Imperio

Los lunes son los peores días de la semana. Parecen una continuación del domingo, que es el segundo peor día, no de la semana sino del universo. Dios descansó y nos mató de hueva a todos. Hay sólo dos cosas buenas los domingos: 1) juegan los Pumas y 2) Acción. Los domingos a las siete de la noche pasan mi programa favorito de la tele: es un resumen deportivo donde retransmiten las mejores jugadas y los goles más increíbles de la jornada. Acción me gusta porque va al grano y no hay que echarse 90 minutos para saber que los Tecos o el Correcaminos acaban cada ocho días empatando a ceros. También pasan los fallos de los árbitros, que además de una buena dieta necesitan lazarillo. Me da risa cuando Ernesto les grita por la tele: “¡córrele pinche marrano!” o “¡árbitro culero!”, y mamá se enoja porque nos enseña malas palabras. Lo que mamá no sabe es que conozco todas las malas palabras del mundo, aunque no las diga. Me las guardo. No está bien decirlas, pero me gusta saber que puedo usarlas cuando yo quiera. Además no son tan malas. Son sólo palabras. Cada Acción tiene un número: llevan la cuenta de los programas que emiten. Lo dice el locutor, justo al empezar. El domingo pasado fue el 1734. Eso es mucho tiempo. Miss Guille dijo el otro día en clase que cada año tiene 52 domingos, o sea que antes de que naciera ya existía Acción. A veces pienso que desde que nací no ha ocurrido nada importante. Ni siquiera la Selección ha conseguido pasar de octavos en el mundial. Ernesto dice que en este país es más fácil encontrar un político honrado que un futbolista decente: a mí me da igual, me conformo con que alguna vez juguemos el quinto partido. Mi parte favorita de Acción se llama “El oso de la semana”. Allí eligen la jugada más ridícula o el fallo más torpe y lo emiten una y otra vez, con acercamiento y en cámara lenta. Pobres jugadores: me daría mucha vergüenza volar el balón enfrente de la portería o tropezarme como hacen ellos, y que luego todo el país se ría de ti por televisión. Además a velocidad phantom cualquiera parece retrasado. Imagino cómo sería si en lugar de hacer el ridículo en el patio del colegio, se me ocurriera hacerlo en el Azteca. Cagar un gol sin portero, por ejemplo. Me moriría de pena. Acción me entretiene, lo veo sin falta todos los domingos, pero cuando termina y el locutor repite el número de emisión, y promete volver la próxima semana con más goles y más errores, y se encienden las luces en la calle, se me forma un hueco en el estómago y me dan ganas de llorar. Entonces mamá comienza a fastidiarme para que prepare los útiles y me meta al baño: yo me quedo bajo la regadera hasta que se consume el boiler y el agua se pone helada, me quedo mirando los pequeños azulejos, tan opacos, colocados uno tras otro, y entre ellos esa unión de yeso verdoso que crea formas extrañas y a veces consigue arrastrarse hasta la cerámica. Intento limpiar esos huecos con jabón y champú, tallo mis dedos de viejito para ver si el azulejo puede ser blanco de nuevo, pero nada. Esas manchas no se quitan. Los domingos son una mierda. Yo creo que es porque odio los lunes y las noches de domingo son casi lunes: se sienten idénticas.

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Publicado en: 2012 Diciembre