Vale la pena hablar sobre ella? ¿No se canceló hace mucho el tema? Al parecer, una disputa de dos mil años se ha agotado. El lujo parece haber vencido a sus adversarios. Al cubrir vastas superficies hasta la saciedad, el lujo ha conquistado las zonas peatonales y los mercados cash-and-carry por lo menos en el llamado mundo occidental, al que pertenece, a pesar del absurdo geográfico, Japón, pero no Cuba. El lujo ha ganado terreno en las mismas calles de Moscú y en los bazares de Manila. Todo esto suena a cinismo ante la miseria que se extiende en el Oriente y el Occidente. Sin embargo, esta argumentación nunca impresionó a los adoradores y beneficiarios de la abundancia, y hoy en día menos que nunca. Cuando una bomba explota en una tienda de delicatessen en París, o cuando un grupo de exaltados desencadena su furia y destruye un restorán en Berlín, donde según ellos se come muy bien, uno puede ver difícilmente en estas formas brutales y cansadas de la protesta algo más que combates en retirada —combates a los que les falta un apoyo masivo.
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