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El avión supersónico Concorde estuvo en servicio comercial desde 1976 hasta el 2003. Clive Morgan, quien fue ejecutivo de un banco británico en el Medio Oriente, recuerda un vuelo de Bahrein a Londres en 1978:

“El vuelo fue una experiencia inolvidable, con un despegue muy rápido y el momento en que el piloto metió marcha en los  posquemadores para llevar a la aeronave a un vuelo supersónico se manifestó en los pasajeros como un mero empujoncito en la espalda … De ahí en adelante, el único indicador de nuestra velocidad, en lo que era un vuelo muy plácido, era el del machmetro colocado sobre la mampara de enfrente de la cabina de pasajeros, que registraba Mach 2 (dos veces la velocidad del sonido) en un tiempo notablemente corto.

“Fui invitado, junto con otros pasajeros, a la cabina de vuelo donde estuve detrás del piloto y del copiloto mientras cruzábamos los Alpes suizos, y mirábamos hacia la tierra a 60,000 pies debajo, y hacia arriba al cielo mucho más oscuro. Desde esa altitud, uno realmente podía ver la curvatura de la tierra… Al mirar por mi ventanilla, pude ver debajo a un aeroplano… parecía como si lo jalaran hacia atrás por el cielo mientras lo rebasábamos, a una velocidad de unas 1,400 millas por hora”.

Fuente: Prospect, septiembre 2014.

 

3 comentarios en “Así se voló en Concorde

  1. Recuerdo la vez que (sin recordar la fecha), en uno de sus viajes a la ciudad de México, estando caminando por el cruce de la Av. Ignacio Zaragoza y Blvd. Puerto Aéreo, paso por encima de mi. El silencio que se produjo “estando en su sombra” fue increíble, y el ruido al salir de ella, descomunal.

  2. Lo veía justo unos instantes después de despegar a la hora de mi clase de Historia. En la secundaria. Y días después lo escuchaba regresar. He vivido siempre en Aragón, justo atrás del Aeropuerto. Su despegue provocaba tal estruendo que vibraban los vidrios. Era imposible no darnos cuenta de su presencia. Lástima que nunca tuve el privilegio de volar en él.