Jesucristo en las ciudades

En los últimos meses, cuatro alcaldes del norte del país han dedicado sus áreas urbanas a Jesucristo: Ensenada, Baja California; Monterrey, Nuevo León; Guadalupe, NL; Juárez, NL. Algunos de ellos le han entregado simbólicamente las llaves de la ciudad al nazareno. Los eventos parecen haber estado organizados por la Alianza de Pastores de cada ciudad, una confederación de líderes y comunidades evangélicas. En Monterrey la alcaldesa declaró “Y yo, Margarita Alicia Arellanes Cervantes, entrego la ciudad de Monterrey, Nuevo León, a nuestro señor Jesucristo.”

Las intentonas por renovar moralmente a sus ciudadanos han sido, históricamente, una tentación de los gobiernos en momentos en que la acción estatal tradicional no es suficiente para controlar o evitar situaciones de violencia y desorden. Podría ser así en estos municipios y algo nos recuerda a la campaña de Andrés Manuel López Obrador por resucitar la “cartilla moral” de Alfonso Reyes con el fin de hacer partícipe a la ciudadanía en el combate a la violencia social. Sin embargo, en este caso, esta vieja salida (más retórica que funcional) se acompaña de otra cosa: una doble afrenta tanto a algunas nociones laicas como a otras liberales.

La alcaldesa de Monterrey justificó la salida de Jesús del ámbito exclusivamente privado porque “Está de más explicar lo que una sociedad sin Dios puede tener: dolor, pobreza, violencia, y el resquebrajamiento moral”. Esta manera de renovar moralmente a los ciudadanos y a su ciudad asume que una moralidad compartida no es posible sin tener a Dios en el centro de la sociedad. En ese sentido es una afrenta al ideal laico del Estado mexicano, que se funda en una idea exactamente opuesta. Y por otro lado, al entregar simbólicamente la ciudad a Jesucristo, excluye a otras minorías no cristianas que probablemente quedan alienadas por sus propios líderes políticos al vivir en una ciudad dedicada a un dios que no es el suyo.

En Monterrey, del total de 1 millón 135 mil habitantes, sólo alrededor de 100 mil personas declararon en el censo de 2010 ser cristianos no católicos (reformados de viejo y nuevo cuño, evangélicos, pentecostales, ortodoxos, cristianos y bíblicos diferentes a los evangélicos). Es decir, en este municipio, una minoría inferior al 10 por ciento de la población ha promovido que la ciudad se consagre a su dios. Las proporciones son similares en el municipio de Juárez y Guadalupe. En Ensenada, se acerca al 17 por ciento.

A pesar de que esta minoría comparte dios con las mayorías católicas y con otros tipos de cristianismo, no queda claro que los católicos estén necesariamente de acuerdo con esta decisión. En México, el proyecto laico de separación entre iglesia(s) y Estado goza de enorme popularidad, incluso entre la mayoría católica del país. Pero, aún más importante, en estos cuatro municipios combinados hay cerca de cuatrocientos budistas, novecientos judíos, noventa musulmanes, setenta hinduistas y –ojo- casi 150 mil personas que declaran no tener religión. A todas estas personas se les acaba de hacer saber que el Estado no sólo opta por dios, sino que prefiere el dios de alguien más.

En general, en un Estado laico se entiende que, por su investidura, el Ejecutivo (y las autoridades del Estado en general) no debe mezclar deberes públicos con asuntos religiosos. Tradicionalmente, el involucramiento del poder Ejecutivo en actos religiosos se ha resuelto de las siguientes maneras. 1) El Presidente puede ir a misa cuando quiera. 2) El Presidente se mete en problemas cuando al ir a misa va en calidad de presidente o lo transmite y comunica como un asunto público y presidencial, no como algo privado (a Fox le encantaba hacer de estos pequeños actos una provocación, pero con el tiempo se fue volviendo más discreto al respecto). 3) Por último, los poderes Ejecutivos están en franca violación del Estado laico cuando a nombre del Estado promueven alguna religión. Esto último es lo que parece haber ocurrido en el norte.

