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Aniversario. Se cumplen 50 años de la publicación de Recuerdos del porvenir, de Elena Garro, el libro que Octavio Paz definió con toda razón como “una de las creaciones más perfectas de la literatura hispanoamericana contemporánea”. Con la guerra cristera de fondo, el pueblo habla: “—¡Viva Cristo Rey! El grito se prolongaba en los portales. Sonaron disparos persiguiendo aquel grito que dio la vuelta al pueblo. A oscuras lo correteaban los soldados y él surgía de todos los rincones de la noche. A veces corría delante de sus perseguidores, luego los perseguía por la espalda. Ellos lo buscaban a ciegas, avanzando, retrocediendo, cada vez más enojados. Después, durante noches y noches, se repitió el baile del grito y de los soldados que zigzagueaba por mis vericuetos y mis calles”. (Joaquín Mortiz, 2010.)

Beber. “Beber alcohol, embriagarse es un deporte, te aficionas y ya, lo haces desde joven y no te preguntas. Si no tomara unos tragos todos los días, el futuro vendría a chingar y a darme de puntapiés. ¿Te gustaría vivir con un hombre atiborrado de patadas en el culo? Estoy seguro de que me despreciarías aún más. Además, los ebrios deben beber, no preguntarse por qué beben; necesitan concentrarse en sus asuntos. Son bebedores no filósofos”: Guillermo Fadanelli, Mis mujeres muertas (Grijalbo, 2012).

Carta. “Cartas de amor a un dictador”, la introducción al libro de Diane Ducret, Las mujeres de los dictadores, nos revela que Adolf Hitler recibió más de 10 mil cartas hacia 1945, entre ellas: “Mi Führer, hoy puedo afirmar que mi voto de lealtad y amor absoluto, mis ideas y mis sentimientos sólo le pertenecen a usted, mi Führer, mi hombre tan amado, el más noble, el más grandioso, el más maravilloso, único y genial, enviado de Dios, sólo a usted, mi Führer, sólo a su misión y su redención pacíficas, sólo a usted, hijo elegido, ungido, coronado y amado de Dios, celeste mensajero de paz, ejecutor de la voluntad divina en la tierra, su pueblo y su Reich pangermánico, y su magnífico ejército de héroes […]. Mi Führer, Señora Dagmar Dassel”. (Traducción de Núria Petit Fontseré, Aguilar, 2012.)

Desconocidos. “Los desconocidos también cumplen una rutina y en ocasiones se convierten en una costumbre. […] Reconocer a un desconocido puede suponer el principio de una pequeña intromisión intempestiva. En secreto se establece una curiosidad acaso recíproca. Sin que se lo propongan, se vuelven testigos mutuos de algunas de sus reiteraciones cotidianas. A veces terminan por conocer el lugar al que se dirigen diariamente a determinada hora. Advierten algunas de sus preferencias, como el periódico que leen, los anuncios en los que se detienen, sus gestos elementales, la manera en la que se distraen a la espera. Se conoce la ropa que repiten, pero con frecuencia se desconoce el sonido de su voz”: Javier García-Galiano (La silla de Karpov, Ficticia Editorial, 2012).

Emociones.
A propósito de su más reciente libro, El gobierno de las emociones (Herder, 2011), un entrevistador de la revista Filosofía hoy le hizo este comentario a la filósofa Victoria Camps: “Las emociones más incapacitantes, en su opinión, son las que, como la tristeza, merman la potencia de actuar y desmoralizan al ser humano. El miedo, la vergüenza, la indignación, la culpa pueden bloquear a quien los padece y hacer que su vida se detenga, inhibiendo sus deseos y la capacidad de elegir”. Camps añadió esto en su respuesta: “Efectivamente, las emociones son necesarias porque sin ellas no hay motivación para actuar. Pero hay emociones inadecuadas, que sólo nos inhiben de actuar o nos llevan a actuar erróneamente. El miedo o la vergüenza pueden ser buenos, pero pueden paralizar la acción. Indignarse está bien si el objeto de indignación merece esa reacción, pero puede ser pueril. Conocer el porqué de las emociones y gobernarlas es, a mi juicio, lo que hace la ética”.

