Aunque maligna y parcial, esta crítica no pretende para sí la objetividad científica. Si el hombre antiguo tenía su Escila y su Caribdis, el moderno tiene el Acuario y el Edipo. Y si ha logrado evitar a los primeros forjando a sus dignos sucesores, ahora puede estar seguro de que todo el éxito se resume en el último. A ciencia cierta, actualmente nada —o casi nada— es posible sin Edipo. Ni la vida familiar, ni la misma arquitectura.
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