Sus rocanrolitos playeros y tan californianos, a los que los medios de aquel tiempo denominaban como surf rock, me parecían apenas simpáticos. De hecho (vaya confesión) prefería yo a los Monkees, con quienes se les solía comparar. Muchos los relacionábamos más con el llamado rock bubblegum —ese subgénero chicloso y fresita de bandas hoy prácticamente olvidadas como 1910 Fruitgum Company, Ohio Express o The Lemon Pipers— que con agrupaciones como los Who, los Kinks, los Animals o los Rolling Stones.
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