El artículo 122 tenía 50 palabras; ahora tiene casi tres mil. Las sucesivas reformas constitucionales multiplican las palabras pero no el respeto de los ciudadanos a las normas de su Constitución
En México nos gusta repetir la vieja e incontestada idea de que tenemos una muy buena Constitución. Desde hace décadas hemos escuchado la misma cantaleta triunfalista, sin que nadie se haya atrevido a cuestionar su fundamento o incluso su veracidad. Lo cierto es que luego de décadas de discursos y más discursos alrededor del texto constitucional, el panorama real deja mucho que desear.
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