpuse entre la luz y yo durante la primera parte de mi vida.”

           Poemas de la ciudad y también poemas mexicanos. Quizás en ningún otro libro poético de Paz se hallen tan obsesivamente el país, la capital y lo que hasta entonces era el pueblo natal, hoy devorado. ¿Aguila o sol? o el Manuscrito de Mixcoac. Mixcoac con su casa y su higuera que extiende sus ramas hasta convertirse en el árbol del mundo.

           Es como si México sólo se dejara ver desde lejos y toda nuestra literatura fuese un largo canto del exilio. Exilio de los realmente desterrados —Clavijero, Reyes, Guzmán, Vasconcelos— y de quienes nunca salieron de aquí y sin embargo experimentaron su permanencia como ausencia: Sor Juana tras los muros de San Jerónimo, López Velarde para quien el breve sector comprendido entre las calles de Cuba y la Colonia Roma fue en realidad un país extranjero, comparado con los lugares de su infancia y adolescencia.

 

LOS VALORES DE LA POESIA

La furia y desolación de su primera parte, “Trabajos forzados”, se entienden mejor con su respuesta de 1954 a la Antología de Antonio Castro Leal: “Todos hemos cambiado. Algunos han muerto, otros han renunciado. Las posiciones de los que hemos quedado —eso que llaman “ideología”— nos colocan a veces en bandos distintos. El grupo se desgarró. Nosotros mismos estamos desgarrados por dentro. Es triste reconocer que no es para mañana el reinado del hombre. “Más triste todavía pensar que en los 34 años transcurridos desde entonces ya dos o tres generaciones suscribirían en circunstancias muy diferentes las palabras de Paz.

           Lo que tal vez ya nunca se encontrará es la fe en la poesía que recorre de principio a fin ¿Aguila o sol? —del prólogo sin nombre: “Comienzo y recomienzo”, al final: “Hacia el poema (puntos de partida)” que lo fueron en realidad de Piedra de sol, su obra maestra de 1057— y la vida toda de Paz

           Entre nosotros el promedio de una carrera literaria, la duración de lo que llaman en inglés los writing years de una persona, es de diez o doce años. Durante casi sesenta Paz ha mantenido una actividad de escritor que no da señales de agotamiento hay una conmovedora fe, contra todas las abrumadoras pruebas en contrario, de que el mundo no caerá en la barbarie sino “se ordenará conforme a los valores de la poesía: libertad y comunión”. Por todo ello, en su nuevo cumpleaños, hay que darle las gracias. ¿Aguila o sol? sigue siendo un libro inabarcable. Pero, si aún estamos aquí, habrá oportunidad de volver a él en 1994 cuando celebremos ochenta años de Octavio Paz.