El peor de los errores de la guerra al narco es el nombre. Llamarla guerra permitió legitimar, mediaticamente, la presencia del ejército en las calles, pero al mismo tiempo le dio a la batalla contra los grupos de delincuencia organizada una connotación de guerra civil que polarizó al país. “Los malos”, los perseguidos, los que amenazan, los muertos, todos son mexicanos.
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