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El escritor belga Georges Simenon (1903-89), conocido más que nada por la invención de su inspector Maigret, fue tema hace tres meses de un artículo del novelista Julian Barnes (Times Literary Supplement, mayo 9, 2014) porque han aparecido en inglés nuevas traducciones de sus novelas, que se cuentan en cientos; en 75 de ellas aparece Maigret, cuyo adjetivo más recurrente es el de “imperturbable”. Según propios cálculos de Simenon, a sus 34 años ya había escrito 349 novelas; las primeras seis se publicaron todas en 1931.

Los libros de Simenon están escritos con un vocabulario restringido y repetitivo, de unas dos mil palabras. Simenon no quería que el lector se detuviera a pensar en el significado de una palabra, y mucho menos que necesitara ir al diccionario. Hacía libros cortos y para leerse de una sentada o (con frecuencia) en un solo viaje de ida. A lo mucho incluía un símil por obra; nada de metáforas, ya no se diga un símbolo. Hay texto, pero no hay subtexto; hay tramas, pero no subtramas o, más bien, lo que parece una posible subtrama acaba por ser parte de la trama principal. No hay alusiones literarias o culturales, y hay referencias mínimas a la política francesa e ínfimas  a la arena internacional. No hay presencia autoral, no hay juicio autoral, no hay obvias señalizaciones morales. Esto contribuye a que la ficción de Simenon sea de un modo notable como la vida misma.

Dice Barnes: “Simenon, quien escribía con extrema rapidez, no gustaba de la ‘literatura’ y tenía un interés voluptuoso en la fama y el dinero, fue admirado por, entre otros, Gide, Cocteau, Céline, Anouilh, Colette, Mauriac, Somerset Maugham, Thornton Wilder, T. S. Eliot, Henry Miller y John Cowper Powys”. (Añado: le gustaba a García Márquez; a Borges, no.) El homenaje público y las cartas privadas de sus colegas admiradores eran para Simenon motivo de halago y de incomodidad. En una de sus muchas autobiografías, Cuando era viejo, escribió: “Quisiera que me gustara la obra de mis amigos escritores… Me gustan como personas pero lamento no poder admirarlos profesionalmente”. André Gide fue un caso particular. Se carteó con Simenon, lo elogió en sus diarios, escribió un largo panegírico (nunca publicado y probablemente destruido). Simenon disfrutó de las atenciones de Gide, se dirigió a él como Querido Maestro, pero sus libros se le hacían totalmente ilegibles. Una curiosidad mayor es que en 1937 Simenon “predijo” que en 1947 ganaría el Premio Nobel de Literatura. Ese año el Nobel fue para Gide. Y año tras año fue para otros escritores que no se apellidaban Simenon; en 1961 el creador de Maigret le confió a su diario que rechazaría el premio si se lo ofrecieran: “Que se jodan y que me dejen en paz”. Pero tres años después seguía hablando pestes de “esos cretinos que aún no me han dado su premio”.

Al ver la “nominalia” —luego de la rica o exótica numeralia simenoneana— de lectores-escritores admiradores de Simenon, y su aprecio/no aprecio por ellos, recordé: ahí faltaba un nombre por el que Simenon habría canjeado todos los otros nombres, Henriette Brüll. El único libro de Simenon que he leído se llama Carta a mi madre (Tusquets, 1993). Es una extensa carta episódica escrita en 1974, tres años y medio después de la muerte de la madre luego de haber estado con ella ocho días junto a su lecho de muerte en un hospital en Lieja, de donde Simenon había partido rumbo a París medio siglo atrás, a sus 19 años. Parecería una carta de reproche; es más bien una carta de reproche sin reproche. Creo que la relación de Simenon y su madre puede compendiarse en dos frases, que Simenon registra con azoro, algo de dolor y al fin entendimiento o asentimiento. “¿Por qué has venido, Georges?”, le pregunta la madre moribunda a su hijo escritor. Y la otra frase: “Qué pena, Georges, que fue Christian” (un hermano de Georges) “el que se murió”. El centro de la Carta, y quizá de la vida entera de Simenon, lo cifró el biógrafo Pierre Assouline: el sufrimiento de un escritor reconocido por todos, menos por su madre.

 

Luis Miguel Aguilar
Poeta y ensayista. Entre sus libros: Pláticas de familia (disponible en ebook), Las cuentas de la Ilíada y otras cuentas y El minuto difícil.

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Un comentario en “Noticias de Maigretlandia

  1. En el caso que reseña Luis Miguel Aguilar, toco al escritor Simenon, la suerte del patito feo al revés, la malquerencia mas dolorosa que puede existir, con el escaso refugio de los reconocimientos de sus colegas. Buen artículo, saludos.