Besos. En la radiante oscuridad del cine – Parte 2

Variables que explican un gran beso

Si bien no hay duda de la importancia que tiene el beso en Hollywood y no hay película que salga de ahí que no los presuma, hay de besos a besos y no todos los que vemos son buenos o igual de bien logrados. Por ello, vale la pena preguntar, ¿qué es lo que hace de un beso en la pantalla grande un gran beso? Hay varios elementos que son importantes y que se pueden clasificar bajo dos rubros. Primero, variables directamente relacionadas con el beso en sí, lo que se podría denominar su infraestructura. Estén en la película que estén, los vea quien los vea, estos besos funcionan. Segundo, variables que tienen que ver con la película en general que crean un contexto que afecta y potencia los besos que vemos y los transforma en algo mucho más poderoso de lo que uno esperaría sin tan sólo se fijara en el acto en sí. Se trata de lo que rodea este ritual y que se podría designar como la superestructura del beso.

Infraestructura del beso. Por lo que toca a la infraestructura, hay tres elementos que son clave. El primero está relacionado con la mecánica del beso, es decir, con cómo se llega al encuentro y cómo se ejecuta este acto. Se trata, en pocas palabras, de lo que se podría llamar la coreografía del beso. Si bien no hay una fórmula preestablecida que siempre funciona, y tanto besos tímidos y torpes, como agresivos y diestros pueden ser igual de exitosos, como espectadores nos fijamos y reaccionamos ante varios aspectos de la maniobra como la expresión de los actores antes, durante y después del beso; dónde colocan las manos; el tono de su voz si es que hay diálogo; la postura de los personajes involucrados, si están parados, sentados, contra la pared, o acostados; su respiración y pulso; y sobre todo su mirada y labios. También importa quién le da el beso a quién, él a ella, ella a él, o el uno al otro. Son precisamente estos distintos aspectos de la mecánica de un beso que nos permiten calificarlo como espontáneo, pasional, sensual, profundo, arrebatado, tímido, entusiasta, exploratorio, largo, lento, suave, mojado, etcétera.

Un ejemplo de un beso con una coreografía impecable es el que ocurre entre Ingrid Bergman y Cary Grant en Notorious, película de 1946 dirigida por Alfred Hitchcock. El beso en cuestión es una maravillosa secuencia de aproximadamente tres minutos en la que Bergman y Grant se dan por lo menos 14 besitos. La escena inicia cuando ambos entran al cuarto de hotel de él a media tarde y Bergman no puede dejar de tocarlo, abrazarlo y olerlo. Después de un primer beso en el balcón, Grant hace una llamada telefónica, pero aunque se encuentra colgado del teléfono y se mueve por toda la habitación mientras habla, ella no se le despega y sus rostros siempre están a milímetros el uno del otro. La cámara, y por tanto el espectador, también está a milímetros de sus caras, participando en este lento baile, besando primero a uno y luego al otro y finalmente a los dos. Es un verdadero ménage à trois que le dio al público, dijo alguna vez Hitchcock, el enorme privilegio de besar a Ingrid Bergman y a Cary Grant.

Un segundo elemento de gran importancia relacionado con la infraestructura del beso tiene que ver con la química entre los personajes o actores que se besan. Hay parejas que sacan tantas chispas en la pantalla que es necesario verlos con máscara de soldador. La mayoría de las veces es el resultado de una buena actuación, pero en ocasiones se da una verdadera química en la vida real entre los actores que el director reconoce y aprovecha. Está el caso, por ejemplo, de Humphrey Bogart y Lauren Bacall y, más recientemente, el de Angelina Jolie y Brad Pitt. Pero el más famoso ejemplo de este tipo de química en la vida real que se ve reflejado en la pantalla es el de Greta Garbo y John Gilbert en la película El demonio y la carne. Al final de una escena particularmente pasional entre los dos actores, el director Clarence Brown, impresionado por la intensidad de lo que vio, no gritó “corte”, sino que discretamente le hizo señales a su equipo para que dejaran de filmar, se retiraran del estudio y le dieran algo de privacidad a los actores. Después de un buen rato, Brown le mandó a la joven pareja algo de beber y comer, ya que llevaban encerrados dentro del set más de dos horas.

