En nombre de los 43 camaradas

En la primera fila aparecen los rostros de Joshiovani Guerrero de la Cruz, Luis Ángel Abarca Carrillo, Saúl Bruno García, Jonás Trujillo González, Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa, César Manuel González Hernández, Jorge Antonio Tizapa y José Ángel Campos Cantor, atrás hay otros 34 retratos. Son los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, secuestrados y desaparecidos por policías municipales de Iguala y Cocula, el pasado 26 de septiembre.

marcha

La marcha “Una luz por Ayotzinapa” está a punto de comenzar. Los padres de estos 43 alumnos de la normal rural Raúl Isidro Burgos sostienen con sus manos mantas de plástico con el rostro y el nombre de su hijo. El padre de Jorge Álvarez Nava dice: “Yo le pido a dios que estén vivos”. A unos cuantos metros los fotógrafos se apiñan. Buscan el mejor encuadre para captar al sacerdote Alejandro Solalinde abrazando a uno de los alumnos de Ayotzinapa. Al oído le susurra: “Estamos con ustedes, hijo”. Luego se dirige a otra persona: “Alzando la voz y no teniendo miedo, vamos a detener esto”.

Detrás de los padres avanzan cerca de cien alumnos de la normal de Ayotzinapa. Unos van con chamarras de mezclilla, otros con playeras rojas o verdes, a otros ningún escudo los identifica. Los jóvenes forman cinco filas, ellos también llevan en las manos carteles donde aparecen sus 43 compañeros con esta demanda: “¡Vivos se los llevaron! ¡Con vida los queremos, YA!

Los padres de los jóvenes desaparecidos andan lento, pocos hablan con el de al lado y evitan las preguntas que los reporteros les hacen al margen de la valla de jóvenes que impide acercarse a ellos. Los normalistas van con paso marcado, en fila india, pero la timidez los traiciona. No todos están dispuestos a conversar o a recordar lo que sucedió la noche en que sus compañeros ya no regresaron a la escuela.

Said, un alumno de segundo año inscrito en la normal, dice que en este momento tiene en la mente a sus paisanos Miguel Ángel y Giovanni. Los conocía bien porque los tres son de Tixtla. Está aquí, caminando en la avenida Paseo de la Reforma porque “quiero manifestarme ante el gobierno y porque quiero exigirle que regresen nuestros compañeros”.

Alexander también cursa el segundo grado. Él echa de menos a sus amigos Israel, Abelardo y Tomás. Mientras sigue el ritmo de la marcha asegura que en su vida ahora hay un poco de miedo, ya no sale tranquilo a buscar a sus compañeros “por la situación que se vive en Guerrero”. Fue uno de los primeros que se enteró de la persecución a sus compañeros. Recuerda las llamadas telefónicas que hicieron algunos de los que fueron atacados por los policías y la incertidumbre en el conteo de los ausentes. Los normalistas pudieron enlistar a los desaparecidos hasta el domingo.

Alexander interrumpe su narración para corear la primera consigna que lanzan los normalistas. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Que camina la lucha guerrillera en América Latina!

Vuelve a la conversación con un tono distinto, hay más vitalidad en él. La situación, dice, está muy caliente. No tenemos clases. Los padres de familia están en la normal esperando noticias y la federal los está resguardando.

A pesar de que lleva casi un mes viviendo en el mismo lugar, Alexander casi no se ha relacionado con los padres de sus compañeros. “Siento impotencia al ver que uno no puede darles razón de sus hijos. Salimos en brigadas de búsqueda, pero no platico con ellos”.

Para él esta marcha significa una acción más para presionar al gobierno porque “ya ha pasado tiempo y sólo nos están envolviendo”.

