Gala está a salvo

Seré drástico: en la ciudad de México sólo parece haber espacio para los románticos, los cínicos, los maleantes y los apocados. El resto de sus habitantes son rehenes de su miopía y de sus buenas intenciones. Lo tajante de esta afirmación tiene sus raíces en mi pasado. Yo milité durante un tiempo en el único ejército que ha durado casi tres siglos de edad: la milicia romántica, ésa para quien la enfermedad es un buen síntoma y las formas bellas o clásicas son nocivas y no representan la condición trágica del ser humano, su verdadera y única esencia. “De la destrucción nacerá la primavera”, escribió Hölderlin pintando en serias y vehementes palabras la más íntima aspiración de los hombres románticos. ¿Y acaso hay escenario más adecuado y propicio para ejercer la vocación romántica que esta ciudad plena de vicios donde se practica la mentira, la rapiña y el arte de odiar calladamente? Un verdadero campo de batalla.

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Publicado en: 2011 Agosto