Antílope. La elocuente prosa del escritor italiano Erri de Luca describiendo a una presa cansada que espera su destino en manos de un cazador también débil: “Aquel día de noviembre, el rey reconoció la decadencia. El corazón le latía con más lentitud de las doscientas pulsaciones por minuto, empuje que da oxígeno a los saltos ladera arriba y permite superarlos con ligereza. Las pezuñas del antílope son los cuatro dedos del violinista. Van a ciegas y no yerran ni un milímetro. Se deslizan por los barrancos, saltimbanquis en ascenso, acróbatas en descenso, son artistas de circo para el público de las montañas. Las pezuñas del antílope se aferran al aire. El callo en forma de cojín hace de silenciador cuando se quiere; si no es así, la uña partida en dos es castañuela de flamenco. Las pezuñas del antílope son cuatro ases en el bolsillo de un tahúr. Con ellas, la gravedad es una variante del tema, no una ley”. (El peso de la mariposa, traducción de Carlos Gumpert, Sexto Piso, 2012.)

Beowulf. Uno de los acontecimientos literarios del año 2000 fue la publicación de la versión al inglés moderno que hizo el poeta Nobel, Seamus Heaney, de Beowulf, antiguo poema anglosajón que narra las aventuras de un héroe escandinavo que salva a los daneses de Grendel de un dragón invencible y de su monstruosa madre. Ahora la editorial Axial pone a circular en México “la traducción de Juan Antonio Ayala [1984, Nuestros Clásicos, UNAM]. […] hemos tomado esa libertad pues creemos que le hubiera gustado que su traducción siguiera difundiendo, entre los lectores de lengua española, el poema heroico al que él consideraba, por su aliento poético y fuerza creadora, una de las joyas más valiosas de la literatura anglosajona y universal”.

Cerebro. “Este es un libro de ensayos escrito por un grupo de amigos. […] Los personajes son cuatro: un psiquiatra que suele escribir textos sobre el principal órgano de los mortales, un psicólogo poeta que escribe breves estampas sobre elementos, facciones y fisiología relacionados con la actividad de los centros vivos del encéfalo, un historiador que relata las decapitaciones de los hombres ilustres y, por último, un ensayista que intenta ordenar y dar coherencia a los diversos materiales literarios. […] El grupo se denomina Medusario y sólo pretende suscitar el interés por la máquina de pensar y de sentir, de llorar y de reír, de decir la verdad y de mentir: el cerebro”. (Gilberto Prado Galán, Los ojos de la Medusa, Universidad Iberoamericana, 2012.)

Duelo. Tras la muerte de su madre, Roland Barthes escribió durante dos años breves notas que conforman Diario de duelo. 26 de octubre de 1977-15 de septiembre de 1979 (anotado por Nathalie Léger y traducido por Adolfo Castañón, Siglo XXI Editores, 2009): “Algodón del domingo por la mañana. Solo. Primera mañana de domingo sin ella. Siento el ciclo de los días de la semana. Enfrento la larga serie de los tiempos sin ella”.

Epigrama. Antonio Cisneros (1942-2012), el poeta peruano que el mes pasado murió víctima de un cáncer de pulmón, escribió el poema “También yo hice mi epigrama latino”: “Con mi lanza de bronce/ no temo a cien legiones enemigas,/ con mi escudo de bronce/ no temo a sus mil carros de combate,/ mas son tus ojos, Claudia,/ que me tornan/ en el sobreviviente herido y sin caballo/ que las fieras se rifan/ cuando viene la noche”. (Poesía, tres tomos, PEISA/Arango Editores, Lima, 2000.)

Francotirador. “Bajo sus magníficas lámparas araña de cristal Baccarat, Téta apila dos o tres colchonetas por si un obús demasiado cercano provocara su caída (de siete metros de altura). […] El problema de las tejas es más espinoso. Si no se remplazan cada vez que se rompen algunas, llueve dentro de la casa, y la lluvia de Beirut es torrencial. Por eso Téta ha encontrado a Toni, el único hombre del barrio que acepta subir a su tejado. Para darle ánimos, le ofrece una copa de whisky antes de trepar. Sería más preciso hablar de una botella entera de whisky, que ella le permite vaciar tranquilamente. Téta se siente algo culpable por incitarlo al alcoholismo, pero es necesario, sentencia con tono indulgente, para que Toni acepte ponerse en el punto de mira de un annas, un francotirador”. Bye, bye Babilonia. Beirut 1975-1979 es el testimonio de guerra que escribió e ilustró la artista gráfica libanesa Lamia Zadié (Sexto Piso, traducción de Elena Martínez Bavière).

