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He recorrido tantas veces este mismo camino
que no dejan de sorprenderme sus pequeños y grandes detalles.
Hay debajo de mis pasos imanes y trazos de mapas estelares;
mas el asfalto resulta una realidad que no es de fiar,
ni retiene los ecos de este andar todos los días
desde hace tiempo acá, ni mi memoria es parte de su desgaste;
horada el viento la rudeza creada por el hombre
como desde el principio de los tiempos a las rocas.
Sé que en el fondo de esta repetición,
leer y caminar son ahora sinónimos,
como lo son las ciudades a las que entremos
o de las que nunca salimos y en muchas la vida
es una noria o un laberinto y no llevamos hilo alguno
ni monstruo espera ni mujer ni Dios ni hay silencio.
Porque no conozco otra ciudad
y conozco todos los caminos de vuelta a casa
—aunque estoy seguro que la vida depara siempre algo inesperado—
es que sé que hay una ciudad en las palabras
como en los recuerdos hay cuerpos,
conversaciones e imágenes
y sorpresas y también la tibieza y momentos tristes.
No sé escribir sino desde el presente
aunque a veces son de nuevo las palabras el instante vivido
y no sé adivinar, ni ver con otros ojos que los míos
y al escuchar a los otros aprendo a sostener el peso de su decir
con las palabras que se traducen en un invierno
o una ventana con un vidrio roto.
Acaso por esta razón el olvido es un espacio
al que llego puntualmente con todos.

 

Josué Ramírez. Poeta. Su más reciente libro es Trivio.