Entre los asuntos que la fiscalía de Los Ángeles debía de atender el 4 de noviembre de 1982, figuraba el interrogatorio al médico forense Thomas Noguchi, uno de los puntales en la nueva investigación sobre el controvertido fallecimiento de Marilyn Monroe.
Pese a que el cadáver de la actriz llevaba descansando más de dos décadas en el Pierce Bros. Westwood Village Memorial, los convencidos de que su muerte tenía que clasificarse como asesinato y no como suicidio seguían sacudiendo a la opinión pública. Los dedos acusadores señalaban a Robert Kennedy —quien murió el 6 de junio de 1968 después de un atentado en el que lo hirieron en la cabeza— y a su círculo más cercano de amigos y colaboradores. El investigador privado Robert Speriglio, una de las figuras que obtuvo la atención de los medios, dijo que ella había sido asesinada para evitar que alguna indiscreción de su parte destruyera la carrera política del hermano del expresidente de Estados Unidos. La cadena de teorías del asesinato estaba apretando demasiado el cuello de la fiscalía, así que ésta decidió ir desmontando cada uno de los eslabones.

Fotografía: John F. Kennedy Presidential Library and Museum en Dominio público.
Thomas Noguchi fue citado aquel 4 de noviembre porque tenía que responder tres preguntas relacionadas con el informe de la autopsia que él mismo realizó al cuerpo de Marilyn Monroe, y en el cual concluyó que la causa de muerte fue el suicidio. Cómo vivió el interrogatorio y el desarrollo de la investigación se puede conocer a detalle gracias a que Noguchi publicó sus memorias como “forense de las estrellas” bajo el atrayene título Cádaveres exquisitos.
Noguchi se sentó frente a los dos ayudantes del fiscal y dio respuesta pormenorizada a tres cuestionamientos: ¿Cómo era posible que el estómago de Monroe estuviera “casi totalmente vacío” si acababa de ingerir una gran cantidad de píldoras? ¿Por qué no se hallaron comprimidos a medio digerir, polvos o alguna irritación rojiza en las paredes estomacales? ¿Por qué no se detectó ninguna coloración amarilla dejada por la ingesta de nembutales?
La primera pregunta activó la memoria de Noguchi y lo llevó hasta la mañana del 5 de agosto de 1962:
“En mi condición de ayudante me tocaba trabajar todos los domingos y a veces los siete días de la semana… Pero esa mañana percibí que algo extraño sucedía. El doctor [Theodore J. ] Curphey [forense jefe de Los Ángeles] había telefoneado temprano a la oficina para dejarme un mensaje. La nota que había sobre mi escritorio rezaba: ‘El doctor Curphey quiere que el doctor Noguchi haga la autopsia de Marilyn Monroe’”.
Por la cabeza del “joven e impresionable forense” no cruzó la idea de que se enfrentaría a la popular actriz. Creyó que se trataba de “otra mujer que por azar se llamaba igual”. Con tranquilidad leyó el informe del inspector: “mujer caucásica, de ojos azules, un metro y sesenta y cinco centímetros de estatura y cincuenta y dos kilos de peso”.
Líneas abajo estaba la descripción de la escena que acompañaba al cadáver. Junto a la cama hallaron varios frascos de pastillas, uno de ellos de Nembutal (somníferos) y un recipiente casi vacío de hidrato de cloral (narcótico). Obtuvo la primera pista sobre la causa de muerte al leer que el frasco de Nembutal había sido comprado dos días antes.
Con esta información en la cabeza, Noguchi se puso la bata blanca a las 9:30 a.m. y se dirigió a la sala de autopsias. “Nada más abrir la puerta, el olor a formol me hizo sentir la presencia de la muerte”.
Ni siquiera la aparición de John Miner, ayudante del fiscal del distrito y enlace con el departamento forense, sembró en Noguchi la sospecha de que se trataba de un “caso especial”. “El cadáver que se hallaba sobre la mesa 1 estaba cubierto por una sábana blanca. Lo destapé lentamente y me detuve. Me costó unos instantes hacerme a la idea de que estaba contemplando el rostro de la verdadera Marilyn Monroe”.
En sus manos estaba el cuerpo de Norma Jean Baker, nacida en Los Ángeles California en el 1 de junio de 1926. Una mujer con tres capítulos matrimoniales: James Dougherty, Joe DiMaggio y Arthur Miller. La actriz que hizo que el estudio 20th Century Fox la encumbrara a pesar de sus caprichos y depresiones. La diva que en algún momento supo lo que era tener al mundo en la palma de la mano. En ese instante el peso de una gran responsabilidad cayó sobre sus hombros. “Sintiendo ya esa carga, comencé el examen: primero busqué exhaustivamente con la lupa alguna marca del pinchazo mediante el que se habrían administrado las drogas. También buscaba cualquier signo de violencia física”.
Al concluir la autopsia, Noguchi consignó en su informe lo siguiente:
“El cuerpo sin embalsamar pertenece a una mujer caucásica de treinta y seis años y buena constitución, sana, con cincuenta y tres kilos de peso y un metro sesenta y seis de estatura. El cuero cabelludo está cubierto por una melena de color rubio oxigenado. Ojos azules […]. Se advierte una leve equimosis entre la cadera izquierda y el lado izquierdo de la región lumbar”.
Y en el apartado del análisis del sistema digestivo de Marilyn anotó:
“[…] el estómago está casi totalmente vacío. El volumen estimado no supera los 20 cm3. No se advierten residuos provenientes de píldoras. Una mancha producida por los contenidos gástricos, tras ser analizada con un microscopio polarizado, no muestra señal alguna de cristales refractarios. […] Los contenidos del duodeno han sido analizados también con el microscopio polarizado y tampoco hay señales de cristales refractarios. El resto del intestino no presenta ninguna anormalidad patente”.
Este fragmento del reporte escrito por Noguchi es el que veinte años después seguía despertando suspicacia tanto en los ciudadanos como en los periodistas, y en los ayudantes del fiscal que lo estaban interrogando.
A la hora de las respuestas Noguchi fue contundente. El estómago de Marilyn Monroe estaba vacío porque ella “había abusado de los somníferos y el hidrato de cloral durante años. Su estómago se había acostumbrado a las píldoras, así que las digería y las ‘volcaba’ en el tracto intestinal”. Respecto de la duda de por qué no aparecía una irritación rojiza en las paredes estomacales, el forense pidió que regresaran a su informe, en el que se lee: “la mucosa presenta una evidente congestión y una difusa hemorragia local…”, es decir, sí existía “irritación rojiza”. Y, por último, explicó que el Nembutal no mancha las paredes internas de la garganta y el estómago porque “viene en una cápsula especial que no destiñe al ser ingerida”.
Noguchi aseguró por segunda ocasión que Marilyn Monroe decidió adelantar la ceremonia de su cortejo fúnebre por voluntad propia, al consumir entre 40 y 50 cápsulas de Nembutal y otras tantas de hidrato de cloral, la noche del 4 de agosto de 1962.
La fiscalía de Los Ángeles colocó el punto final en la investigación sobre la muerte de Marilyn Monroe en diciembre de 1982: “Nuestras pesquisas y el cotejo de la documentación no revelan ninguna prueba verosímil que sustente la teoría del asesinato”.
Kathya Millares
Editora.