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Bradbury (1920-2012). El autor de los libros clásicos Crónicas marcianas, El hombre ilustrado y Farenheit 451 se llamaba a sí mismo “cazador de metáforas”: “Con los años, he aprendido a ver las metáforas vagar en mi subconsciente antes del amanecer, instruyéndome para las ocupaciones del día. En ese teatro de madrugada, atrapadas entre mis oídos, las viejas imágenes del jorobado, el fantasma, el dinosaurio, las ferias, los planetas rojos y los hombres-simios deambulan a su antojo. No me pertenecen. Me controlan y me incitan a saltar, correr y atraparlas con mi máquina de escribir antes de que se duerman. […] He aprendido que si esperas lo suficiente, y te llenas las cuencas de los ojos con formas, tamaños y colores, la máquina de chicles de tu cráneo te premia cuando le depositas una moneda”. (The Writing Life. The Washington Post, Public Affairs, 2003.)

Cuerpo. Michel Serres, filósofo y ensayista francés, escribió Variaciones sobre el cuerpo, un elogio a la plasticidad del cuerpo, donde explica por qué prefiere el cuerpo frente a la mente: “[…] el cuerpo requiere el olvido. Por su fuerza flexible y su capacidad de borrarse, me gusta ese compañero infatigable que nunca se pone adelante, mientras que me pesa la arrogancia permanente de la conciencia y del verbo. ¡Qué extraño concubinato esta asociación de un humilde con un vanidoso!”. (Traducción de Víctor Goldstein, FCE, 2011.)

Despertar. “Así de terrenal/ como fijar un clavo,/ como repetir después de un largo trago de cerveza/ como dejar de verte cuando cierras la puerta/ e imagino la guerra de Luzbel/ en un cielo que Galileo contempló/ con una emoción intensa. // Así de terrenal/ como habitar el paraíso/ (sus bondades y peligros,/ sus frutos y serpientes)/ cada vez que me despierto/ y te encuentro a mi lado”. (Poema de Campo Alaska, Almadía, 2012, del tijuanense José Javier Villarreal.)

Excentricidad. “La excentricidad es un esfuerzo que termina en tristeza”: Clarice Lispector.

Féretro. Algunas noches, algunos fantasmas es el libro de relatos breves de Francisco Tario (1911-1977) a quien los editores del FCE nos presentan como “autor de algunos de los cuentos más desconcertantes y enigmáticos”. En efecto, con increíble originalidad, Tario hace hablar a los trajes, a los buques, a las gallinas, a los féretros: “Tres hombres vestidos ridículamente me transportaron hasta un suntuoso aposento en cuyos ángulos ardían los cirios que chisporrotean continuamente abrasando nuestras entrañas con sus gotas de cera blanca. […] tuve que realizar indecibles esfuerzos para contener la risa. Allí estaba yo, tendido sobre no sé qué mueble absurdo, y los hombres desfilaban frente a mí con sus levitas y sus rostros descompuestos. Me miraban a hurtadillas y tosían o se alejaban rápidamente. Nadie se mantenía ecuánime en mi presencia, cual si yo fuera una especie de monstruo, culpable de la muerte de los hombres”.

Gajes del oficio. “Escribir es, finalmente, la serie de permisos que te das para expresarte de alguna manera. Inventar. Saltar. Volar. Caer. Encontrar tu forma característica de narrar e insistir; o sea, encontrar tu libertad interior. Ser estricto sin ser demasiado autocrítico. No releerte con demasiada frecuencia. Permitirte, cuando te atreves a pensar que todo va bien (o no tan mal), seguir remando. No esperar el empujón de la inspiración”. (Susan Sontag, Writers on Writing: Collected Essays from The New York Times, 2001.)