Al avanzar hacia la primera fila de estudiantes de la normal, es visible que José Juan tomó el papel de director del coro. Cursa segundo grado. Deja de gritar consignas casi veinte minutos mientras hace el recuento de lo que vio la madrugada del 26 de septiembre. “Cuando llegó el aviso por teléfono, comenzamos a reunirnos y decidimos salir en las urbans que tenemos. Estábamos espantados. Cuando llegamos al lugar, Daniel [Solís Gallardo] ya estaba muerto. A los veinte minutos de que habíamos llegado, hubo otro ataque. Nos tiraron balazos a los pies y nos acorralaron. Yo vi cuando subieron a mis compañeros a las patrullas. Evitaron que los rescatáramos porque nos siguieron balaceando. Sentí coraje y tristeza porque en la normal somos como hermanos. Estuvimos quince minutos escondidos y después fuimos a la procuraduría para que varios declararan”.

José Juan recuerda que el sábado llegaron varios padres de sus compañeros desaparecidos y decidieron salir a buscarlos. Ese día fue desolador para ellos: “la gente nos cerraba la puerta en la cara, no querían hablar, tenían miedo”.

José Juan está ansioso por seguir gritando y va diciéndoles a sus vecinos qué deben corear en cada momento, hasta que decide retomar la batuta. “Aguirre decía que todo cambiaría, mentira, mentira, mentira, la misma porquería”.

Los nombres del Che Guevara, Lucio Cabañas, Marx y Engels resuenan en las voces de varios miles de personas. Las velas se encienden poco después de las siete de la noche. En Avenida Juárez ya no cabe ni un alfiler; el primer contingente de vuelta en Eje Central y avanza hacia Cinco de Mayo. El orden inicial de los grupos que partieron del Ángel de la Independencia hace tiempo que se rompió. Los únicos que siguen al frente son los padres de los jóvenes de la normal que ahora los participantes conocen como “Ayotzi”. Los normalistas quedaron arropados por personas que se fueron uniendo a lo largo del camino.

Son las ocho de la noche, uno de los padres anuncia micrófono en mano: “Estamos llegando a un lugar histórico del país, a donde se encuentra la máxima autoridad del pueblo!”. Y todos gritan: ¡Asesino!

Surge una pregunta a voz en cuello: “¿Por qué los asesinan si son la esperanza de América Latina?”.  

A la altura de la entrada principal de la catedral se rompen filas y los padres caminan hacia el templete colocado frente a Palacio Nacional. En las 34 ventanas encendidas del edificio simbólico de la presidencia del país se distinguen algunas sombras. Los familiares de los normalistas se sientan y esperan su turno para hablar. Los compañeros de sus hijos esperan cerca del asta. Forman un círculo, levantan el brazo izquierdo con el puño cerrado. Para ellos es su señal de resistencia.

José Juan baja el brazo y dice que termina esta marcha con mucha fuerza porque vio el apoyo de la gente. “Vamos a seguir buscando a nuestros camaradas y los vamos a encontrar vivos. Sé que será así porque la esperanza es lo último que muere”.

Del templete llega una orden para el público: “Les pido que se hagan para atrás. Les pido que se recorran porque nos faltan 43 camaradas. Aquí está su espacio, estas sillas son de ellos. Respeten su espacio”.

 

Kathya Millares
Editora.

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Publicado en: Sólo en línea

8 comentarios en “En nombre de los 43 camaradas

  1. En momentos como este, la prensa debe informar y orientar a la oblación. Son momentos para que la indignación nacional se exprese como unidad del pueblo. Gracias Nexos. Adelante.

  2. Es repudiable y condenable la situación de los 43 estudiantes mexicanos, es un ejemplo más (de tantos) que la impunidad campea por nuestra América Latina, pero no hay que claudicar en la búsqueda, en primer lugar de los estudiantes y segundo de la verdad. Ahí sería el inicio de la justicia, justicia para los pueblos trabajadores que tratan la manera que las nuevas generaciones sean las semillas del cambio, y lo están logrando y por eso ese tipo de reacciones.

    Adelante compañeros que el camino es largo y tortuoso, pero nuestros pies los han caminado en otros tiempos.

