Decía el filósofo Favorino que la alabanza tenue y fría perjudica más que vehemente y acerbo vituperio. “El que habla mal y censura, pone hiel en sus palabras, y menos se le cree a medida que mayor odio e injusticia muestra. Por el contrario, la esterilidad, la sequedad, la frialdad del elogio, parecen revelar la pequeñez del asunto; y el apologista pasa entonces por un amigo que quiere alabar y no encuentra nada que merezca elogio”.

Fuente: Aulio Gelio (s. II), Noches Áticas, Editorial Porrúa (Sepan Cuantos 712), México, 1999.