El linchamiento a “Mamá Rosa”, entrevista con Jean Meyer

Presentamos una entrevista de Héctor Aguilar Camín, director de esta revista, a Jean Meyer, investigador emérito del Sistema Nacional de Investigadores y habitante de Zamora, Michoacán desde 1979.
Meyer conoce desde entonces a Rosa Verduzco, “Mamá Rosa”, directora del albergue “La Gran Familia”, el cual fue cateado en un operativo conjunto de la Policía Federal y el Ejército el martes pasado.
De acuerdo con declaraciones de Jesús Murillo Karam, Procurador General de la República, y de 12 presuntas víctimas, alrededor de 500 niños vivían en forma deplorable en el albergue. Entre otras cosas, dijeron, eran sujetos a maltratos físicos y abuso sexual.

Sin embargo, según Meyer, las condiciones en las que operaba La Gran Familia son muy distintas a las descritas por el Procurador, las supuestas víctimas y los medios de comunicación.

Héctor Aguilar Camín: El miércoles pasado nos despertamos con la prensa mexicana e internacional describiendo la casa de “Mamá Rosa” como un infierno. Llena de piojos, cucarachas, restos podridos de comida, ratas, niños hacinados, desnutridos y con el dictamen de unos niños que habían declarado ya que habían sufrido abuso físico, sicológico y sexual, así como una especie de encarcelamiento. Tú estuviste ahí a principios de mayo. ¿Cómo comparas la casa descrita por los medios con la casa que tu viste en persona?

Jean Meyer: El hacinamiento es un hecho. La casa que construyó Rosa después de comprar el terreno en un principio era muy grande, pero la Gran Familia fue creciendo porque Rosa tenía la política de no rechazar a nadie. Es cierto que está al límite, viven más de 600 personas ahí. Por ejemplo, antes todos comían a la misma hora en el comedor, ahora tienen que hacer tres turnos. Cuando yo estuve a principios de mayo estaban rehaciendo el comedor y estaban por empezar a rehacer la cocina. Si no me equivoco lo estaban haciendo con dinero de la Presidencia de la República que Mamá Rosa no quería recibir porque dijo “yo no acepto condiciones”. Eso para plantearte la personalidad de una persona que ha pisado muchos callos. Tiene, tenía, porque ya se lo destruyeron, un proyecto de rescate de niños que se le ocurrió a los 16 años.

El día que yo fui en mayo, alrededor de las 12 del día, se podía ver todo desde la calle.

HAC: ¿De la calle es visible todo lo que ocurre en el patio?

JM: Totalmente visible. […] Afuera de la casa te puede tocar un montón de basura porque les sobra un montón de alimento que les dona la gente.

HAC: En la descripción del miércoles [en medios] hablaban de alimentos podridos, que es lo que los niños comían.

JM: No [risas]. Alimentos podridos puede ser, pero para los gallos y las gallinas que viven en libertad en la banqueta de la entrada. Atrás tienen establo y puercos, hasta hace poco tenían vacas pero ya no. No sé qué compañía lechera decidió donarles 500 litros de leche todos los días. Eso es alimento, como en cualquier sociedad campesina, con el que haces composta para los cultivos o se lo das a los animales.

HAC: ¿Qué comen entonces en la casa?

JM: No tienen problema alguno para comer. Esos muchachos comen espárragos, alcachofas, arándanos y otras frutillas. Bromeaba yo que esas cosas no las van a comer cuando salgan de la casa.

HAC: ¿Ella tiene ingresos para comprar esas cosas?

JM: No, se las dan los agricultores locales. Los panaderos les dan diario pan, de las tortillerías también. Lo que le sobra lo regala. Tuvo que rentar bodegas porque no me acuerdo quién le mandó gelatina o algo, es un dulce, que se conserva mucho tiempo. 100 mil de esos dulces. Tuvo que rentar bodegas para guardar todo lo que le mandaban. Un señor de la Merced, apoyado “El Pollo”, le regala buenos pollos. Hay un señor apodado “Paco Vale” en Zamora que les regala vales para gasolina. La flotilla de coches de La Gran Familia nunca paga un peso por gasolina.

HAC: Dice una descripción en medios que había 20 toneladas de basura tirada en la casa.

JM: No sé dónde los encontraron. No te podría decir. Lo de los niños piojosos no te lo creo. Tú sabes que en las escuelas en Europa, en Francia, esto pasa. Si a un niño le dan piojos, al rato todos los niños tienen piojos.

