Se ha hecho costumbre hablar del “pequeño priista que todos llevamos dentro”, o en versión modernizada, de la existencia de un “chip priista” que provoca ciertos comportamientos en los mexicanos. A menos de 15 años del fin del régimen de la Revolución, de la hegemonía del PRI, es una forma de reconocer la huella cultural que dejaron las seis décadas de corporativismo mexicano, desde la fundación en 1935 hasta el derrumbe en 1997.
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