“Ese cabrón voló”, dijo mi padre. Desde que escuché la expresión sé lo que significa 8.90. Siempre. Es para mí una cifra perfecta. 8.90 no es un dato, sino una manera de comprender. Robert Beamon rompió el récord olímpico de salto de longitud por 78 centímetros y el récord mundial por 55. Caía la tarde del 18 de octubre de 1968 en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria. El salto fue tan descomunal que los aparatos ópticos dispuestos para una medición rápida y certera quedaron fuera de escala. Las películas muestran a los jueces de la Federación Internacional de Atletismo perplejos, de pie o en cuclillas, y midiendo con una cinta común y corriente las huellas de la hazaña (lo común era que un récord mundial se rompiese por unos cinco centímetros cada vez).
Suscripción plus
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.