HAC: ¿Pero tú viste algo parecido a esa suciedad de los baños, a esas “celdas”, algo parecido a las imágenes?

JM: No. Cuando ves estas fotos, te hacen creer que los niños están enjaulados. No es una jaula. Los niños pueden irse.

HAC: A la parte realmente dura, humana, estos diez testimonios de niños que fueron abusados psicológicamente, físicamente, ¿crees que es posible?

JM: Sí es posible, sí. Habría que ver qué sucede en otras instituciones comparables, públicas. Yo no puedo descartar que un empleado, mencionó particularmente el Procurador General de la República, lo recuerdo muy bien, “Caso número cinco, un empleado violó a una muchacha y resultó embarazada la víctima”. Lo puedo creer. Imagínate, 600 personas de ambos sexos, es una peculiaridad de la institución. Más o menos es mitad y mitad, hombres y mujeres.
Pero eso no necesitaba movilizar al ejército, es asunto de Ministerio Público. Necesitaban citar a la mujer y decirle “¿Sabe qué? Uno de sus empleados está haciendo esto…”. O que lleguen con una orden de cateo y la persona que denunció diga “éste es el fulano”. Lo que no entiendo es lo que ha pasado.

HAC: Ésa es una de las explicaciones fundamentales que hacen falta aquí. La absoluta desmesura con la que entraron a esa casa. Porque parecería que estuvieran tomando la fortaleza de “La Tuta" o del “Chapo” Guzmán. Dicen ellos que lo hacen para dar “seguridad perimetral” al sitio. ¿Qué es lo que iban a hacer para pensar que los niños podían salir en estampida? ¿Por qué no una intervención judicial común y corriente en busca de los niños?

JM: Yo no te puedo contestar eso, pero abro un paréntesis. Hace tiempo que se dice que La Tuta está escondida en Zamora o Jacona, o que viaja de Jacona a Zamora. Cuando se nombró el comisionado [Alfredo Castillo] en enero y las autodefensas avanzaban y avanzaban, muchos Templarios se refugiaron en Zamora. Hace poco todavía me dijeron “La Tuta por ahí anda”. ¿Sería demasiado pensar que alguien dijo que Rosa Verduzco esconde a La Tuta?

HAC: Ésa sería una explicación, pero la autoridad no ha dicho eso. Han entrado con increíble desmesura a una casa hogar absolutamente referencial…

JM: Sí fue un error. Fue un falso pitazo. Alguien dijo “ahí está La Tuta”. Pero no estaba.

HAC: A ver, los niños que son enviados a pedir limosna.

JM: No. Definitivamente no. La escena es una vez al año, la Gran Familia sale en masa, en desfile y para eso se uniforman. Tienen un uniforme que usan para deporte y otro para desfile. Va Mamá Rosa con su camioneta y con bocina y pasa por las principales calles de Zamora. La gente sale a darle dinero. Mamá Rosa los regaña cuando no dan. Jamás he visto a un “hijo” de Mamá Rosa pedir limosna.

HAC: ¿Quién es Rosa Verduzco?

JM: Lo puedes leer en un texto de Jean Marie Le Clézio.

HAC: De ese texto del J.M. Le Clézio, Premio Nobel de Literatura [2008], por cierto, el autor ha cedido los derechos a la Casa, a perpetuidad.

JM: “Desde chiquita entendió que no era igual a todo el mundo. Un día tendría hijos, no tendría futuros doctores, sus hijos serían esos pequeños malvados, de cara ennegrecida, como gatos perdidos que no conocían sino palabras groseras, que eran capaces de mentir, robar o incluso matar. Cuando sus compañeras y ella tenían edad para buscar esposo, ella buscaba niños perdidos”. Recogió 10, luego 20, luego 50. Hoy son varios cientos. Sus hermanas la tiraron de loca.

HAC: ¿Cuántos han pasado por ahí?

JM: Siete mil.

HAC: Hay quien concluye de la lectura de nuestros medios que es una especie de campo de concentración.

