A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

La figura de Juan Gelman como poeta y como hombre cobrará, conforme pase el tiempo, un valor cada vez más importante en la historia de la literatura hispanoamericana, no sólo por los reconocimientos y distinciones que recibió su precisa y entrecortada poesía (premio Juan Rulfo, Iberoamericano Pablo Neruda, Reina Sofía de Poesía y Premio Cervantes), sino porque él formó parte de esa clase de escritores donde la pasión literaria convive con una intensa vida política y social. Su colaboración en el grupo de los Montoneros lo vuelve, ya de entrada, una personalidad literaria inquietante. Él participó, como un miembro principal, en las reuniones decisivas de esta organización política antes del recrudecimiento de la lucha entre guerrilleros y militares en Argentina. Después fue enviado al extranjero para denunciar las atrocidades de la junta militar. Y más tarde se separó de la secta violenta. Según unos, para mal; según otros, para bien. En términos de la historia, una decisión acertada. Además es imposible no recordar la pérdida enorme que sufrió con el secuestro de sus hijos, la muerte de su hijo Marcelo y de su nuera María Claudia García y la desaparición por muchos años de su nieta, Macarena, que fue entregada a la familia de un policía en Uruguay. Como un hombre común, fuera de los compromisos ideológicos militantes, denunció los crímenes de la dictadura argentina y contribuyó al encarcelamiento de varios oficiales. En medio de todas estas circunstancias, la personalidad de Gelman adquiere un cariz complejo y desgarrador y su humana obra poética comienza a ganar, no sólo un número mayor de lectores, sino una profundidad dramática insoslayable y una conmiseración esencial. Aunque hay quienes leen con rapidez y simplificando el sentido de las piezas líricas del poeta argentino-mexicano, no es fácil comprender de un modo cabal el significado de la poesía de Gelman. Hay varios saltos muy interesantes: de los poemas frescos y eróticos de la juventud a los poemas dolorosos de la vejez; de las composiciones salpicadas de surrealismo a las piezas que están cerca de la poesía del lenguaje; de la poesía mundana a la poesía mística. Quizá su más grande obra sea el poema escrito en París, entre julio de 1984 y noviembre de 1987, “Carta a mi madre”. Obra asombrosa, insondable, de un sinceridad inusual y con un arte de construcción enorme. Su belleza y su significado escapa a las explicaciones literarias y a las opiniones intelectuales comunes. Pertenece con toda justicia a la poesía de finales del siglo XX, pero sobre todo es un resplandor del siglo XXI. Como lectores de su obra no podemos dejar de sentirnos profundamente conmovidos por el carácter apasionado, contradictorio y doloroso de sus textos, elaborados —como dijo Conrad— en el corazón de las tinieblas.

Víctor Manuel Mendiola. Poeta, narrador y ensayista. Su más reciente libro es 4 para Lulú.

slide-gelman2