Al mismo tiempo, una gran actuación nos puede engañar por completo en este sentido y producir lo que parece ser química cuando en realidad no hubo ni la más mínima atracción. Un buen ejemplo de ello son todos los besos que se dan Vivien Leigh y Clark Gable en Lo que el viento se llevó. Estos dos actores se caían muy mal, Leigh se quejaba del mal aliento de su coestrella y Gable habló siempre pestes tanto de su colega como de lo que consideraba una vulgar e inconsecuente chick-flick. Sin embargo, su actuación es tan buena que uno incluso llega a pensar que seguro estos dos tuvieron un apasionado romance durante la filmación de la película.

Un tercer elemento relacionado con la infraestructura del beso es el contexto inmediato en el que se da esta maniobra. La narrativa del beso, lo que ocurre antes y después, así como el momento en la historia en que se realiza el acto, son clave para imprimirles significado y por ello el cine es un medio ideal para explorar este gesto. Aquí, por ejemplo, encontramos el típico “primer beso” entre una pareja y el igual de típico “último beso”. Otro momento narrativo clásico para un gran beso es el “reencuentro” y un buen ejemplo es el que se dan Humphrey Bogart e Ingrid Bergman ya en la ciudad de Casablanca después de que Ilsa había dejado a Rick, un año antes, plantado en la estación de tren de París sin explicación alguna. Se trata de un beso profundamente melodramático en el que el contexto es fundamental. Al llegar a Casablanca y reencontrarse con Rick, Ilse se debate entre su amor por él y la lealtad y cariño que siente por su esposo, Víctor Lazlo y la noble causa que éste defiende. Ilse está dispuesta a hacer lo que tenga que hacer para conseguir los documentos que su esposo necesita para escapar de Casablanca rumbo a Lisboa y de ahí a Estados Unidos, donde podrá seguir, ya en libertad, su lucha contra los nazis. Una noche, mientras Lazlo se reúne en secreto con miembros de la resistencia, ella va en busca de Rick con el propósito de obtener, a como dé lugar, los valiosos documentos. Primero apela a su amistad y patriotismo, luego le ruega que por favor le entregue las visas que necesitan para poder salir de la ciudad. Pero al fracasar esta estrategia, pistola en mano y con una lágrima solitaria que resbala por su mejilla izquierda, lo amenaza de muerte a menos de  que le entregue los documentos, papel o plomo. Segundos después, la vemos exhausta, en brazos de Rick, besándolo apasionadamente y jurándole amor eterno.

Cabe señalar que el contexto incluye no sólo el momento en la historia en el que se da el beso, sino también el diálogo alrededor de este gesto, como por ejemplo los maravillosos soliloquios de Rhett Butler antes de cada uno de sus besos en Lo que el viento se llevó. Asimismo, la fotografía es de gran relevancia para generar un ambiente propicio para este ritual. Un buen ejemplo es el beso en silueta que se dan Annette Bening y Warren Beatty en Bugsy de 1991. Son los años 1940, la época dorada de Hollywood, y Bugsy Siegel (Warren Beatty), un joven y guapo gángster, llega a la ciudad de Los Ángeles donde conoce a Virginia Hill (Annette Bening), una actriz de medio pelo que, sin embargo, es mortalmente sexy. Se encuentran en un set totalmente vacío y los vemos sólo en silueta. Sus sombras se van acercando poco a poco y él, algo nervioso, no deja de hablar. “¿Sueles hablar tanto antes de hacerlo?”, le pregunta ella. “Sólo hablo tanto antes de matar a alguien”, le contesta y se dan un beso que sella el destino de ambos.

Besos bajo la lluvia. Un contexto que Hollywood utiliza con frecuencia para este ritual y que merece un trato aparte es el beso bajo la lluvia. Hay varias razones que explican por qué los directores y guionistas recurren una y otra vez a la lluvia para enmarcar este acto. En primer lugar, el agua en sí es algo sensual y el ver correr agua por la cara y cuerpo de alguien lo es más. Además, la ropa mojada pegada al cuerpo, y más a los cuerpos a los que nos tiene acostumbrado Hollywood, es algo erótico. Y claro, hay que quitarse la ropa mojada para no resfriarse. Y esperar desnudo hasta que se seque. Y hacer algo para calentarse mientras la ropa se seca.