Las comunidades evangélicas estadounidenses están muy acostumbradas a que las autoridades participen activamente de una suerte de religión cívica que incluye las referencias a dios, así en general. Pero esas comunidades también están muy acostumbradas a que las referencias a dios deben respetar, en la mejor tradición del liberalismo neutral, procurar incluir aquellos credos cuyo dios no es el cristiano. Por eso no es lo mismo que una autoridad diga dios y que diga Jesucristo. Las comunidades evangélicas en México, dadas sus dificultades con la iglesia católica, han sido tradicionalmente los mejores defensores del neutralismo estatal en asuntos religiosos. Por eso sorprende un poco su participación en estos eventos. Pareciese que las prácticas del evangelismo estadounidense ensombrecieron, en esta ocasión, una consideración completa del contexto mexicano en el que tienen que operan. Además de la reacción de los defensores del Estado laico, también deberán lidiar con la reacción que las iglesias católicas locales tengan frente a la aparente “captura” evangélica de las autoridades de la ciudad. La competencia entre grupos religiosos por el mercado de fieles a veces apuestas por estrategias politizadas de movilización social (e incluso étnica) en el que los grupos más pequeños pueden llevar las de perder.

Por otro lado, también es importante considerar que, en la tradición católica, casi todas las ciudades tienen santos patronos (aunque casi nunca es Jesucristo mismo el protector de una ciudad. En Monterrey, Nuestra Señora del Roble es la patrona católica de la urbe. A veces las celebraciones patronales son acompañadas –y hasta subsidiadas- por el municipio. Esto ocurre bajo la justificación de la relevancia cultural y la popularidad tradicional de estos festejos, y pocas veces ocurre que el presidente municipal espiritualice y participe de los significados religiosos asociados al santo (generalmente es al revés: participa en el lado pachanguero del acto religioso original). En los casos que estamos atestiguando en el norte del país aún no queda claro el interés público de celebrar un nuevo patrono de la ciudad, y sí parece haber una participación política de la espiritualidad asociada a Jesús.

Estos actos sobresalen por su anormalidad política: dada la alienación que producen entre las minorías religiosas y las mayorías que apoyan las nociones de Estado laico. Por eso y por último, habría que aclarar si estos episodios ocurrieron por razones político-electorales, por simple y llano fervor religioso de sus líderes, o como una auténtica apuesta por contener la violencia social movilizando símbolos religiosos tradicionales. En cualquiera de los tres casos hay cuestionamientos sólidos sobre la legitimidad y la funcionalidad de estos actos y los alcaldes harían bien en aclararlas. Cuando lo hagan, sería bueno que no olvidaran que lo que procuraduría non da, Jesucristo non presta.

 

Población por Religión

Ensenada BC

Guadalupe NL

Juárez NL

Monterrey NL

Totales

Total

466,814

678,006

256,970

1,135,550

2,544,559

        Católica

306,622

554,106

205,079

945,037

2,016,119

        Ortodoxos

22

10

10

46

88

+ Protestantes históricas o reformadas

3,686

4,815

1,646

6,441

16,638

+Pentecostales / Evangélicas / Cristianas

69,443

54,930

22,159

83,778

231,031

+ Bíblicas diferentes de Evangélicas

14,405

16,067

6,137

17,893

54,605

 – Origen oriental

211

71

4

286

572

               Budismo

150

50

1

207

408

               Hinduismo

8

14

 

49

71

Otras Orientales

53

7

3

30

93

Judaica

211

98

48

533

891

Islámica

20

23

2

44

89

+ Raíces étnicas

20

8

9

20

57

 +Espiritualistas

49

50

 

30

129

– Otras religiones

85

66

25

125

302

Cultos Populares

37

28

18

60

143

New Age y Escuelas Esotéricas

44

32

6

49

132

  Otras religiones

4

6

1

16

27

Sin religión

62,543

26,887

16,290

42,559

148,744

  No especificado

9,497

20,875

5,561

38,758

75,294

Fuente: Censo de Población y Vivienda 2010

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Publicado en: Sólo en línea