Quizá por su misma vocación de fantasma, Francisco Tario (nombre de pluma de Francisco Peláez Vega, 1911-1977) es uno de esos autores que aun después de su muerte (o sobre todo después de su muerte) inquieta a los lectores. Por más de una década, luego de que en las páginas de la revista Vuelta el crítico José Luis Martínez dio la noticia de su fallecimiento en Madrid, se pensó que ese hecho significaba a la vez el punto final, definitivo, de una obra, que había cerrado en 1968 con la publicación en Joaquín Mortiz de Una violeta de más. El que ese tramo último sucediera en España marcaba también una distancia que parecía insalvable. Tario se volvió lejano y legendario, un espectro cuya huella literaria más sólida era el relato “Entre tus dedos helados”, aparecido en numerosas antologías de la narrativa mexicana.
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