Filosofía. Ética de urgencia (Ariel, 2012) “no es —escribe Savater en la presentación— una obra directamente escrita por mí, sino la transcripción cuidadosa y selectiva de coloquios que he mantenido en dos centros de enseñanza”. En uno de esos coloquios afirmó: “Cada vez que nos hacemos una pregunta filosófica estamos tratando de averiguar algo más sobre nosotros. En lugar de vivir rutinariamente, por imitación, porque no hay más remedio, porque nos han dado un empujón y tenemos que seguir, hacemos el esfuerzo de vivir deliberadamente. En cierto sentido, nos ponemos a andar mirándonos los pies, no levantamos la vista, y eso es problemático, y tiene riesgos, claro, porque podemos tropezar. Pero es que la filosofía no sirve para salir de dudas, sino para entrar en ellas. Las personas que no dudan nunca son las que nunca filosofan; son personas serias, incapaces de asombrarse”.

Gajes del oficio. Descubrimientos. Crónicas inéditas de Clarice Lispector, incluye una entrevista que la escritora brasileña le hizo a Pablo Neruda en 1969. Lispector le preguntó: “¿Cuál fue la mayor alegría que tuvo por el hecho de escribir?”, y Neruda respondió: “Leer mi poesía y ser oído en lugares desolados: en el desierto a los mineros del norte de Chile, en el Estrecho de Magallanes a los esquiladores de ovejas, en un galpón con olor a lana sucia, sudor y soledad”. (Traducción de Claudia Solans, Adriana Hidalgo, 2010.)

Instrucciones. El poeta y periodista Jeremías Marquines tomó la figura y la obra de Malcolm Lowry durante un viaje del escritor a Acapulco en 1936, y escribió el poema “Instrucciones para escribir estando borracho I”: “Tener un gallo negro que te pique los ojos./ Tocar el ukulele en el cementerio, bajo/ la salpicada luz lunar de un único farol./ Abrir paraguas dentro del sueño de tu padre/ donde caen las frescas gotas de su amargura./ Y gin con jugo de naranja todas las mañanas”. (Acapulco Golden, Era, 2012.)

Jogo bonito. “Lo inventaron los brasileños —por eso la expresión en portugués— con su talento endemoniado, y tratan de practicarlo a veces equipos de otras latitudes, no siempre con buenos resultados. Se dice que lo encarna aquella escuadra que da espectáculo y aporta belleza, con toques de primera y piruetas sobre un escenario empastado. El público suele retribuir con aplausos espontáneos cualquier intento genuino de convertir al futbol en un arte. Los equipos brasileños malos y pragmáticos suelen ser denunciados por el comentario deportivo por su traición a los orígenes del jogo bonito”. (Francisco Mouat, Patricio Hidalgo, Diccionario ilustrado del futbol, ilustraciones de Guillo, Lolita Editores, Santiago de Chile, 2012.)

Llamamiento. Gracias a la difusión que Ricardo Bada hace de la revista digital Frontera D, me entero: “Aunque sus ecos apenas han llegado hasta nosotros y ningún periódico español lo ha publicado, hace unas semanas el diario francés Le Monde y el italiano La Reppublica lanzaron el ‘Llamamiento a los 451’ (en homenaje al Farenheit 451, de Ray Bradbury), un colectivo que reúne a otros tantos editores, correctores, impresores, distribuidores, libreros, traductores y bibliotecarios de todo el mundo. Denuncian la degradación acelerada que están sufriendo las formas de leer, producir, compartir y vender libros […]: ‘No podemos avenirnos a reducir el libro y su contenido a un flujo de datos electrónicos clicables [sic] hasta la náusea; lo que producimos, compartimos y vendemos es, ante todo, un objeto social, político y poético’ ”.