Hermano.
En Bosquejos de infancia y adolescencia, de Thomas de Quincey, admirablemente traducido por Andrés Barba y publicado por Sexto Piso, el escritor inglés habla sobre la extraña relación con su hermano mayor: “Antes de que pudiera percatarme de mi imprudencia, el simple transcurso de una discusión me arrastraba tan alto en la escalera de Babel que hasta mi hermano se tambaleaba en la inmensidad de su desprecio. Cuando quedaba en evidencia por mi conocimiento de algún tema literario rara vez me hacía sentir una pizca de alegría la estupidez de la naturaleza humana por aquel triunfo compensatorio, y por lo general lo lamentaba. Esos sucesos tendían a desmantelar la sólida base imprescindible para ser considerado despreciable en grado extremo de la que tanto dependía para mantenerme a salvo de mi ansiedad, y habitualmente me consolaba que la opinión que mi hermano tenía de mí regresara al desprecio que me había atribuido en su primer juicio, a pesar de que hubiese dudado momentáneamente”.

Irlanda. La editorial argentina Eterna Cadencia se ha dado a la tarea de divulgar en español a la escritora irlandesa Claire Keegan, traducida por Jorge Fondebrider. Después de la aparición del libro de cuentos Recorre los campos azules, premiado como el mejor libro de cuentos publicado en las Islas Británicas en 2007, ahora circula Tres luces, una historia de infancia conmovedora que transcurre en la Irlanda rural vista a través de “una mirada paciente, atenta a la finalidad de la vida y sus vastas consecuencias…”, como dijo Richard Ford de su autora.

Jurista. Una sorpresa literaria ha sido el libro Crímenes, de Ferdinad von Schirach, abogado que despacha en Berlín y que decidió escribir algunos de los casos más estremecedores en donde actuó como defensor penal. Comenta Von Schirach en su prólogo: “Nos pasamos danzando sobre una fina capa de hielo; debajo hace frío y nos espera una muerte rápida. El hielo no soporta el peso de algunas personas que se hunden. Ése es el momento que me interesa. Si tenemos suerte, no ocurre nada y seguimos danzando. Si tenemos suerte”. Este lenguaje intenso y directo es el que permea todas las historias que nos cuenta. (Traducción de Juan Solá, Salamandra, 2011.)

“Kafkalandia”. Es el título de la crónica de Rodrigo Fresán incluida en Mejor que ficción. Crónicas ejemplares, libro editado por Jorge Carrión (Anagrama, 2012), donde describe un viaje a Praga. “[…] decido que leer a Kafka en el avión puede traer mala suerte o, cuando menos, una suerte kafkiana. Abro la ligera revista de línea aérea. Leo que la NASA planea enviar a Marte, en 2005, una nave rebosante de cucarachas. ‘Los insectos reúnen las características ideales de resistencia y, además, son ideales a la hora de controlar biológicamente todo tipo de detritos’, dice un microbiólogo. En la ventanilla del avión —ocupo el asiento 7F— veo cómo Praga se acerca y, con ella, Kafka que está en todas partes, que pronto conquistará Marte”.

Lunares. “Flores pardas en la lozanía de la piel, los lunares son gotas que dejó escurrir el pincel de un dios distraído frente a su paleta de colores. La estatua del cuerpo humano —sin ojos aún, sin labios, sin cejas dibujadas— yacía ahí —maniquí con vida— esperando la hora de los blancos, los negros, los tonos cobrizos, los rosa para labios y uñas. El dios pestañeó, pincel en mano, y en su sueño efímero —ese momento de distracción justo después de mezclar los tres colores primarios—, la pintura color de tierra buena goteó sobre el modelo, al azar de su cartografía menor”: Françoise Roy, Cartografía menor, Arlequín, 2011.