Gajes del oficio. “Las sugerencias de Rulfo, las precisiones de Arreola; el mundo abismal de uno y el aparentemente clarísimo del otro, me asombraron. Y me propuse escoger. No fue fácil, pero sí un ejercicio fructífero para mí. Sin aire en los sueños bajo tierra de Rulfo, preferí el mundo con sonido de cristal de Arreola, un mundo de luces y sombras de tamaño humano, hiladas no con la palabra sugestiva sino con la palabra exacta, que es más difícil y expuesto. Preferí el bordado sobre crudo que el sobrecosido. Y no por eso renegué de Rulfo, no, ni dejé de adivinarlo, simplemente escogí una postura: la del narrador que pone entre él y su sueño escrito el menor difuminado necesario”: Inés Arredondo, Ensayos (Claudia Albarrán, selección y prólogo), FCE, 2012.

Hierba. “Según la lógica de Ben al respecto, puesto que resulta imposible organizar a los vendedores de maría —por motivos que probablemente resultan obvios—, ¿para qué intentar reunir a los gatos en manadas (apaciguarlos), cuando les gusta más ir a cada uno por la libre? De modo que… ¿Quieres vender droga? Chingón. ¿No quieres vender droga? Chingón. ¿Quieres vender mucho? Chingón. ¿Quieres vender poco? Chingón. ¿Quieres permiso de maternidad? Chingón. ¿Quieres permiso de paternidad? Chingón. Cada uno fija sus propios objetivos, establece su propio presupuesto y determina su propio salario y todo está bien. Cada uno encarga la cantidad que quiere al buque nodriza y después hace lo que se le da la gana. Esta filosofía tan sencilla, junto con el esmero que pone en cultivar un producto de primera, ha convertido a Ben en un joven muy rico. En el rey de la hierba de cultivo hidropónico. El rey de lo chingón”: Salvajes de Don Winslow (traducción de Alejandra Devotos). No tiene pierde, hay que leerla, antes de ver la película de Oliver Stone.

Ingesta. Martín Caparrós cuenta así su experiencia de comer perro en Corea: “Voy dejando cuerdas de grasa, nudos de nervios en mi plato. —¿Está seguro de que le gusta? —Sí, claro, lo que pasa es que no puedo comer grasa por una cuestión médica. Le digo y no le digo que este trozo es como comerse una vela de sebo, porque dudo que entienda. —Ah, sí, lo entiendo. Me dice Uno, y nos desviamos en una de esas conversaciones paramédicas que son la sal de la edad decadente. Mientras hablo en piloto automático pienso cuánto acertó el hombre —‘el hombre’ siempre me pareció un señor muy raro— cuando decidió comer vaca, cerdo, oveja, pollo y destinar al perro a otras tareas más innobles. La división del trabajo fue sensata: la vaca daba leche, bosta, tiro, carne; la oveja leche, abrigo, carne; la gallina carne, muchos hijos, huevos —y el perro daba poco: lo destinaron a policía y, finalmente, geisha. Guardián y cortesana: dos funciones necesarias, invariables, ligeramente despreciadas”. (Entre dientes. Crónicas comilonas, Almadía, 2012.)

Kabul. En Maldito sea Dostoievski (Siruela, 2012) el escritor afgano Atiq Rahimi evoca al escritor ruso, en plena guerra civil de Afganistán. En Kabul, las condiciones son tan violentas y adversas, que Rasul, el personaje central de la novela, se desquita con una vieja usurera que explota a su novia como sirvienta. “La vieja está a punto de marcharse, pero se gira de nuevo hacia Rasul para advertirle sobre una cosa: a partir de ahora, es ella, y sólo ella, la que le indicará a Sufia la hora a la que está autorizada a irse. Él asiente con la cabeza. […] Después, de repente, tira la puerta abajo de una patada y se abalanza sobre nana Alia, que está contando, delante de la ventana, un fajo de billetes. Apenas Rasul levanta el hacha para dejarla caer sobre la cabeza de la anciana, la historia de Crimen y castigo le viene a la mente. Le abruma. Le tiemblan los brazos, las piernas le bailan. Y el hacha se le escapa de entre las manos. Hiende el cráneo de la mujer, quedándose allí clavada…”.

Luz. En entrevista con Liliana Martínez para El Tiempo.com el escritor colombiano Tomás González habló sobre La luz difícil (Alfaguara, 2012), una novela de un padre que enfrenta la elección de su hijo por la eutanasia después de un accidente devastador. “La idea era mostrar el dolor en su dimensión más profunda: el más hondo descenso al infierno del dolor, pero también la forma como se redime. David, el personaje, narra la historia con una distancia de años (unos 18). Eso amortigua el dolor desgarrador que debió sentir cuando todo pasó. […] Tal como lo describo me ha pasado a mí. Sigo funcionando, pero envuelto en llamas. Todo parece normal, pero el dolor me acompaña. En cierto modo, es autobiográfico. Cuando mis hermanos fueron asesinados, mi mamá hizo un duelo que no te imaginas. Nunca he visto a alguien alcanzar esos límites de la pena. Y después de bajar a esas profundidades, volvió a ser feliz. Por ahí pasamos todos”.

