Como en muchas de las obras de la artista colombiana Doris Salcedo, el tema central de la instalación Plegaria muda —que se presenta en el MuAC hasta septiembre de este año—es la recuperación (lenta, pausada: casi ritualista) de la memoria y el trauma. A lo largo de su obra, Salcedo ha buscado dar una voz a aquellos que viven en condiciones marginales, y articular visualmente lo que muchas veces se ha vuelto invisible: el trauma del desplazamiento forzado, el dolor de las víctimas de guerra y el desmembramiento del tejido social en virtud de la violencia paramilitar. La artista ha pasado extensas temporadas de investigación en las zonas afligidas por la guerrilla en su natal Colombia, donde entrevistó a los familiares de los muertos y desaparecidos, y observó de cerca la manera en la que sus vidas han sido profundamente trastornadas. Es precisamente este proceso de metamorfosis a partir del trauma de la violencia lo que interesa a Salcedo. Su obra no pretende otorgar un testimonio narrativo del sufrimiento de estas miles de personas, ni presentar imágenes explícitas de la violencia que han experimentado, sino encontrar un lenguaje visual que logre abstraer desde un lugar casi poético esta sensación de pérdida y mutación irrevertible.
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