El autor me acusa de decir una cosa en privado y otra en público; una especie, dice, de doctor Jekyll y señor Hyde. No tiene razón. En privado y en público siempre dije y sigo diciendo que en las elecciones de 2006 no hubo fraude. Y ya que la palabra se utiliza con demasiada laxitud, preciso: en México hemos entendido por fraude la alteración de los votos —los resultados— depositados en las urnas.

aclaración

La historia que cuenta es cierta, pero no tiene mayor misterio.

Me invitaron al Seminario Tepoztlán a exponer mi visión de las elecciones que acababan de suceder (2006). Hablé, y en la ronda de preguntas el doctor Mochán —al que no conocía— me preguntó sobre el famoso algoritmo que supuestamente había alterado las cifras del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP). Le contesté que eso era imposible porque además de la auditoría que se le hacía al software del programa, los partidos tenían las actas de escrutinio suficientes para contrastarlas con las cifras del PREP. (Recuérdese que el PREP presenta los resultados incluso casilla por casilla.)

El doctor Mochán me invitó a que consultara su sitio. Y luego, en efecto, entré a su página sobre el PREP. Le escribí lo que Díaz-Polanco transcribe en su libro (aunque la verdad no guardo mis correos). Le pregunté “si sobre algún punto específico deseaba conocer mi opinión”. Me mandó sus dudas, y se las envíe “a mis amigos del PREP” para que fueran contestadas. Después, le mandé esas respuestas. Y ahí acabó todo.

Como cualquiera puede ver, si se tiene un mínimo de buena fe, se trató de un intercambio normal en el que yo nunca acepté las razones del doctor Mochán. Intenté ser puente entre sus dudas y los funcionarios del PREP, y eso fue todo.

José Woldenberg. Ensayista y escritor. Su más reciente libro es Nobleza obliga.