¿Qué es ser clase media en México?

Hace un par de años se echaron las campanas al vuelo porque, se decía, México se estaba convirtiendo en una sociedad de clase media. Aquel debate inauguró una buena discusión pero llegó a pocos resultados concretos. Por momentos las definiciones eran tan laxas que parecía que ponerle Yessica a una bebé era signo de que alguien se volvía de clase media. En otros momentos, aunque se buscó reflexionar sobre las limitaciones a las que se enfrentaba, definir la clase media sólo por variaciones en el ingreso de los hogares parecía no ser la mejor estrategia, sobre todo para entender con certidumbre estadística esas diferencias cualitativas que hacen la diferencia entre clases sociales. Parte de las fallas de aquél debate original es que no es fácil 1) definir clase media y medirla y 2) ubicar de qué se trata en México, ubicar empíricamente cuáles son sus dilemas y cuáles sus oportunidades. Ahora el INEGI ha publicado un nuevo boletín de investigación: “Clases medias en México”. El estudio es bastante sofisticado metodológicamente y responde mejor que otros ese primer asunto difícil y señala muy buenas pistas para continuar intentando responder el segundo.

Mediante una técnica conocida como componentes principales, el INEGI hace un ejercicio de estratificación y busca grandes grupos de personas y de hogares que sean homogéneos al interior, pero disímiles entre sí. El INEGI no prejuzga qué significa ser clase media, sino que deja que los datos hablen lo más posible. En otras palabras, usando una batería de 17 indicadores cualitativos y de hábitos de gasto, se ubicaron mediante modelos comparados, grandes estratificaciones poblacionales. Entre los indicadores hay cosas como el gasto per cápita en consumo de alimentos y bebidas fuera de la vivienda; gastos en cuidados personales; gastos en educación cultura y recreación, gastos en regalos otorgados a otros hogares, pago de tenencia y pago a tarjetas de crédito. A partir de estos criterios se encontró una estructura social particular dividida en siete estratos.

A partir de esos siete estratos, finalmente, el INEGI notó “cambios de magnitud significativos” en otros factores que no habían sido considerados originalmente y que dividían a los distintos estratos en tres grandes grupos (clase alta, clase media y clase baja). Estas segundas variables en las que hay “cambios de magnitud significativos” son interesantes porque comienzan a subrayar las pistas de lo que distingue a la clase media de la clase baja (y de la alta), cosas que podrían ser cruciales para entender cómo funciona la movilidad entre estratos sociales.

“Si del conjunto de hogares que en el estudio quedaron clasificados como de clase media se selecciona uno al azar, lo más probable es que ese hogar cuente al menos con computadora; gaste alrededor de 4,400 pesos al trimestre (a precios de 2010) tan solo en consumir alimentos y bebidas fuera del hogar; haya quien tenga tarjeta de crédito, así como un integrante inserto en el mercado laboral formal; lo encabece alguien que cuente al menos con educación media superior y que su estado civil sea casado, conformando un hogar nuclear de cuatro personas. Asimismo, lo más probable es que quienes viven en hogares de clase media trabajen en el sector privado y que sus hijos asistan a escuelas públicas. Llama también la atención que estos hogares dependan más de los créditos de interés social y/o los recursos familiares que del crédito comercial bancario, para el acceso a la propiedad de la vivienda.”

El retrato que hace el INEGI de nuestra estratificación es más pesimista del que se solía hacer unos años. Aunque este grupo social llamado clase media creció alrededor de 4% entre 2000 y 2010, en realidad aún somos un país de clase baja, más que de clase media. Y la clase media es un fenómeno principalmente urbano que no se ha transportado al campo de la misma manera.

“Mientras que en 2010 la clase media representa 42.4% de los hogares y 39.2% de la población nacional. En el ámbito urbano, la clase media asciende a 50.1% y 47.0% de hogares y población respectivamente; al tiempo que en el medio rural son de clase media 28.1% de los hogares y 26.0% de las personas. […] En términos absolutos a nivel nacional la clase media ascendía en 2010 a 12.3 millones de hogares y a 44 millones de personas”

Pero fuera de si la clase media es mayoritaria o no, lo realmente importante del tema es entender cómo sale la gente de la pobreza y no vuelve a caer en ella. Los temas subyacentes al de la clase media son la movilidad social, estabilidad socioeconómica de los hogares y los individuos y las estrategias para nivelar el acceso a oportunidades ubicables y socialmente relevantes (no todas las oportunidades son aprovechables por la clase media o por la clase baja que busca subir). Por eso es importante que ahora confirmemos empíricamente que un empleo formal por hogar, la protección legal al matrimonio, la educación media superior, los créditos hipotecarios (o la falta de ellos) están correlacionados con la clase media. Hay que ubicar cuáles de estos factores hacen más la diferencia y cuáles se pueden promover. Ese el siguiente paso por hacer, aprovechar el debate para pensar en factores cruciales que sirvan para transformar las políticas públicas dedicadas a lidiar con la esclerosis en la vulnerabilidad, la movilidad y la estratificación social.

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Publicado en: Sólo en línea