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El momento del postre provocó en mi amigo curiosidades golosínicas que hube de satisfacer como mejor pude. Que México fue siempre ciudad dulcera, parecen demostrarlo, desde la Colonia, no solamente las interminables listas de delicias azucaradas con que don Artemio (Del Valle Arizpe) suele hacernos agua la boca; sino el episodio escandalosos de las Damas Chocolateras que lo bebían hasta en la iglesia, y que este mismo donoso cronista nos narra al fabricar la Historia del Chocolate. Pirulíes, bolitas, trompadas, charamuscas, azucarillos, coronitas y varitas de azúcar, alegrías, pepitorias, muéganos, cocadas, calabazates, camotes, mostachones, son gratas imágenes de mi infancia sobre las elementales bandejas de sus pregoneros, o en las esquinas. Y cuando la Salubridad nos hundió el folklore, se recluyeron en la Dulcería de Celaya, del Cinco de Mayo, o en La Flor de Tabasco, de Tacuba, o en Bolívar, casi frente a los Diputados. Porque con la Salubridad, prosperaron las fábricas higiénicas, enriqueció Larín, dejó a su viuda todavía más rica, y no volvió a ocurrir más aventura popular de éxito dulcero y efímero que las paletas —¡oh, qué bueno!— de Zahler’s, por 1920, o antes.

 

Fuente: Salvador Novo, Nueva grandeza mexicana, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1947. [Novo sigue hablando del “inexorable proceso de mecanización” que, de las nieves que pasaron a paletas heladas, “ha alcanzado a las aguas frescas, hoy embotelladas y standard”. Dice que esas aguas en barricas de vidrio con “icebergs interiores” y “alegres banderas de colores líquidos” aún sobrevivían en San Juan de Letrán; y “aun dentro de aquel túnel mínimo” (¿cuál habrá sido?) “que fue la ingenua contribución de los tempranos treintas” (la primera entonces de tales contribuciones “ingenuas” que llegan hasta hoy) “al descongestionamiento del tránsito urbano”.]

 

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3 comentarios en “Cuando la Salubridad nos hundió el folklore

  1. El túnel al que se refiere Novo fue un paso peatonal subterráneo que se hizo en San Juan de Letrán en la época de Pascual Ortiz Rubio que fue bautizado como el “túnel del simplón», como burla al presidente y en alusión a al gran túnel de ferrocarril bajo los Alpes.