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eclipse

Américo Larralde Rangel,
El eclipse del Sueño de Sor Juana,
FCE,
México, 2011, 132 pp.

Este ingeniero, pintor, astrónomo y astrólogo ha profundizado por más de dos décadas en el máximo poema de Juana Inés, Primero Sueño. Aquí decanta sus interpretaciones herméticas, cosmológicas, astronómicas y astrológicas, complementadas con grabados, ilustraciones, planisferios celestes, ubicaciones estelares, más una versión facsimilar del barroco poema. Propone como inspiración planetaria de sus 975 versos —escritos la noche-madrugada del 21 al 22 de diciembre de 1684— el eclipse lunar de esa noche. Y divide el poema en “eclipse”, “cielo” y “viaje”, a partir de la hora llamada en el siglo XVII del primero sueño (7:40 de la noche), y su transcurrir hasta el alba, Conticinio (4:50 de la mañana). Un placer intelectual. (Alejandro de la Garza)

habitantes

Lobsang Castañeda,
Los habitantes del libro,
Magenta,
México, 2011, 125 pp.

Antropología fantástica de los personajes involucrados en los diversos procesos del libro, de los implicados en su persistencia. Imaginativa caracterología del “homo-biblio” y taxonomía razonada de las inclinaciones, afectos, disposiciones, gustos, vicios y deseos conducentes a tal objeto de lectura. Castañeda (México, 1980) indaga en cláusulas definitorias sobre bibliófilos y libreros, bibliólatras y editores, bibliofílicos y diseñadores, bibliólogos e impresores, biblioclastas y reseñistas, bibliófagos e ilustradores, bibliógrafos y prologuistas, bibliómanos y editores, bibliotecarios y encuadernadores, bibliocleptos y antólogos. Están quienes aman el libro, quienes lo queman, lo odian, lo necesitan, lo roban, se lo comen, lo defienden o menosprecian. A la crítica, procreada en la matriz del libro, el autor la llama “violencia doméstica”. (A.G.)

movimiento

Ernesto Herrera,
Movimiento fluido,
Libros Magenta,
México, 2011, 199 pp.

Los críticos “ordenan y orientan, y sólo los soberbios creen que pueden imponer el ritmo de la literatura”, leemos en este libro que reúne más de cuarenta ensayos, viñetas y notas periodísticas. Ernesto Herrera procede al amparo de esas modestas palabras, es decir, ordenando y orientando, nunca empuñando la espada flamígera. Su radio de acción, por otro lado, es de una meritoria amplitud. Atiende por igual la correspondencia amorosa de Gilberto Owen o el teatro infantil de Jorge Ibargüengoitia que la amistad entre Nietzsche y Edwin Rohde o las aportaciones a la teoría del arte de Herbert Read. Más meritoria resulta la actitud con la cual se ocupa del ejercicio de la lectura. No hay un momento en el que no lo imaginemos feliz. En tiempos de lectores cascarrabias, educados en la descalificación, conviene no únicamente celebrar a Ernesto Herrera sino, sobre todo, seguir su ejemplo. (Roberto Pliego)

informantes

Juan Gabriel Vásquez,
Los informantes,
Alfaguara,
México, 2010, 338 pp.

Anterior a la multicelebrada El ruido de las cosas al caer, esta novela ya anuncia a un extraordinario narrador, pulcro y profundo. Estamos en 1991, ante un joven escritor que se ha impuesto la tarea de indagar los destinos de los inmigrantes alemanes que vivían en Colombia durante la Segunda Guerra Mundial. El pasado, como sabemos, suele jugarnos algunas malas pasadas. Y más cuando oculta hechos inconfesables. Hurgando el pasado, el protagonista descubre el lado oscuro de su padre, “un hombre que había pasado los días entre los libros de los otros”. Sin ánimo sociológico, Vásquez retrata a un país acosado por el racismo y la xenofobia, y dividido entre el patrioterismo y la sumisión a Estados Unidos. Los que se dedican a recordar, dice no sin un dejo de amargura, “estamos obligados a mantener el paso de la memoria, que nunca se queda quieta”. (R.P.)

isla

Jordi Esteva,
Socotra, la isla de los genios,
Atalanta,
Girona, 2011, 363 pp.
  
Un viajero va a la misteriosa isla de Socotra en busca del ave roc porque escuchó que de ahí proviene, pero no es Simbad, sino un viajero contemporáneo que un día, de niño, puso el dedo a ciegas en un mapamundi y cayó en ese punto. En su edad madura, Esteva concretó aquel sino. El autor va articulando su relato con su conocimiento marcopoliano del Medio Oriente y de África entrelazándolo con su erudición literaria hasta conseguir un ámbito escritural donde las leyendas y el testimonio vivencial se emparejan hasta confundirse. Con este libro cautivador, Atalanta amplía su mapa de la imaginación apuntalando su historia paralela de la humanidad. (Noé Cárdenas)

sombra

Carlos Mapes,
Sombra del rock,
Trilce Ediciones/UANL,
México, 2011, 111 pp.

Este afortunado libro puede leerse de varias maneras: como una historia del rock de los sesenta, como una autobiografía de la niñez y adolescencia, como poemas en prosa sobre el caudal de energía e imaginación que marcaría a una generación, como ensayos epigramáticos sobre una expresión artística que moldeó una particular educación sentimental. En todo caso, el lector hallará una escritura decantada y contagiosa que al preservar, emulándolo, el espíritu experimental y entusiasmado de una época, consigue situarse venturosamente en el streaming idóneo de la literatura más actual. Entresacaría estos tuits: “Todos seremos olvidados, excepto los Beatles” o “Brian Jones, el más inglés de todos los músicos”. (N.C.)