    Solidaridad desde Guatemala.

  3. comotodos los millones de mexicanos que somos, me siento horrorizada, con mucho dolor,, qu esas cosas esten pasando en nuestro pais,,la clase politica y su ambicion de dinero y poder, ya rebasa la logica, la razon, guerrero ha sido saqueado por generaciones, y la gente aguanto, esperando que un dia las nuevas generaciones pudieran rescatar ese bello estado, y las estan matando,, BARBARIE

  4. mucha tinta gastada en los «dizque estudiantes normalistas»,pero no vi manifestaciones de este tipo cuando estos maleantes con bandera de luchadores sociales asesinaron al empleado de la gasolinera en 2011

  5. La dictadura del P.R.I. durante 85 años ha condenado al país a la miseria, obligando a millones de personas a emigrar hacia E.U. debido a la opresión económica, la violencia y corrupción sin freno que imponen a la población.

    En México no existe oposición política, todos los partidos (PAN,PRD,MORENA,MC,PANAL,PT,PVEM,EZLN y los que se invente el INE) son expresiones distintas de la misma dictadura, unos siendo durante décadas su fiel oposición y otros creados a conveniencia para sabotear y nunca unificar el movimiento socialista nacional.

    El país se condenó a profundizar su condición de Estado fallido cuando se aprobaron las reformas laboral y educativa; Esas reformas marcan el camino del subdesarrollo con mano de obra aún más barata, sin ninguna garantía jurídica para los derechos constitucionales de la población y condenando a la juventud y niñez a una ignorancia funcional a intereses económicos.

    Respecto a la reforma energética los hechos demuestran que Pemex ha sido privatizada desde hace décadas, sus dueños son los líderes sindicales que se han enriquecido y toda la clase política gobernante que la ha administrado. Prácticamente todos los servicios (desde limpieza, gestión y administrativos) los controlan empresas outsourcing, sin contar la cantidad de equipo y tecnología que es el gran negocio de transnacionales. No hay nada más que privatizar, más que la inteligencia y el sentido común de las personas.
    Concesionar aún más algo tan importante de manera tan mal gestionada como hasta ahora solo abre la puerta a la rapiña, al capital especulativo, a la irresponsabilidad medioambiental y a condenarnos a una dependencia mayor del extranjero en términos muy desiguales.

    La dictadura lucra con un modelo de desarrollo basado en el turismo, la manufactura barata y la exportación de materias primas obligando a México a ser completamente dependiente de la inversión extranjera para su modernización, negando cualquier tipo de mejora en la calidad de vida y segregando económicamente a todos los mexicanos.

    Si hoy la dictadura impone sus reformas es debido a su propia ineptitud y corrupción por no tener ni la inteligencia ni la visión para invertir en ciencia y tecnología, para fomentar la eficiencia administrativa en el servicio público y por los robos millonarios que los priistas a nivel estatal, federal y municipal han cometido dejando millonarias deudas públicas.

    Tenemos a un dictador impuesto con el 38% de la votación que bajo cualquier estándar internacional no puede considerarse democráticamente electo y mientras la camarilla priista viola, asesina mujeres, arrebata derechos constitucionales, defrauda, endeuda, se enriquece con el tránsito de droga y no ha respondido ni pagado por los crímenes contra la población mexicana desde 1959.

    Yo propongo que se empiece por requisar todas las instalaciones, oficinas y la sede nacional del P.R.I. en el país. Que se tomen las oficinas de la CTM y se derriben las estatuas de criminales como Fidel Velázquez, Miguel de la Madrid o López Portillo. Que se retire la estatua de Colosio de Avenida Reforma, que se renombren las calles, avenidas, escuelas, deportivos y plazas del país para que ninguna lleve el nombre de algún colaboracionista de la dictadura del P.R.I.

    Todo lo que representa el P.R.I. y todas las personas asociadas a ellos son el verdadero enemigo de México.

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