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Promesas de la electricidad

El Nacional, 26 de julio de 1886

Entre los muchos factores que han producido el desarrollo del comercio y de la industria y estimulado todas las fuerzas del progreso, durante los últimos cincuenta años, ninguno tan importante y tan esencial como la electricidad. Apenas habrá un solo nervio o fibra de la sociedad que no se haya conmovido y vibrado por su influencia. No hace aún medio siglo que el profesor Morse la puso en práctica entre Washington y Baltimore. Hoy, pocas son las aldeas que no están enlazadas con el resto del mundo civilizado por medio de una estación telegráfica.

Sobre este tema de los progresos de la electricidad acaba de publicar el famoso inventor Edison un artículo en La Tribuna, de Nueva York, en el cual encontramos curiosas noticias. Hoy, dice Edison, sólo vislumbramos la posibilidad de lo que sucederá dentro de algún tiempo. Los usos a que puede aplicarse la energía eléctrica son tan numerosos, que la generación presente apenas sueña con ellos.

El desarrollo del teléfono está aún en su infancia. La gran dificultad en el empleo del teléfono a larga distancia es la pérdida de la corriente por la inducción estática en la tierra y en los alambres muy próximos. Si se pudiera colocar un alambre sencillo bastante alto para que salvase perfectamente las cimas de las montañas, podría uno con facilidad telefonearse a sí mismo alrededor del mundo; o si pudiese tenderse un alambre desde la tierra a la luna, este alambre funcionaría también perfectamente.

La pérdida de energía eléctrica por absorción estática y la corriente simultánea de las ondas eléctricas, son las causas que hacen completamente imposible el teléfono submarino a través del océano. Una cosa, sin embargo, puede ahora asegurarse: que está cercano el tiempo en el que el teléfono funcione perfectamente para una distancia de 300 millas, por lo menos, y un suscriptor puede comunicarse con 75,000 casas mercantiles.

Igual o mayor que la transformación efectuada por el telégrafo y teléfono será la transformación que se efectúe en el alumbrado eléctrico. La experiencia de dos años deja fuera de duda que la luz eléctrica para usos domésticos podría producirse y venderse muy pronto en competencia con el gas.

Es indiferente que la energía eléctrica se emplee para producir luz o para otros fines. El aparato que se requiere es de tan poco coste y de tan fácil manejo que la electricidad puede usarse como motor para innumerables objetos. En una casa puede utilizarse para mover abanicos, que refresquen el ambiente, máquinas de coser, bombas de elevar agua, ascensores y para otros muchos usos en que ahora se emplea la fuerza muscular.

El gran problema que aún tienen que resolver los físicos y los electricistas antes de que el arte de la aplicación eléctrica alcance su triunfo, es la producción directa de la energía eléctrica del carbón, los métodos actuales de producir directamente de la hulla la energía eléctrica, efectuarán una maravillosa revolución.

La electricidad se distribuirá en una ciudad desde una gran estación central y se proveerá de luz, calor y fuerzas a casas, almacenes, edificios públicos, fábricas y talleres a un coste tan reducido, que abarate considerablemente la vida y el trabajo. Esto, en opinión de Edison, es algo más que un sueño. Es un hecho futuro que muchos que ahora viven, verán probablemente realizado.

La electricidad como fuerza motriz no se limitará a la casa o al taller. Ya se ha empleado con éxito, por vía de ensayo, como motora en un ferrocarril en Berlín, París e Irlanda, y con el mismo objeto la empleó Edison en el Parque de Menlo. Estos diferentes ensayos han probado perfectamente la posibilidad de la locomotora eléctrica, e indican que en el porvenir ésta sustituirá a la locomotora de vapor.

Si hace cincuenta años se hubieran anunciado como futuros los hechos que hoy vemos cumplidos, el ánimo más resuelto y más persuadido de los recursos de la ciencia, no habría prestado crédito a la profecía. Sin embargo, la otra mitad de la historia del porvenir eléctrico, oculta aún a la presente generación, no será menos maravillosa.

Selección: Héctor de Mauleón