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Tedi López Mills,
Libro de las explicaciones,
Almadía,
México, 2012, 274 pp.

La disputa sobre si el arte aporta un valor adicional al fluir de la vida admite teorías variadas aunque comparto la que señala que el arte es gratuidad y por tanto un ejercicio libérrimo del ingenio. Una profesión de fe que se sirve de un procedimiento técnico para reproducir o contener belleza, así sea de modo fugaz.

Así, la literatura no deja de adivinar su posible forma en el espejo para meditar sobre sus alcances. Al girar sobre sí misma obtiene una perspectiva más amplia de su propio objeto de estudio, que es ella misma. Es aquí donde logran sincronía estas “explicaciones”: gratuitas, errabundas, todas cíclicas y rutilantes.

Lejos de que el mercado editorial pretende imponernos la lectura de novelas, que publica a velocidad indescifrable, tanto el relato corto como el ensayo personal y hasta narrativo, siguen latiendo en nuestra literatura. Y no es un latido agónico ni pausado, sino rítmico y galopante. También, por fortuna, la prosa híbrida, aquella que mezcla saberes y registros.

Sirva como prueba El libro de las explicaciones, de Tedi López Mills (ciudad de México, 1959), que se abre paso entre la hilera larga de nuestra tradición ensayística y abre otro eslabón de continuidad. En estas páginas —celebratorias, perplejas, inquisitivas— se leen ensayos anfibios que parten de una lejanía familiar y a un tiempo remota. Al final, aterrizan en esa geografía elusiva que demanda una segunda lectura.

La ductibilidad de la prosa habita el interregno de lo virtuoso. Las posibilidades que ofrece son variadas y no se terminan de explorar registros. López Mills construye finísimos andamiajes prosísticos de exquisitez relojera. En más de uno vence la tesitura narrativa —pienso en “Retrato una lectora adolescente” o en “Los celos en una mente muy moderna”—, aunque esto no se traduce en una pérdida, sino en apenas una variante.

En otras piezas el aliento íntimo dota de sentido y unidad al volumen, provocando ese agradable desconcierto que nace de encontrar lo inesperado —pienso en “La imaginación convertida en recuerdo” o “Los gatos y yo”. Los hallazgos se suceden con naturalidad y varios se antojan prodigiosos, dada su nitidez. Gotean, además, desde el filo de la página.

El soporte de una prosa madura articula estas piezas en un organismo translúcido. Este libro es un objeto que conversa con el lector. Aquí lo mismo cabe una memoria familiar, que pudiera ser autobiográfica o ficticia, que un ensayo personalísimo sobre cómo La náusea de Jean-Paul Sartre dialoga con Memorias del subsuelo, de Dostoievski, y a la vez estas dos lecturas impactaron la construcción de un proyecto vital. También hay páginas que peregrinan con fortuna por la broma erudita y el diario de viaje.

Todo entrevisto a través un lenguaje oracular, que culmina en una expectativa que se verifica sobrada. Son apenas algunos los libros misceláneos que están soldados a mano e impactan la visión literaria de sus lectores, incluso en aquellos de ojo clásico. Este es uno de ellos.

López Mills mira con atención por donde los demás pasean la vista. También se detiene a hilvanar, desde la intuición, hebras que buscan permanecer como maraña. El resultado es uno de los libros de ensayo más significativo de los últimos años. Por supuesto no es gratuita la cita que abre el libro, de Michel de Montaigne. En estas explicaciones se habla desde el yo que merodea el espectáculo vivo del mundo, que para darle sentido ensaya —en el sentido más amplio de la acepción— acercamientos o distancias voluntarias desde una óptica insólita y hasta documental.

Entusiasma que su tratamiento del lenguaje participe de una manufactura de orfebre, de aristas pulidas con distinción. Páginas del volumen logran el pasmo por su golpe seco, además de ser fermento para continuar la reflexión. Camino de espejos y travesía sin puerto de llegada, cada una de estas explicaciones se trenzan alrededor de un punto único: el yo del ensayista. Escritura copiosa aunque contenida, la prosa que deriva en cada línea es una confesión de amor por la literatura y el mundo.

Divagar, aquí, es acceder a un lugar de privilegio.

El carácter errabundo de esta pluma ronda a la deriva y consigna preocupaciones introspectivas. Figura López Mills en este libro más cerca del lector que nunca. Da lo mismo si ensaya sobre la sabiduría, fumar, la memoria o una reflexión sobre la pobreza. Importa que el aliento rítmico se pronuncie sobre la hechura. Y lo hace. El paso lento aquí es trote y la inmovilidad un tránsito cronometrado.

Destaca el ensayo sobre Cioran, que procura mirarlo desde una perspectiva aséptica y socarrona. En ese texto destila la tradición de nuestra mejor ensayística. Igualmente, la escritura fragmentaria de varias piezas, tejida con arrojo y tanteos muy repasados que atinan al blanco.

Leemos, entonces, una cartografía razonada sobre los hechos del mundo, entrelazada para dar cuenta de ellos.

Luis Bugarini. Crítico literario.