Este año se cumplieron 200 del nacimiento de Charles Dickens, acaso el primer escritor con ánimo empresarial y que hizo de su obra una notable inversión económica, además de cambiar las reglas del juego del negocio de las letras y su traslado a otros medios artísticos.

Dickens

Si bien Dickens murió de manera temprana en 1870, a cinco lustros del inicio de la historia oficial del cine, sus novelas fasciculares no son sino la expresión temprana de la forma más efectiva del guión cinematográfico y el montaje de edición, tal y como explica Adrian Wooton, curador fílmico y codirector de la iniciativa Dickens 2012 (www.dickens2012.org), celebración internacional de la vida y obra del escritor victoriano que hizo de Londres, ciudad a la que amó y odió de manera simultánea, una reconocible creatura de ficción.

Dice Wooton en “El legado fílmico y televisivo de Charles Dickens”, ensayo que forma parte del catálogo de la décima emisión del Festival Internacional de Cine de Morelia, inaugurado a principios de este mes: “Dickens levantó los cimientos para un nuevo marco visual: un lenguaje cinemático creado antes de que existiera el lenguaje cinemático. Esto fue reconocido y admirado por gigantes del cine temprano como D.W. Griffith, quien dijo haber aprendido el arte de la contraposición de escenas gracias a las novelas de Dickens. Sergei Eisenstein llegó a decir que Dickens fue el padre del montaje de edición del cine. Entonces, mientras que Dickens murió 25 años antes de que el cine como tal existiera, su arte consistió en trazar el plano para que otros lo tradujeran a la realidad. Esto, discutiblemente, lo hace más innovador e influyente que cualquiera de sus ilustres predecesores o contemporáneos, como Fielding, Austen, Thackeray o Eliot”.

Las adaptaciones a la pantalla de la obra de Dickens se remontan a 1897-98, cuando comienza el apogeo del cine mudo y se adaptan algunas escenas de Oliver Twist, y llegan a nuestros días y a este año, mismo que vio el estreno de una versión más de Great Expectations, ahora a cargo de Mike Newell y con las actuaciones de Helena Bonham Carter y Ralph Fiennes. Dicha novela ha sido adaptada cerca de una veintena de veces desde 1917, tanto al cine como a la televisión, y bastaría con una retrospectiva de sus variopintas versiones para comprender el alcance y la profundidad de la visión mediática de Dickens.

“La naturaleza episódica de las narrativas de Dickens —dice Wooton—, desarrollada como una forma dada la aparición mensual de las historias en publicaciones periódicas, también significó la creación de mecanismos estilísticos para vincular tramas distintas, de una manera que ofrece un plano para la noción de contraposición de escenas o, en términos fílmicos, ‘montaje de edición’. Se dice que es dicha técnica particular la que Dickens le dio al vocabulario y léxico cinematográficos, aprovechado por pioneros tempranos del cine como D.W. Griffith y, en especial, Sergei Eisenstein, quien lo registra en su famoso ensayo de los años cuarenta, ‘Dickens, Griffith y el cine, hoy’. Más adelante y en la evolución de las adaptaciones de Dickens, este tipo específico de contar las historias episódicamente se presta al dedillo al medio de las versiones seriales para televisión de las novelas más largas de Dickens”.

De Great Expectations sobresalen los traslados de David Lean, estrenado en 1946, y de Alfonso Cuarón, que vio la luz en 1998. El primero no sólo fue un éxito de taquilla, sino que, en su época, se le consideró como la mejor adaptación jamás hecha de una obra de Dickens (y no deja de ser curioso que se trata de la adaptación de una adaptación, de la novela al teatro y del teatro al cine). En el caso del film de Cuarón, estamos ante una interpretación moderna de la versión original del texto, con cambios de tiempo y locación incluidos, y también se trata de una obra relativamente exitosa a nivel taquilla. Oliver Twist, por su parte, encontró en Roman Polanski a su mejor adaptador a la fecha: fiel a la época y al ánimo de la obra, su película de 2005 retrata la crudeza londinense descrita con pericia por Dickens.

Autor que reconoce a Dickens como su piedra narrativa angular, el estadunidense John Irving ha escrito varias novelas que han sido trasladadas al cine, entre las cuales sobresale The Cider House Rules (estrenada en 1999, a un año de las Great Expectations de Cuarón), que no puede ser sino la más dickensiana de sus obras. Vinculado de lleno no sólo con la escritura del guión sino con la propia producción del film dirigido por Lasse Hallström, Irving fue protagonista de un periplo digno de su santo patrono: la culminación de la película llegó con los Oscar, uno de los cuales le fue otorgado por su guión basado en una obra previamente escrita por él mismo, hecho que no puede ser sino totalmente Dickens.

Más allá de su obra, la figura de Charles Dickens también ha llamado a la creación cinematográfica. El año entrante se estrenará The Invisible Woman, película de corte biográfico que indaga sobre la existencia de la amante secreta del escritor, encarnado y dirigido por Ralph Fiennes.


David Miklos.
Escritor. Su libro más reciente es Brama.