JM: [Risas] Mira, es una república utópica de niños, con una figura, la figura de la madre. Esa mujer que no tuvo hijos, es la maternidad en persona. Heredó un rancho, ese día lo vendió, y con eso empezó La Gran Familia. Ella era la vergüenza de una familia “bien”.
Creo que son, si no me equivoco, 28 hectáreas. Está hoy en día en el centro de Zamora-Jacona, zona conurbada de 200,000 habitantes. Era barato. Ahora es mucho más caro. Estaba en el campo, afuera de la ciudad. Pero con el crecimiento de la zona ahora está en medio y vale muchísimo. Se lo han querido comprar varias veces pero siempre ha dicho que no. La han querido a lugares más grandes, pero más lejos y ella no ha aceptado.

Hoy son varios cientos a los que les da comida, ropa, educación y un lugar en esa república de niños. Les enseñó oficios, disciplina, responsabilidad. Rosa es la única madre de aquellos cientos “de niños de la calle, ladrones, asesinos, drogados con cemento y pegamento, matones” [citando a Le Clézio].

HAC: ¿Cómo organiza este internado? Yo la conocí, era una mujer encantadora, pero no quisieras estar bajo sus órdenes.

JM: Es un general. Pero ellos son muchachos que han matado gente y el reformatorio se ha querido deshacer de ellos. Mamá Rosa los acepta. Se la juega. Los únicos que no acepta son lisiados o con discapacidad mental, pero porque no tiene enfermeros para cuidarlos.
Los niños todo el día están trabajando en la casa. Tienen maestros de la SEP, no particulares. Se cubren todos los grados desde primaria hasta prepa. Están comisionados. Tiene una escuela adentro. Hasta licenciatura de música. En esa casa escuchas música todo el día. Es el elemento cohesionador. Música clásica, banda de pueblo, coro…
No hay televisión porque consideran que la televisión no es buena, pero hay una cineteca de primera calidad. Tienen una gran colección de películas con las que ningún otro niño de este origen puede soñar.

HAC: ¿Cómo es lo de la adopción? Suena increíble que una mujer pueda adoptar cientos de niños…

JM: Es simbólico. Pero yo sé que hay gente que con orgullo se llama Juan o Héctor Verduzco Verduzco, gente que ha pasado por esa casa y ahora tiene familias e hijos propios.

HAC: El día de hoy salieron cientos de personas en Zamora con el lema “yo también soy hijo de Mamá Rosa”. ¿Por qué tendría este litigio con los padres que dejan a sus hijos?

JM: Ella te lo explicaría muy bien porque lo ha contado varias veces. Me dice: me abandonan al niño chico, firman, y cuando tiene 16 años y un oficio, vienen por él para explotarlo. Ahora sí les interesa, porque ya es una fuerza de trabajo y se pueden quedar con el dinero de su trabajo. Entonces ella dice no. A los 18 años ellos salen de la casa, si quieren.
Pero es la república de los niños. Se peinan y cortan el pelo como quieren, corto, largo, azul, se parece a un montessori. Hay muchachos que regresan después de un año a buscar trabajo ahí mismo porque quieren volver. Tiene niños que se escapan, sí. Pero a veces a la semana regresan, a veces al mes, se dan cuenta que estaban mejor ahí.

HAC: ¿Por qué habría de pedirle dinero a quien quiere de vuelta a su hijo?

JM: Cuando se trata de una persona de la que piensa que no hay peligro para el niño, dice “yo les cobro, cabrones”. Ella lo asume porque cuidó al niño 10 años y después regresan por él. Nunca dan un centavo los que abandonan a los niños, y no es una institución del Estado…

HAC: ¿Ella vive ahí? ¿Comparte las condiciones de vida?

JM: Totalmente. ¿Viste su oficina? Caben dos sillas y tiene los expedientes de los niños y las dos sillas destartaladas. Su recámara la comparte con los bebés y con los niños enfermos. Ella tiene un catre. Como franciscana.

Por cierto, JM Le Clézio me dijo anoche: voy a escribir un texto “para la única santa que jamás tendrán en el valle de Zamora”.

HAC: Creo que ésta es una buena forma de terminar la entrevista. Esto está hecho con el ánimo de añadir información y precisión a este linchamiento mediático que hemos tenido una vez más. Sin juzgar. Hay que completar la realidad, sobre todo cuando estamos con gente detenida, en particular después de la declaración de Tomás Zerón, Director de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR, a Carlos Marín, quien confirmó que hasta el momento la directora del albergue, Rosa María Verduzco, no tiene denuncia en contra.

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Publicado en: Sólo en línea