El 7 de junio pasado fue nombrado director del Centro de Estudios Públicos, uno de los think tanks chilenos más prestigiados e influyentes, el ex ministro de educación del actual gobierno, Harald Beyer, en sustitución del escritor Arturo Fontaine, que había ocupado el cargo por treinta años. El nombramiento parece marcar un nuevo ciclo de polarización de la vida intelectual y de la democracia chilena. Esta es la historia.
El pasado miércoles 15 de mayo, el escritor chileno Arturo Fontaine, director del Centro de Estudios Públicos (CEP) durante 30 años, anunció que dejaba de serlo. "Ha sido algo inesperado para mi", confesó a través de un comunicado personal emitido cinco días después de que el Comité Ejecutivo decidiera sacarlo de su cargo.
Filósofo, novelista, poeta, académico y ensayista, Fontaine había convertido al CEP en un rico emisor de reflexiones de la vida pública chilena. Mediante estudios especializados y encuestas electorales, el CEP se transformó en una herramienta de construcción y un termómetro imprescindible de la evolución de la democracia en Chile.
El CEP nació históricamente en el seno de la derecha empresarial chilena, pero Fontaine, un liberal, siempre mantuvo al organismo en un plano independiente. Tal como lo aseguró en su comunicado; "El CEP no ha estado al servicio ni de la derecha, ni del centro, ni de la izquierda. Para eso están sus partidos e institutos".
En 1981, Fontaine ingresó al CEP como traductor. En 1983, luego de hacerse cargo de la revista de la casa, Estudios Públicos, inició su período como director del organismo. En 1988, previo al plebiscito ciudadano que decidiría el termino o continuación de la dictadura de Augusto Pinochet, el CEP pudo pronosticar, a través de una encuesta, el triunfo de la opción del "No" que puso fin a la dictadura chilena. La precisión de sus pronósticos se repetiría en las siguientes mediciones presidenciales.
Un buen anfitrión
Son distintas las razones por las cuales un hombre como Fontaine se mantuvo durante tantos años a la cabeza del CEP. Una de las más importantes, fue el acercamiento que logró entre el mundo empresarial, las fuerzas demócrata cristianas y socialistas de la Concertación, la derecha política y empresarial y, en últimas fechas, las fuerzas contestatarias, estudiantiles y de izquierda, que sacudieron a Chile con sus movilizaciones. Fontaine era confiable para todos los colores del espectro político y se transformó en interlocutor fundamental y anfitrión ideal de una entidad que logró apaciguar prejuicios sobre la derecha, al mismo tiempo que producía estudios fundamentales para la creación de políticas públicas.
El conflicto de Fontaine con los patronos de su institución puede haber empezado hace tres años, cuando el escritor accedió a ser parte del directorio del Museo de la Memoria, que recupera y resguarda la historia de los abusos durante la dictadura de Pinochet. Pese a las críticas sobre su participación en un espacio y una causa asociada la izquierda chilena, el ex director del CEP defendió la neutralidad buscada por el museo y explicó en una columna del diario El Mercurio, que ahí "los hechos se presentan desde la perspectiva de los derechos humanos y la democracia que los cautela. Qué significa perder la democracia es la gran lección (del museo)". Ese quizá fue el inicio de la desconfianza de los patronos más conservadores del CEP hacia su director, por otra parte uno de los más notables novelistas chilenos.
El Factor Beyer
En 2011, luego del surgimiento del movimiento estudiantil en protesta por el lucro en la educación, Fontaine asumió una posición crítica muy clara y reiterada sobre el tema, declarándose en contra del lucro en instituciones universitarias que reciben subsidios del Estado. Sus opiniones, sustentadas en el ejemplo no lucrativo de las mejores universidades privadas del mundo, ahondaron el enfrentamiento de Fontaine con muchos patronos del CEP y, en particular, con uno de sus investigadores, colaborador del propio Fontaine, Harald Beyer, hasta hace poco ministro de educación del gobierno conservador de Sebastián Piñera.
Fue precisamente cuando Harald Beyer presidía el Ministerio de Educación en Chile, cuando Fontaine hizo hervir las aguas con sus críticas al lucro en las universidades, luego de la revelación de escandalosas irregularidades que afectaron a miles de estudiantes. Para atenuar el escándalo, Beyer presentó el proyecto de una Superintendencia de Educación, que Arturo Fontaine criticó con duros argumentos. "Lo que hace el proyecto es permitir que sociedades relacionadas con los controladores de la corporación sin fines de lucro, lucren a través de contratos celebrados con ella, es decir, con la universidad, siempre y cuando se cumplan algunas condiciones".
El alto costo de la educación superior en Chile, luego de dos décadas de un modelo que mezcla subsidios públicos con cobro privado, llevó a endeudarse a muchas familias para poder pagar los estudios de sus hijos a menudo en escuelas de dudosa calidad y carentes de acreditación estatal. Al egresar de estas escuelas, los nuevos profesionistas enfrentan un mercado laboral exigente, en el que no hay para ellos los empleos bien remunerados que les permitan, entre otras cosas, pagar la deuda contraída con sus centros de estudio o con los bancos.
La crítica de Fontaine al proyecto del ministro Beyer, definió las diferencias entre dos visiones de la educación. El supuesto de la visión de Fontaine es que todos los excedentes del sistema de cobros por educación sea reinvertido en las instituciones educativas, no tomado como utilidades por sus dueños. El conflicto terminó en una acusación constitucional, un juicio político, al ministro Beyer por deficiente fiscalización a las universidades. A consecuencia de esto fue destituido de su cargo.
A raíz de su destitución, Beyer hizo una crítica pública a la candidata de la Concertación, la ex presidenta Michelle Bachelet, por no haber salido en su defensa en lo que le pareció un linchamiento de la izquierda.
“De un líder político uno esperaría que tuviera capacidad de mirar con más distancia, con una perspectiva más a largo plazo, y eso es lo que yo no vi. (…) Yo lo que esperaba era que se analizaran los antecedentes en su propio mérito”, confesó Beyer en un entrevista dada al diario La Tercera el 20 de abril, el mismo mes en que Fontaine, a través de una entrevista en ese diario, elogiaba la campaña de la ex presidenta.
La nueva nueva etapa
El viernes 7 de mayo, a pesar de los cuestionamientos sobre su posición y actuar con respecto al lucro en la educación, el Comité Ejecutivo del CEP anunció precisamente la llegada del ex ministro Beyer, como nuevo director de la entidad para iniciar una “ nueva etapa”. Los patronos del CEP que encabeza el empresario Eliodoro Matte, optaron por enviar claramente el mensaje de un cambio de liderazgo regido por la diferencia ideológica en un tema que parece decisivo de cara a las elecciones presidenciales de noviembre próximo.
Chile vive ya el clima crispado de la batalla electoral. Los candidatos, Bachelet entre ellos, se aprestan para las elecciones primarias. Algunos tratan de asegurar las franjas duras de sus seguidores, para después, en la contienda presidencial, moverse al centro en busca de los votantes no comprometidos.
En ese ambiente de polarización parece naufragar el proyecto histórico del CEP, dedicado tantos años, bajo el liderato de Fontaine, a crear plataformas unificadoras y espacios de encuentro entre distintas ideologías.
Los cambios en el CEP son una mala noticia para la democracia y para la vida intelectual chilena que pierde o ve nublarse aquí a uno de sus grandes actores públicos.