La siguiente anécdota nos muestra cómo se anticiparon los árabes al aeroplano en el siglo X. El califa fatimita Aziz, que vivió en El Cairo, expresó el deseo de comer cerezas frescas cerca de Balbek, que se encuentra situada a cuatrocientas millas de distancia a través del desierto. Al enterarse de esto, el visir de Balbek cogió seiscientas palomas mensajeras y ató a la pata de cada una de ellas una bolsita de seda que contenía una cereza. Las cerezas llegaron el mismo día a El Cairo en perfectas condiciones y a tiempo para la comida del califa.

Fuente: Maurice Collis, Marco Polo (traducción de Francisco González Arámburo), FCE, México, 2ª reimpresión, 1976.