Montaigne. Dos libros interesantes para quienes siguen estudiando la obra de Montaigne circulan en librerías: Gato encerrado. Montaigne y la alegoría, del ensayista y catedrático francés Antoine Compagnon (traducido por Manuel Arranz y publicado por Acantilado) y La muerte de Montaigne, una obra en la que el escritor chileno Jorge Edwards combina investigación y narrativa, para revelarnos nuevos aspectos del filósofo francés que en política era “un actor que se comprometía poco, o que disimulaba su compromiso en forma cuidadosa, y que defendía de ese modo su libertad de acción, su enorme capacidad de maniobra”. (Maxi Tusquets Editores, 2011.)

Nobel. El diario Libération dio así la noticia: “El Nobel de literatura destinado al chino Mo Yan. La Academia celebra el ‘realismo alucinante’ del autor”. La nota añadía: “El novelista chino Mo Yan obtuvo el jueves [11 de octubre] el premio Nobel de Literatura 2012, recompensado por una obra que describe con realismo la conmovedora historia de su país y su cercanía con el terror de la China oriental en la que creció. Mo Yan, de 57 años, ‘con un realismo alucinante, une el relato, la historia y lo contemporáneo’, destacó la Academia sueca. El laureado usa un pseudónimo que significa ‘no hables’. Su verdadero nombre es Guan Moye. […] Su obra está impresa de un realismo casi violento, que describe todos los cambios bruscos por los que ha pasado China, tanto durante la invasión japonesa como bajo la Revolución Cultural y otros periodos tormentosos del comunismo”.

Original. “Partiendo de las obras completas publicadas en tres volúmenes por la editorial Siglo XXI de México”, la editorial argentina Eterna Cadencia tuvo el buen tino de reeditar los Cuentos reunidos del escritor uruguayo Felisberto Hernández. El volumen incluye la carta que le envió el poeta francés de origen uruguayo Jules Supervielle a propósito de su relato “Por los tiempos de Clemente Colling”: “Querido señor […] Ud. alcanza la originalidad sin buscarla en lo más mínimo por una inclinación natural hacia la profundidad. Ud. tiene el sentido innato de lo que será clásico un día. Sus imágenes son siempre significativas y respondiendo a una necesidad están prontas a grabarse en el espíritu. Su narración contiene páginas dignas de figurar en rigurosas antologías, las hay absolutamente admirables, y lo felicito de todo corazón por habernos dado este libro […]”.

Pasado. En su libro Culturas y memoria: manual para ser historiador, afirma Mauricio Tenorio Trillo (Ensayo Tusquets, 2012): “Como han mostrado Michel Foucault, Roger Chartier o Robert Darnton, para el historiador de las culturas el archivo o la biblioteca no es sólo el lugar donde se guardan los documentos, las evidencias del pasado. Son, en realidad, un documento más sobre lo que se quiere saber. La catalogación, los errores, traspapeleos, ruidos y silencios del archivo son documentos esenciales de las maneras como el orden, el poder y la memoria fueron concebidos en el pasado”.

Rushdie. Salman Rushdie, el autor que en 1989 fue condenado a muerte y que vivió oculto durante años por la publicación de Los versos satánicos, considerada una obra contra el islam, contra el Corán y contra el Profeta saca ahora a la luz su autobiografía, publicada por Mondadori: Joseph Anton. A petición del servicio policial que tenía el encargo de custodiarlo y protegerlo, Rushdie eligió este pseudónimo, combinación de los nombres de dos de sus autores favoritos, Conrad y Chéjov. Será un testimonio universal sobre un grave crimen contra el derecho de expresión, la literatura, la libertad y la tolerancia.

Sueños. “Lo propio de un escritor es contar claro, seguido y bien. Contar la totalidad humana, que él por su parte tiene la obligación de alimentar con nuevas miradas. Y si hay algo que esté claro en esta dieta es que el hombre precisa, en primer lugar, como quien bebe agua, beber sueños”: Álvaro Cunqueiro.

Venganza. “No leer es como un mutismo pasivo, escribir es el verdadero modo de no leer y de vengarse de haberse leído tanto (sic)”: Macedonio Fernández.

Zeuxis. “Cuenta Plinio el Viejo, que recoge la figura de ese pintor y de su colega Parrasio, que ambos artistas quisieron decidir cuál de los dos era más capaz de imitar la realidad. Zeuxis presentó las uvas por él pintadas y era tal su realismo que los pájaros bajaron a picotearlas. Entonces Zeuxis pidió a Parrasio que por favor descorriera un poco una cortinilla que parecía impedir la visión del cuadro que Parrasio había pintado, a lo que Parrasio dijo: ‘¿De qué cortina me hablas? Es parte de la pintura que ofrezco a la consideración de todos!’. Fue entonces cuando Zeuxis cuenta la leyenda que exclamó: ‘Conseguí engañar a los pájaros pero Parrasio me ha engañado a mí’ ”. (Pancracio Celdrán, Quién fue quién en el mundo clásico. Vidas célebres y anécdotas de la Antigüedad griega, Temas de Hoy, 2011.)

Delia Juárez G.
Editora y traductora. Su libro más reciente es Gajes del oficio. La pasión de escribir.