Sin embargo, la principal razón de por qué el beso bajo la lluvia se ha convertido en un clásico tiene que ver con otra cosa que se vuelve evidente si nos preguntamos: ¿qué hace la gente cuando empieza a llover? La respuesta es obvia, sale corriendo en busca de un techito para refugiarse mientras la lluvia pasa. Uno debe tener una excelente razón para quedarse parado en pleno aguacero, sin moverse, empapándose. Y qué mejor razón que un beso. La idea básica que transmite el beso bajo la lluvia es que la pareja está tan enamorada o apasionada, disfrutando tanto lo que está haciendo, que ni se da cuenta o no le importa que esté lloviendo. Y por ello Hollywood utiliza una y otra vez la lluvia como contexto para este acto en sus películas.

Un buen ejemplo es el beso entre Charlie (Hugh Grant) y Carrie (Andie MacDowell) en Cuatro bodas y un funeral (Four Weddings and a Funeral, 1994). Al final de la película, después de las cuatro bodas y el funeral, Charlie sigue soltero (y vivo). Tiene un encuentro más con quien claramente es el amor de su vida, Carrie, y esta vez no la deja escapar. Sale corriendo tras ella, la alcanza y los dos parados bajo la lluvia se besan mientras Grant le declara su amor eterno. “Crees que una vez que pasemos algo de tiempo juntos, ¿aceptarías no casarte conmigo? ¿Y crees que no estar casada conmigo podría ser algo que considerarías hacer el resto de tu vida?”, le pregunta Charlie a Carrie. La respuesta de ella es inmediata: “Sí”, se vuelven a besar y vemos relámpagos y escuchamos truenos. Después del beso Charlie observa que está lloviendo y ella contesta “¿Está lloviendo? No me había fijado…”.

Otro maravilloso ejemplo es el beso de “reencuentro” que se dan el joven Salvatore y la bella Elena en un cine al aire libre en Cinema Paradiso de 1998. Mientras los habitantes del pequeño pueblo ven la película en una plaza junto a la bahía, Salvatore recostado con los ojos cerrados, harto ya del verano, el calor y su soledad, se pregunta: “¿Cuándo terminará? En una película ya hubiera terminado. Habría un fade-out y un corte a una tormenta. Sería maravilloso”. Y en ese momento se escuchan truenos, el cielo se nubla, caen unas gotas, se aparece mágicamente Elena quien le devuelve la vida y la esperanza con un beso, empieza una tormenta y la gente corre mientras ellos permanecen recostados a la orilla del mar besándose bajo la lluvia.

Dentro de la categoría de besos bajo la lluvia encontramos un subgrupo que vale la pena distinguir: el beso en plena tormenta. Comparte muchos de los elementos del beso bajo la lluvia, pero añade un elemento adicional: el beso como una fuerza de la naturaleza, algo incontrolable que asombra y también asusta. Aquí la idea es la de una pasión imposible de contener, una fuerza primordial que arrastra a la pareja, ante la cual no pueden más que rendirse. Un beso lleno de peligro ya que sin duda puede ser algo destructivo, pero es algo inevitable. Un buen ejemplo es el que se dan John Wayne y Maureen O’Hara en El hombre quieto (The Quiet Man, 1952). Este beso tiene lugar en un antiguo cementerio en el remoto pueblito irlandés de Innisfree. La pareja se encuentra bajo un árbol y el cielo amenaza con una tremenda tormenta. Ella le explica a él que falta mucho para que se puedan dar un beso, primero él tendrá que cortejarla, después ya podrán andar en público pero con chaperón y manteniendo cierta distancia, luego vendrán reuniones y fiestas a las que podrán acudir juntos y así un largo etcétera. Pero él dice que no puede esperar y ella sin el menor titubeo concuerda. Se abrazan y se besan y simultáneamente estalla una tormenta con truenos y relámpagos. En pleno cementerio se dan un beso lleno de vida, empapados e indefensos ante la furia de su pasión que, como la tormenta, los rodea y atrapa.

Superestructura del beso. Además de los elementos relacionados a la infraestructura del beso, están los vinculados a su superestructura, es decir, elementos relacionados con la película en su totalidad que influyen en cómo apreciamos los besos específicos que vemos a lo largo de la cinta y que también ayudan a explicar su calidad.

