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Por si quedaba duda de la severidad de la crisis de 2008-2009, las cifras de la Encuesta Ingreso Gasto de los Hogares (ENIGH) 2010 del INEGI y la medición de Coneval confirman la dura contracción. Lo hacen ya no tanto en relación a variables macroeconómicas anónimas, sino en términos de los bolsillos, ingreso y consumo de los mexicanos.

Dados los resultados negativos de la ENIGH (el ingreso corriente total cayó 6.8%, el ingreso corriente por hogar 12.3% y el ingreso corriente per cápita 9.3%), la mayoría de los analistas preveía un importante incremento en el número absoluto y relativo de pobres, con respecto a los niveles de 2008. Aunque, efectivamente, creció la proporción de mexicanos en condiciones de pobreza y su número total, el aumento fue menor a lo esperado, bajo la metodología que adoptó Coneval desde 2008. La proporción de mexicanos en pobreza creció 1.7% para llegar a 46.2%, con lo que se incrementó el número de pobres en 3.2 millones de personas.

fregados

Para determinar el nivel de pobreza en el país y sus estados, Coneval pondera el ingreso de las personas por decil y considera seis “carencias” como medidas de bienestar: rezago educativo, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacio de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación.
El aumento en la pobreza fue menos que proporcional a la caída en el ingreso por el hecho de que el gasto corriente total no sólo no cayó, sino que experimentó un crecimiento de 2.2% en términos reales. Al haber crecido el número de hogares en 6.28%, el gasto corriente total por hogar disminuyó 3.8% (mucho menos que el ingreso que cayó más de 12%), al tiempo que el gasto corriente total per cápita tuvo una disminución cercana a cero, de 0.4%.

La estabilidad del gasto corriente total por habitante, aunado al incremento en las transferencias por parte de los programas del gobierno, permitió a los ciudadanos, en particular a los de deciles bajos, tener acceso a satisfactores fundamentales que se utilizan para medir el nivel de pobreza. Es decir, aun con un ingreso menor por hogar o per cápita, no sólo no hubo un incremento, sino de hecho una disminución, en las “carencias” que utiliza el Coneval para complementar el ingreso en su medición multidimensional de la pobreza.

Para todas las “carencias” tomadas en cuenta por Coneval hubo una mejoría entre 2008 y 2010, con excepción del acceso a la alimentación. El rezago educativo impactó al 20.6% de las personas en 2010, cuando en 2008 al 21.9%. La carencia del acceso a servicios de la salud bajó de 40.8% a 31.8%; la de acceso a la seguridad social de 65.0% a 60.7%; la de calidad y espacios de la vivienda de 17.7% a 15.2% y la de servicios básicos en la vivienda de 19.2% a 16.5%. Sin embargo, la carencia por acceso a la alimentación pasó de 21.7% a 24.9%.

La disminución de la mayoría de las carencias se explica por el hecho de que el ingreso corriente tuvo una menor caída para los primeros deciles, pero, sobre todo, porque el gasto en esos deciles no sólo no cayó sino que aumentó.

La caída más severa en el ingreso corriente por hogar se dio en los deciles más altos: (para los deciles IX y X de 11.5% y 17.8%; para los deciles I y II de 7.6% y 6.8%). En términos per cápita, la disminución del ingreso corriente para los deciles I y II fue de 3.9% y 0.7%, mientras que para los deciles IX y X de 8.6% y 13.9%.

Por su lado, el gasto corriente (que está más cercanamente ligado a niveles de bienestar) cayó en mucho menor medida y en algunos deciles incluso se incrementó. Por ejemplo, para el decil I (el más pobre) el gasto corriente por hogar creció 1.2% y 5.5% per cápita; para el decil II el gasto corriente por hogar cayó 4.6%, mientras que el per cápita aumentó 1.7%.

El hecho de que el Congreso y el Ejecutivo hayan dedicado un mayor presupuesto para gasto social también jugó un papel importante al permitir a los hogares reasignar su gasto para suavizar la caída en el ingreso en términos de consumo per cápita. En especial, el gasto de cuidados de salud por hogar disminuyó 13.6% en la ENIGH 2010, lo que permitió a las familias gastar más en otros rubros, sobre todo gracias al incremento en la cobertura del Seguro Popular.

Por todas estas razones, uno de los aspectos más notables de la medición del Coneval es que la pobreza extrema no sólo no aumentó, sino que disminuyó al pasar de 10.6% de los mexicanos en 2008 a 10.4% en 2010. Este nivel es, sin duda, inaceptablemente alto para un país con un ingreso per cápita anual de 10 mil dólares y, por tanto, sin pretexto para no poder disminuir la pobreza extrema a la mitad en pocos años.

