Los debates entre los defensores del socialismo y sus críticos (por ejemplo, el célebre intercambio entre Carlos Monsiváis y Octavio Paz de 1978) me parecían un capítulo subsidiario del conflicto ideológico global. Una importación metropolitana. La pasión y los temas de la Guerra Fría habían colonizado el debate intelectual en México.* Del enfrentamiento entre intelectuales de izquierda y “liberales” no se desprendía, argumenté, ninguna consecuencia de peso para la realidad mexicana en ese momento. Ninguna de esas posiciones involucraba una solución para conducir un cambio político real: era una Gran Distracción. También hice una evaluación crítica de la generación del 68: su producción intelectual no había estado a la altura de las expectativas que generó el movimiento estudiantil.
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