Manzanas. “Esquivando la terrorífica mirada de su madre,/ un par de rosadas manzanas me dio una grata mujer./ Quizá el fuego mágico de los amores furtivamente se mezcló/ con las manzanas enrojecidas: soy un desgraciado/ prendido a una llama. Pero en vez de pechos,/ oh dioses, en mis manos frustradas tengo manzanas”: “Sin título”, de Paulo. (Epigramas eróticos griegos. Antología Palatina, traducción y notas de Guillermo Galán Vioque y Miguel A. Márquez Guerrero, Alianza Editorial, 2001.)

Normalidad. En El hijo eterno el escritor brasileño Cristovão Tezza revela sus más íntimos pensamientos al conocer la noticia de que su hijo nació con síndrome de Down: “Como en el cómic imaginario, donde los hechos se suceden sin interrupción, él ya está en casa. Hay un simulacro de normalidad, desde el muñequito azul en la puerta del cuarto del hijo —los regalos, los paquetitos, las sonajas colgadas, los adornos, la increíble parafernalia de un recién nacido, pañales, talcos, ropa, zapatitos, baberos, juguetes— hasta las más pequeñas medidas. Padre y madre platican como si no estuviera pasando nada, hasta que un pequeño brote de depresión aflore, y entonces un ligero gesto del otro reponga la normalidad posible, en una balanza compensatoria”. (Traducción de María Teresa Atrián Pineda, Elephas, 2012.)

Orar. Ora, lege, lege, relege, labora et invenies: ‘Ora, lee, lee, relee, trabaja y encontrarás’. Esta es una de las dos únicas líneas de texto escrito que aparecen en el célebre libro mudo (Mutus Liber), documento de la alquimia tradicional, consistente en una serie de grabados”: Diccionario de expresiones y frases latinas de Víctor José Herrero Llorente (Gredos, 1992).

Pintura. Afirma Georges Bataille sobre la pintura de Van Gogh: “No veremos el sol ‘en toda su gloria’ hasta 1889, con motivo de la estancia del pintor en el manicomio de Saint-Rémy, es decir, después de la mutilación. La correspondencia de esta época demuestra que la obsesión estaba alcanzando un punto culminante. Fue entonces cuando empleó en una carta a su hermano, la expresión ‘el sol en toda su gloria’ […] Para representar la importancia y el desarrollo de la obsesión de Van Gogh es necesario poner en relación los soles con los girasoles. Esta flor también es conocida con el propio nombre de sol, y en la historia de la pintura está unida a la figura de Vincent Van Gogh, que escribía que de alguna manera él tenía el girasol (al igual que se dice que Berna tiene el oso, o Roma la loba)”. (La oreja de Van Gogh, Casimiro libros, Madrid, 2011.)

Rulfo. Dos libros recientes sobre Juan Rulfo. Uno que se ocupa de su obra, escrito por Françoise Perus: Juan Rulfo, el arte de narrar (Editorial RM/Unam/Fundación Juan Rulfo, 2012) y otro, Cartas a Clara (Editorial RM/Fundación Juan Rulfo, 2012) que revela la intimidad del escritor: “Yo siempre me he sentido miserable, enormemente miserable, como te lo he dicho varias veces. Mucho, porque yo he querido serlo, mucho porque me han hecho sentir que lo soy. Me han golpeado, sabes, me han dado duros golpes en eso que le llaman sentimiento. No sé quién: pero sí sé que a veces, cuando me examino el alma, la siento un poco quebrada (junio de 1947)”.

