Escribo esta nota sin haber leído aún el libro del historiador francés Christian Duverger Crónica de la eternidad. ¿Quién escribió la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España? (Taurus, 2013). Leí con azoro, sin embargo y como muchos, las notas periodísticas de Milenio (Jesús Alejo Santiago, enero 26), Reforma (Silvia Isabel Gámez, febrero 8) y El País (Luis Prados, febrero 9) en las que Duverger habla de su libro y concluye al cabo de diez años de investigación que Bernal Díaz del Castillo no fue Bernal, como abreviamos o compactamos en una sola palabra tanto la Historia… como el nombre de su autor, sino lo que en adelante habríamos de llamar “Bernal”, el falso Bernal entre comillas, en caso de que se reconozca la autoría que Duverger reclama para alguien más: Hernán Cortés.

De las notas periodísticas extraje varios azoros, dentro del azoro general, que informan las conclusiones de Duverger.

• En sus últimos años, cuando Carlos V prohibió sus Cartas de relación, Hernán Cortés quiso asegurar su paso a la posteridad mediante dos crónicas de su Conquista de la Nueva España: una que encargó a Francisco López de Gómara, y otra de su autoría, que concibió como la narración de un testigo anónimo, de un soldado raso.

• Cortés tiene la visión muy novedosa de que hay dos maneras de escribir la historia: a partir de archivos, o a partir de testimonios de testigos.

• Un análisis del estilo de la crónica revela que su autor estaba impregnado de prosa latina y construcciones propias del náhuatl, que sólo alguien como Cortés, según Duverger, fascinado con México e “inmerso en un proceso de mestizaje pudo dejar que penetraran en su manera de escribir en castellano”. Dos características que coinciden con las Cartas de relación.

• Frente a la idea tradicional de un Cortés aislado y perdedor, Duverger se centra en la etapa (1543-1546) que pasó en Valladolid y descubre a un hombre intelectualmente muy activo, que organiza en su casa una academia en la que se dan cita los notables de la ciudad y se discute sobre temas como “el cronista y el príncipe” o “la historia oral y la historia documentada”.

• Cortés contrata a López de Gómara, a quien confía sus archivos para que escriba la historia oficial —en su testamento dejará dicho que se le paguen 500 ducados por el trabajo— al tiempo que él escribe sus memorias, “inventando al personaje del soldado anónimo con la libertad de un novelista”, dice el historiador; subraya que la estructura de las dos obras es idéntica.

• Cortés muere en 1547, la obra de Gómara es prohibida —“su poseedor corría el riesgo de pagar una multa altísima, equivalente al precio de 20 mulas”— y su manuscrito permanece oculto durante dos décadas. Pero la sublevación de los tres hijos de Cortés en México al frente de los herederos de los conquistadores contra las Leyes de Indias que amenazaban con confiscar sus propiedades en 1566 resucita el texto. La crónica escrita por Cortés viaja a América con intención de convertirse en el gran golpe de efecto que legitime la causa de los primeros criollos. La conspiración fracasa y los hijos del conquistador son detenidos y enviados al exilio. Antes, los hermanos envían “el documento a Guatemala, donde vive Bernal, uno de los pocos supervivientes de la Conquista” y cuya existencia está por primera vez documentada en 1544.

• Su hijo, Francisco Díaz del Castillo, afirma Duverger, aprovecharía la oportunidad de mejorar su posición en sus pleitos “convirtiéndose en hijo de héroe”, haciendo modificaciones para incluir el nombre de su padre e incurriendo en flagrantes contradicciones “como criticar algunos párrafos de Gómara que nunca aparecieron en su versión dada a la imprenta” y que sólo pudo conocer Cortés. El manuscrito sufriría algunas manipulaciones más hasta su definitiva impresión en Madrid en 1632 con el título que conocemos y la autoría de Bernal.

• Añade Duverger: Cortés sería “el verdadero fundador, como dijo Carlos Fuentes de Bernal, de la novela latinoamericana”.

Pues sería mucho más al abrirse una gran cantidad de imaginaciones literarias luego del hallazgo. Si Duverger está en lo cierto, y con la colaboración del mistificador hijo de Bernal, Cortés novelista competiría por ejemplo con el mismísimo Cide Hamete Benengeli y las magias autorales del Quijote. O bien, en su prólogo canónico a la Historia verdadera…, el historiador Carlos Pereyra se refirió a Tenochtitlán como a “la arrasada Troya de Cuautémoc”. Cada vez que recordaba esto, me decía: Homero aún está a tiempo para la Tenochtitlada o equivalente, por el hecho de que “Homero”, o la serie de textos y autores que conocemos como Homero, volvió literatura cosas que habían ocurrido cinco siglos atrás, los mismos que nos separan de la Conquista de México. Pues bien: según avances de Duverger hay un autor que ya trabaja en eso y que para los 500 años de la caída de Tenochtitlán en el 2021 puede darnos la sorpresa: la gran novela, que como dice el lugar común es la épica de nuestro tiempo, sobre la Conquista de México. Este autor que viene se llama Hernán Cortés; con ustedes, el Homero de su propia Ilíada.

Ahora: supongo que no fui el único que sintió, ante la noticia, un deseo casi físico de leer el “Bernal”. Pero un libro tan joven, tan recién descubierto ameritaría un perdido (en mi caso) impulso juvenil al momento de emprender la lectura, como si fuera la primera vez. Hay un modo de intentarlo. Le llamo Proyecto Cardoza. Sobre esa primera vez escribe Luis Cardoza y Aragón en El río. Novelas de caballería: “Aún me acuerdo del deslumbramiento de Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, que comencé por la tarde y terminé en las primeras horas del día siguiente”.

Luis Miguel Aguilar. Poeta y ensayista. Entre sus últimos libros: Las cuentas de la Ilíada y otras cuentas y El minuto difícil.