Pan de vivos

Parece que la estoy viendo. Detenida en la cumbre del Teide, un volcán de piedra naranja y ocre, suspendido entre las nubes, desde el que se presiente, abajo, la orilla del mar en la isla de Santa Cruz de Tenerife. Pilar Navarro nos llevó ahí por un camino alrevesado que en cada curva tiene un matorral de flores amarillas, mientras conversábamos como siempre bajo la luz de su inteligencia: lo mismo de música, que de política, de pérdidas, que de futuro, de los hijos que del jamás y, con toda la contundencia de cada hora, sobre todas las cosas: del presente. Porque ha sido su milagrosa concentración en cada segundo lo que ha puesto a Piluca, mujer de ojos intensos y cabeza iluminada, a sobrevivir tras la pérdida más grande que pueda cargar alguien.

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Publicado en: 2012 Noviembre, Puerto libre