Mexicano. Después de una visita a México, Antonio Tabucchi concluyó que en este país los chiles “son omnipresentes por lo que más vale familiarizarse con ellos”. Y definió así al habanero: “Su fuerza participa de lo nuclear: es la fisión del átomo que los mayas descubrieron en la naturaleza mucho antes que Fermi u Oppenheimer. Quien resista a sus radiaciones internas puede con todo derecho hacerse la ilusión de formar parte de una cultura milenaria, que la colonización europea hizo lo posible por destruir en gran parte. Quien sea capaz de probarlo delante de un mexicano, manteniendo una expresión serena sin empezar a soltar alaridos, habrá conquistado la ciudadanía honoraria”. (Viajes y otros viajes, edición de Paolo di Paolo, traducción de Carlos Gumpert, Anagrama, 2012.)

Nietzsche. Después de escribir decenas de libros, entre ellos los extraordinarios Tratado de ateología y una biografía de Sigmund Freud, Michel Onfray le dedicó su tiempo a otra de sus pasiones, la vida y obra de uno de los filósofos más importantes del siglo XX y escribió La inocencia del devenir. La vida de Friedrich Nietzsche. La editorial Sexto Piso lanza ahora la adaptación gráfica de esa biografía: Nietzsche, ilustrado por Maximilien Le Roy. Una lectura amena, con la certeza de que junto al trazo limpio de los dibujos de Le Roy está la investigación profunda de Onfray.

Ocurrencia. A propósito de la pasada Feria del Libro de Madrid, Juan José Millás escribió en El País “¿Paranoia?”, uno de esos artículos que sólo se le ocurren a él: “Me llama mi editora, como todos los años por estas fechas, para pedirme que vaya a firmar […]. Ya sabes lo que pienso yo de las firmas, le digo. Ya sabes lo que pienso yo de las no firmas, dice ella. Durante unos instantes de enorme tensión permanecemos en silencio. Si hay que ir, digo al fin, voy, pero que sepas que lo hago a disgusto. Pues a disgusto, dice ella, no vayas, tampoco queremos forzarte. Al final, como el mejor modo de forzarme es desforzarme, voy y resulta que las seis primeras personas que me solicitan la firma se llaman, por este orden, Carmen, Antonio, Bárbara, Román, Ofelia y Nicolás. Quiere decirse que si unes la primera letra de cada uno de estos nombres sale la palabra ‘CABRÓN’ […]”.

Partenón. Cuenta Vicky León, estudiosa del mundo clásico, en El cadáver de Alejandro y otras historias de ciencia y superstición en la antigüedad: “Los restauradores actuales siguen sorprendiéndose ante los secretos arquitectónicos y las técnicas de ingeniería que exhibe. Por ejemplo, las columnas pueden parecernos rectas y esbeltas, pero no lo son, ni lo fueron nunca. Se estrechan por la base y en su parte superior, y se ensanchan sutilmente en su centro, como un puro habano. Las columnas de los extremos se inclinan hacia el centro, creando un efecto visual de estabilidad y corrección estética. El suelo presenta, asimismo, una ligera curvatura. Se trata de trucos que crean una tensión arquitectónica que los griegos llamaban ‘éntasis’ ”. (Ariel, 2011.)

Roth. El Premio Príncipe de Asturias le fue otorgado al escritor estadunidense Philip Roth. Vale la pena recordar sus palabras en una entrevista que le hizo en 1984 Hermione Lee para la revista The Paris Review of Books: “Me preguntas si pienso que mi ficción ha cambiado algo en la cultura y la respuesta es no. Ha habido algún escándalo, claro, pero la gente está escandalizada todo el tiempo; es una forma de vida. No significa nada. Si me preguntas si quiero que mi ficción cambie algo en la cultura, la respuesta sigue siendo no. Lo que quiero es poseer a mis lectores mientras leen mi libros —si es posible, poseerlos como otros escritores no lo hacen. Luego, permitirles volver, tal como eran, a un mundo donde todos los demás se esfuerzan por cambiarlos, persuadirlos, tentarlos y controlarlos”.

