Pronto los griegos fueron involucrados prácticamente en todos los niveles en el proceso de expansión del Estado persa. Arquitectos, escultores y canteros griegos trabajaron para construir Pasagardas, Susa y Persépolis. A pesar de que los detalles son inciertos, su participación es segura. Hay una inscripción de finales del siglo VI (a. C.) de uno de los picapedreros que sirvió en las construcciones de Persépolis. La inscripción dice: “Yo pertenezco a Pitarco”. Pitarco debe haber sido un contratista griego. Probablemente los griegos recuperaron la palabra paradeisos para indicar el jardín de caza o cercado, de estos primeros contactos con la arquitectura y el paisaje iranios (la palabra apareció primero en Jenofonte, entre las fuentes existentes).

Fuente: Arnaldo Momigliano, La sabiduría de los bárbaros. Los límites de la helenización (trad. Gabriela Ordiales), FCE, México, 1988. (Y la rosa de regalo en otro pasaje: “Seríamos transportados a un periodo más remoto aún de relaciones entre Grecia e Irán con la palabra para la rosa —rhodon—, cara a Homero y a sus maestros de poética. Se dice que la rosa es un regalo de Irán en la Edad del Bronce”.)