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Dice la escritora catalana Nuria Amat en su libro Viajar es muy difícil: “Las ciudades están hechas de personas. Las ciudades literarias están hechas de escritores. Qué mejor recuerdo del viajero para con el lector (viajero también él pero quieto) que el envío de una postal ofreciendo la imagen viva y coloreada de las mejores instantáneas de viaje. Qué mejor regalo para un lector que las vistas de distintos escritores moviéndose por la ciudad fantasma”. Esta columna intenta recuperar las postales que han dejado los escritores de lugares para ellos entrañables

Selección: Delia Juárez G.

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La ciudad más amada de Japón, fundada en el año 800 a.C., fue la primera capital imperial y su arquitectura está construida geométricamente en referencia al palacio del emperador en el lado norte de la ciudad. Situada en una cuenca de verdísimas colinas donde se hallan los templos más hermosos, el encanto de la ciudad se hace patente sobre todo en el centro histórico, aún con muchas casas de madera en torno a los canales, el barrio de los pintores y de los calígrafos. Entrar en un taller dedicado al papel puede ser toda una experiencia. En una ocasión me llevó a uno de ellos una persona nativa de Kioto que me había colmado de amabilidades y a la que quería corresponder de alguna forma. Le rogué que escogiera personalmente su regalo y me condujo a un taller de papel y tinta. Con la dueña del taller, una señora que llevaba un kimono elegantísimo, la persona que me acompañaba dio inicio a una viva conversación a la que siguió una larga exhibición de papeles de arroz de diferentes formas. Al final, tras escoger un papel, la dueña tomó un pincel y un tintero, dibujó en él un ideograma, cogió una caja de cartón, la envolvió con el papel y, tras confeccionar un entrelazamiento de nudos y lazos con una cinta de seda, se la entregó a mi acompañante. (En Japón, en el colegio, hay una asignatura dedicada al papel y a cómo realizar nudos.) Es difícil sustraerse a la propia cultura. Cuando salimos, le dije a la persona que me acompañaba: “Discúlpeme, pero no lo entiendo bien, en la caja no hay nada, ¿cuál es el regalo?”. “Es éste”, me contestó, mostrándome el envoltorio, “es muy hermoso, gracias”. […]

Tal vez sea el otoño el mejor momento para visitar Kioto, sus templos y sus jardines. El jardín de Entsuji, con su parcela de musgo y piedras diseminadas; el conjunto de templos de Daitokuji, con los papeles de Ikkyu, el mayor calígrafo zen, muerto a finales del siglo XV; el santuario Nashiki, donde se celebran las fiestas dedicadas a la planta del hagi, de delicadas hojas redondas, la planta más celebrada por la poesía tradicional. En noviembre, los habitantes de Kioto salen de la ciudad para contemplar los bosques que rodean Ohara y en el segundo domingo de noviembre, en las colinas del oeste, lugar de veraneo en otros tiempos, se celebra la Fiesta del Arce.

El jardín más aristocrático es el Kinkakuji, el Pabellón de Oro, celebrado en la novela de Yukio Mishima. Pero quien prefiera el barroco ostentoso de este templo (y a la prosa de Mishima, que tanto se le parece) la sobriedad y los claroscuros del autor de Elogio de la sombra, el venerable Tanizaki, puede acercarse a visitar su tumba situada en el cementerio jardín de uno de los templos budistas más hermosos de Kioto. Se yergue en la ladera de una colina arbolada y dejo su localización a la iniciativa del intrépido viajero.

La tumba de Tanizaki es una enorme piedra redonda depositada sobre la desnuda tierra. Cuando yo estuve allí, el terreno estaba cubierto de hojas de arce rojas, y la piedra me pareció natural, es decir, no trabajada por la mano del hombre, por más que en Japón resulte difícil en ocasiones (véanse los bonsáis) descifrar a primera vista aquello que es realmente natural de lo que la mano del hombre ha dotado de apariencia natural. Aparté las hojas en busca de inscripciones o de signos. En la piedra sólo había un ideograma cincelado y pintado después. Lo copié en mi cuaderno intentando ser lo más exacto posible, y esa noche se lo enseñé al empleado de la recepción que hablaba un perfecto inglés. “¿Qué significa?”, le pregunté. “Silence”, me contestó. Y después con una leve sonrisa, añadió: “Or Nothing, Sir”.

Fuente: Antonio Tabucchi, “Kioto, ciudad de la caligrafía”, en Viajes y otros viajes (traducción de Carlos Gumpert), Anagrama, 2012.

 

Delia Juárez G.

Autora del libro Gajes del oficio. La pasión de escribir y coordinadora de las antologías colectivas Y sin embargo yo te amaba. 12 autores interpretan a José José, Mudanzas y Anuncios clasificados.