Ciudadanía y comunidad

Basta imaginar un día en la vida del ciudadano socialista para que nos pese el cuerpo: salir de la cama, recoger la cosecha por la mañana, pescar un momentito por la tarde y de ahí rápidamente a la asamblea.1 Oscar Wilde habría dicho que el problema con el socialismo es que tomaría demasiadas tardes: para constituirnos como una sociedad de iguales hemos de estar siempre ocupados en juntas, talleres, reuniones del consejo y círculos de discusión. Construimos, plantamos, cosechamos y nos autogobernamos. Será quizás una visión que se asemeje a las aspiraciones clásicas de la ciudadanía democrática2 —un ciudadano que presta su tiempo al servicio de la comunidad política— pero es un ideal acaso incompatible con todo aquello que más atesoramos: ir al cine, comer a destiempo, pasarse la tarde jugando con los hijos, sentarse frente a la televisión.

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Publicado en: 2013 Diciembre