Suicidio. Libros, películas, arte, sustancias, lugares, formas, causas, todo lo relacionado con el suicidio lo documenta de manera minuciosa Carlos Janín, catedrático y pintor, en su Diccionario del suicidio (Laetoli, Pamplona, 2009): “La muerte voluntaria —escribe­­— obedece a las más variadas motivaciones, reviste las formas más peregrinas y recurre a los métodos más impensados. Es tan polimorfa e imaginativa que siempre dejará sin argumentos a quien quiera rebatirla o exaltarla, borrando todas las fronteras, sembrando la confusión e impidiendo todo maniqueísmo. […] Esta visión panorámica de un fenómeno tan extendido a través del tiempo y del espacio […] puede ayudar a entender ese instinto de muerte y autodestrucción que opera incesantemente en él, y a desentrañar la excéntrica conducta del imprevisible ser viviente que somos todos nosotros”.

Traducción. Sergio Parra, bloguero de Papel en Blanco, comparte que “la empresa Today Translation realizó una encuesta entre mil lingüistas de todo el mundo para escoger la palabra más difícil de traducir en todos los idiomas. La palabra escogida pertenece al idioma tshiluba (hablado en la República del Congo) y ha sido ilunga: ‘una persona que está dispuesta a perdonar cualquier abuso la primera vez, a tolerarlo la segunda, pero no la tercera’”.

Utilidad. “Estar echado en la cama sería la experiencia perfecta y suprema, a condición de tener un lápiz de colores bastante largo para poder hacer dibujos en el techo. Pero un adminículo de ese tipo no forma parte, en general, del ajuar doméstico. Por mi parte creo que la cosa podría arreglarse mediante unos cuantos cubos de pintura y una escoba. Ahora bien, si uno trabajara de un modo realmente barredor y magistral y aplicase el color en grandes masas, el color gotearía sobre la cara del que está tumbado, en olas de rico y mezclado color como el de alguna extraña lluvia de cuento; y esto no dejaría de tener sus desventajas. Sospecho que para esta forma de composición artística sería necesario limitarse al blanco y negro puros. Y en realidad para este fin un techo blanco sería de la mayor utilidad. En realidad es la única utilidad que se me ocurre para un techo blanco”: G. K. Chesterton. (“Echado en la cama”, Enormes minucias, traducción Vicente Corbi, Espuela de Plata, Salamanca, 2011.)

Vagabundos. En “Niños vagabundos”, una de las crónicas incluidas en El paseante de cadáveres. Retratos de la China profunda, un niño callejero de 14 años confiesa al escritor y periodista Liao Yiwu que no teme ser llevado a una correccional de menores: “Chengdu está lleno de niños como yo, algunos dentro de colegios y otros que se han escapado de casa. Si nos juntaran a todos llenaríamos un colegio entero. ¿Y qué tiene de malo una correccional? Te dan comida y ropa gratis y, además, no te obligan a estudiar. Las clases también son gratis, no hay que hacerles regalos a los profesores y no se gasta el dinero en lo que no se debe. Xiemin y yo ya lo hemos hablado muchas veces, cuando cumplamos quince o dieciséis años queremos entrar en uno. Ahí dentro se hacen hombres, se hacen héroes”. (Traducción de Leonor Sola, Sexto Piso, México, 2012.)

Zeta.
Se queja Javier Marías: “La RAE ha decidido que el nombre de esa letra se escriba sólo con c, porque con ésta se representa ese sonido —en parte de España— antes de e y de i. Siempre me pareció tan adecuado que el nombre de cada letra incluyera la letra misma que durante largo tiempo creí que la x se escribía ‘equix’, aunque todos digamos equis y así se escriba de hecho. Pero es que además el reciente Diccionario panhispánico de dudas, de la misma RAE, valida grafías como ‘zebra’ (aunque la juzga en desuso), ‘zinc’ o ‘eczema’. Y, desde luego, no creo que se oponga a que sigamos escribiendo ‘Ezequiel’. No veo, así pues, por qué ‘zeta’ pasa a ser ahora una falta. No está mal que haya algunas excepciones o extravagancias ortográficas en las lenguas y en español son tan pocas que no veo necesidad de suprimirlas”. (Lección pasada de moda. Letras de lengua, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2012.)

Delia Juárez G. Editora y traductora. Su libro más reciente es Gajes del oficio. La pasión de escribir.