Superproducción.
Entre las celebraciones que se llevan a cabo en Brasil por el centenario del nacimiento de Jorge Amado, TV Globo, de Brasil, lanzará una superproducción: una nueva versión de la telenovela Gabriela, que la actriz Sonia Braga ya había protagonizado en 1975. Basada en la obra Gabriela clavo y canela, el escritor brasileño empezaba su historia así: “Esta historia de amor comenzó el mismo día claro, de sol primaveral, en que el terrateniente Jesuíno Mendonça mató a tiros de revólver a doña Sinhàzinha Guedes Mendonça, su esposa, exponente de la sociedad local, morena casi gorda, muy dada a las fiestas de la Iglesia, y al doctor Osmundo Pimentel, cirujano dentista llegado a Ilhéus hacía pocos meses, muchacho elegante con veleidades de poeta”.

Table dance. La vida nocturna en el lenguaje poético de Josué Ramírez: “Humo de cigarro y humores y veinte miradas evasivas en lo/ oscuro,/ mezcla de colores eléctricos./ En la sombra se frunce el ceño. Máscaras con bocas chuecas./ Estamos en el mini súper del sexo cómplice con sonrisa idiota./ Pastiche de orgía entre neutros de una especie neutra./ Mestizos de costumbres machas./ Luces y mujeres sobrenombres tatuajes y tarjetas de crédito./ El de la voz modula: ¡Aliiicia!, la chica madrileña que me gusta./ —Cuando baila, en su mente escribe poemas;/ eso dijo una vez mientras arrojaba sus prendas blancas,/ fluorescentes/ sobre una luz negra que del piso venía./ En el otro extremo de la pista,/ Nina, vestida de aeromoza, me miraba. (Trivio, Colección Oval, Bonobos, 2012.)

Ultraje.
Presidente y fundador de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, Luis de la Barreda escribe ahora un libro con el tema de la violación: ¿Qué es esta monstruosidad? (Cal y arena, 2012). “La obra, escribe su editor, no está dirigida únicamente a juristas y criminólogos sino a todo lector interesado en el lado perverso del alma de los hombres y en la lid civilizatoria contra esa tenebrosidad”.

Venganza.
“Fui yo el primer hombre con el que hiciste el amor, pienso, hasta que Béla se propuso copular contigo, Milena mía, y tú decidiste casarte con él, quedarte con el bruto, la bestia, mi hermano mayor”, así habla András. “La venganza, ya se sabe, no conoce llenadera. Menos aún en mi bestial caso”. Esta es la voz de Béla, hermano de András. “Hoy conozco aquello que sí comparten András y Béla, aunque se manifieste de manera y en circunstancias distintas en cada uno de ellos. El cerebro vacío de sangre, y una erección inextinguible”, dice Milena. Una historia que entremezcla deseo sexual, deseo de poder y sed de venganza, siempre entre las mismas cuatro paredes: Brama, de David Miklos (La sonrisa vertical, Tusquets, 2012).

Zambullirse. Eso hizo Jesús Marchamalo en la Biblioteca Julio Cortázar que reúne más de cuatro mil volúmenes que su viuda Aurora Bernárdez donó a la Fundación Juan March. Del inagotable Cortázar, Marchamalo rescató diversas anotaciones. Regaños: “Che, Otero Silva, qué manera de revisar el manuscrito, carajo!” [refiriéndose a las múltiples erratas que encontró en Confieso que he vivido, de Neruda], o “A Baudelaire que lo pise un carro, ¿no?” [escrito al pie de una página del ABC of Reading de Ezra Pound, donde éste cita a Gautier, Rimbaud y Laforgue]; hallazgos: una frase de Lezama Lima refiriéndose a Martín Fierro como “la ballena teológica” a la que Cortázar responde en su ejemplar: “Qué loco macanudo sos!”; y dedicatorias irrepetibles como la del libro Dejemos hablar al viento: “Para Julio Cortázar que abrió un boquete literario en la literatura, tan anciana la pobre. Con Cariño literario, Onetti’ ”. (Cortázar y los libros, Fórcola, 2011.)

Delia Juárez G.
Editora y traductora. Su libro más reciente es Gajes del oficio. La pasión de escribir.