Uno de los aspectos más interesantes de la ENIGH 2010, pero poco discutido, es el crecimiento de 6.28% en el número de hogares (6.4 en términos de viviendas), al tiempo que el número promedio de integrantes de hogares se redujo en 3.4%, de 4.01 a 3.87 personas. El incremento en el número de hogares y la reducción de sus integrantes promedio reflejan el proceso secular de expansión de la clase media, a pesar de la severa crisis, e implican una importante mejoría en bienestar en términos de espacio para las personas.

Los analistas que prefieren enfatizar el incremento en la pobreza producto de la crisis utilizan la anterior metodología de Coneval basada en términos de ingreso, que además permite comparaciones de más largo plazo. Con esta metodología, la pobreza patrimonial (el concepto más amplio de pobreza) aumentó entre 2008 y 2010 de 47.7% a 51.3%, es decir, 3.6%.

Este índice se usa para argumentar que México ya no es un país clasemediero, que la mayoría de sus habitantes son, otra vez, pobres. Valen la pena varios comentarios al respecto:

La ENIGH 2010 mide el ingreso de las personas en el tercer trimestre de ese año. Si se acepta la premisa de que al caer el ingreso se incrementa la pobreza, también es cierto que al aumentar el ingreso disminuye. Así, al tercer trimestre de 2011, y con un crecimiento promedio del PIB de 5%, la mayoría de los mexicanos es hoy, de nuevo, clasemediera incluso con esta definición.

El PIB en 2009 tuvo una caída de 6.1% y la pobreza patrimonial (medida por ingreso) creció 3.6%. Como punto de comparación, en 1995 el PIB cayó 6.5%, pero la pobreza patrimonial creció 16.6% de 1994 a 1996.

La medición del ingreso por medio de encuestas es imperfecta y el sesgo de subestimación puede subir en el contexto de una crisis. Es interesante observar que la disociación de ingreso y gasto (este último no cayó de acuerdo a la ENIGH) no es congruente con el comportamiento de las variables macroeconómicas, donde ingreso y gasto se movieron pari passu.

Existe una amplia literatura que confirma el subreporte del ingreso en encuestas a los hogares. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) recomienda un ajuste para hacer los resultados de las encuestas congruentes con cuentas nacionales.* Para el caso de México, se estima que el ingreso corriente total de los hogares en 2008 representaba el 49% del ingreso disponible de los hogares, según cuentas nacionales, y que en 2010 el 48%. Es decir, un subreporte de 51% y 52%, respectivamente. Las cifras ajustadas de ingreso siguiendo la recomendación de CEPAL implican un nivel mucho menor de pobreza que el reportado.

A nadie sorprende la profundidad de la crisis que, en el ámbito internacional, fue la más severa y larga en los últimos 70 años. En México, fue mucho más que un catarrito. De manera deliberada o no, las medidas contracíclicas que impulsó el Ejecutivo en 2009 no fueron suficientes para detener la caída de la demanda agregada y el desplome del PIB en 2009. No obstante, el deterioro de las condiciones de bienestar resultó menor de lo esperado.

En el mediano plazo, haber optado por una política macroeconómica conservadora va a ser reconocido como un acierto, ya que México es uno de los pocos países que no requiere ahora, después de la turbulencia económico-financiera de 2008-2009, un ajuste macroeconómico en términos de deuda, déficit público, déficit de cuenta corriente, sobrevaluación excesiva de la moneda o apertura al comercio internacional, como muchas otras economías en el mundo. Los ajustes que vienen en otras latitudes van a implicar un mayor aumento en la pobreza que el que, dolorosamente, padecieron muchos mexicanos entre 2008 y 2010.

Lo increíble es que, consciente de la seriedad de la crisis, de su duración y el impacto de largo plazo en las economías desarrolladas, el sistema político mexicano no haya sabido aprovechar la situación para procesar ninguna de las reformas cruciales que tanto se necesitan para propiciar el crecimiento.

Peor aún, hay quien se felicita por las cifras negativas, en lugar de asumir su responsabilidad de cara a las reformas que no se han aprobado.

Además, la aprobación e implementación de reformas relevantes mejorarían las expectativas de inversionistas y consumidores e impulsarían así la economía, por lo que la parálisis política es en parte responsable de no contribuir al optimismo que se necesita para una recuperación exitosa, la expansión de la clase media y la superación de la pobreza.

Luis de la Calle. Socio de De la Calle, Madrazo, Mancera SC.

* Ver “Compendio de mejores prácticas en la medición de pobreza”, Grupo de Expertos en Estadísticas de Pobreza, Grupo de Río, 2007, CEPAL. http://www.eclac.org/ilpes/noticias/paginas/2/40352/rio_group_compendium_es.pdf