Gracias al hallazgo reciente de esta correspondencia íntima del noviazgo de Francisco Tario (1911-1977) con Carmen Farell sabemos ya varias cosas. A través de las cartas puede reconstruirse el periplo que va del primer encuentro, el 26 abril de 1930 en un baile en el Centro Vasco, a los días previos a la boda, en enero de 1935. Hubo tempestades, como una larga estancia de ocho meses de Tario en España o la aparente oposición de la familia Farell al compromiso, además de las rupturas y los reencuentros comunes en una pareja y momentos de dicha plena. El temperamento que muestra Tario en esta correspondencia es frágil y melancólico; tiende, sobre todo, a la enfermedad, y la fiebre suele traer consigo pesadillas de las que despierta con gran espanto. Podría especularse que del recuerdo de esas experiencias surgirá el relato “Entre tus dedos helados”.

Es curiosa esa memoria de la enfermedad. Y de esos males vino la idea (como imposición paterna) de una estancia en Llanes para buscar su fortalecimiento. La distancia provoca un ejercicio escritural frenético, por lo que las cartas a Carmen se convierten en una forma de ejercitar la palabra cuando acaso no había la idea de hacer de la escritura un oficio (aunque suele fecharse en ese tiempo el proyecto de Los Vernovov, no mencionado en la correspondencia). Ambos son lectores, además, por lo que se intercambian libros. La palabra los une siempre, y es el puente para vencer los obstáculos que se presentan en el camino.

Habrá algunos guiños involuntarios hacia la obra futura, como el saber de las hojas de violeta que acompañaban las cartas de Carmen que llegaban a Llanes, cuyo eco será el título Una violeta de más (1968); a Carmen dedica ese libro: “Para ti, mágico fantasma, las que fueron tus últimas lecturas”. O la primera ocurrencia de raparse la cabeza que fue acompañada por ella, uno en España y otra en la ciudad de México, como acto de amor.

Estas cartas (de las que presento aquí un primer paquete) inician con el noviazgo y cierran cuando están por subir al altar, cuando ya no tendrán necesidad de cartearse al estar siempre juntos. Quizá entonces esa costumbre de tomar la pluma o la máquina de escribir se convierte en otra cosa, en un impulso nuevo, que llevará a Francisco Tario a la ficción. Y podría especularse que es hasta entonces, luego de 1935, cuando arranca con la escritura de Los Vernovov.

Agrego, como una suerte de epílogo, un par de cartas de Elena Garro a Francisco Tario. La última de ellas es una entrañable despedida de Carmen, consuelo al amigo que ha perdido a su pareja. 

 

Para ti, mágico fantasma

Francisco Tario

De Elena Garro para Paco

Elena Garro

 

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