El 26 de agosto de 1837 se inauguraba el primer ferrocarril entre París y Saint Germain. El banquete oficial ofrecía, entre otras cosas, un filete con patatas fritas. El tren tardaba —naturalmente—, y el cocinero, no sabiendo qué hacer, se vio en la necesidad de retirar las patatas del baño hirviente. Cuando se presentaron Luis Felipe y la reina Amelia, mientras la música atacaba los primeros compases, el cocinero, encomendándose a todos los santos, volvió a meter en la grasa sus patatas, preguntándose qué iría a suceder. ¡Oh portento! Sucedió que las patatas se inflaron y doraron. Y así nacieron las pommes souflées, que Luis Felipe se hizo servir hasta dos veces y que admiran las generaciones. Prefiérase la patata holandesa, de color amarillo.

Fuente: Alfonso Reyes, Memorias de cocina y bodega, Editorial Lectorum, México, 2012.