Un primer factor tiene que ver con la estructura de la película. Hay historias que están diseñadas para culminar con un beso, lo que en automático lo convierte en un gran beso. Se trata de una fórmula clásica en Hollywood: los protagonistas se conocen, se enamoran, se pelean como resultado de un malentendido, se reencuentran y sellan su amor eterno con este ritual al final de la película.

Una cinta que sigue esta fórmula al pie de la letra es la comedia romántica Jamás besada (Never Been Kissed, 1999). Josie (Drew Barrymore) es una periodista encubierta que, haciéndose pasar por una adolecente, se inscribe en una prepa para hacer un reportaje sobre la vida de los estudiantes. Ya en la escuela, se enamora de Sam (Michael Vartan), su profesor de inglés, quien también se enamora de ella. Pero al tratarse de una alumna y menor de edad, Sam se controla y no hace nada. Al final de la película sale publicado el artículo en el que Josie, apenada por la forma en que engañó a su profesor y torturada por lo que siente por Sam, termina su relato con una promesa: antes de iniciar el partido por el campeonato estatal de beisbol, se parará en el montículo del pítcher, esperando que se aparezca su “maestro” de inglés para pedirle perdón y si la perdona le dará un beso, su “primer beso de verdad”. Sam, por supuesto, se aparece en el estadio al último minuto, camina rumbo al montículo donde está Josie y se dan un beso que detona una epidemia de besos por  todo el estadio, mientras escuchamos “Don’t Worry Baby” de los Beach Boys por el altavoz.

Un segundo factor que influye en cómo reaccionamos a los besos que vemos en una película tiene que ver con su género. Hay historias tan románticas que transforman cualquier beso en un gran beso. Son besos que deseamos y esperamos ansiosamente como espectadores. Un ejemplo es el primer beso que se dan Jerry (Tom Cruise) y Dorothy (Renée Zellweger) en Jerry Maguire de 1996. La primera vez que salen a cenar juntos en un date, Jerry pasa por Dorothy y ella se aparece en un vestidito negro que le queda espectacular. Al verla Jerry, totalmente cautivado por su belleza y elegancia, le dice: “Ese no es un vestido… ¡Es una película de Audrey Hepburn enterita!”. Después de esa maravillosa frase y un gran primer date, el beso que se dan en la puerta de la casa de Dorothy al regresar de su velada se transforma en un gran beso, en parte porque lo vemos ya con Audrey Hepburn y Gregory Peck revoloteando en nuestra cabeza.

Finalmente, un tercer factor relacionado con la película en su totalidad que ayuda a elevar la calidad de cualquier beso tiene que ver con el carisma y encanto de los actores. El que ellos y los personajes que interpretan nos caigan bien, hacen de cualquier beso un mejor beso. Un buen ejemplo son los que se dan Anna Scott (Julia Roberts) y William Thacker (Hugh Grant) en Un lugar llamado Notting Hill (Notting Hill, 1999). Se trata de una historia de cenicienta inversa. Ella es una gran estrella de cine, guapa, rica y famosa, que lo único que quiere es una vida normal. Él es dueño de una pequeña librería en Londres y lo único que le puede ofrecer es, precisamente, una vida normal. En la película hay dos buenos besos. El primero es repentino e inesperado. William se tropieza en la calle con la famosa actriz y como resultado del choque le tira encima un jugo de naranja completito. Apenado, le ofrece cambiarse en su casa que está en la zona. Ella acepta, entra, se cambia (había ido de compras y tenía una bolsa con ropa nueva) y antes de partir, mientras se despiden en la puerta, ella le planta un beso rápido, espontáneo, repentino e impulsivo, que lo deja maravillado y ella se ve también sorprendida por su audacia y contenta con el resultado. El segundo beso se lo dan ya en su primer date, en un pequeño jardín al que logran entrar después de treparse con gran dificultad por una reja. Una vez adentro William dice: “¿Qué diablos hay en este jardín que hace que valga la pena el haber trepado esta barda?”. Anna se le acerca y le da un beso y William de inmediato dice: “Qué bonito jardín…”. Estos besos en sí no son ninguna maravilla, pero el gran carisma de estos dos actores los convierte en grandes besos.

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Publicado en: Especial mayo 2014