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En el año 1862, durante la guerra civil en Estados Unidos, muchos poderes extranjeros se interesaron en el conflicto, incluyendo al rey de Siam (hoy Tailandia), quien propuso enviarle a Abraham Lincoln un par de elefantes que podrían ser muy útiles para los esfuerzos de la guerra. Cuidadoso de no ofender al rey (quien había mandado también otros regalos ceremoniales), Lincoln sin embargo escribió una carta para declinar el ofrecimiento:

“Recibí también en buenas condiciones los regalos de la realeza que acompañaban esas cartas —me refiero a una espada hecha de materiales costosos y exquisita manufactura; un retrato fotográfico de Su Majestad y la amada hija de Su Majestad; y también dos colmillos de elefante de un largo y una magnitud que indican que sólo pudieron pertenecer a un animal nativo de Siam.

”Aprecio sumamente la delicadeza en los buenos oficios de Su Majestad para enviar a este Gobierno una reserva a partir de la cual tuviéramos un suministro de elefantes criados en nuestra propio suelo. Este Gobierno no dudaría en avalar una oferta tan generosa si el objeto pudiera tener una utilidad práctica en las condiciones presentes de los Estados Unidos.

”Nuestra jurisdicción política, sin embargo, no alcanza una latitud tan baja como para favorecer la multiplicación del elefante, y por tierra, y por agua, el vapor ha sido nuestro mejor y más eficaz agente de transporte en el comercio interno”.

Fuente: blog Déjà Vu, octubre 1, 2012.