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barón

A.J.A. Symons,
En busca del barón Corvo. Un experimento biográfico,
Libros del Asteroide,
Barcelona, 2005, 333 pp.

Desde su aparición original en 1934 esta obra del biógrafo inglés A.J.A Symons ha llamado vivamente la atención de quienes gustan tanto del género biográfico como de la novela policiaca. En el orbe hispánico la rareza de este libro comienza no sólo por el desconocimiento casi total que rodea al autor, sino por el objeto de su estudio: el oscuro y también casi desconocido barón Corvo, novelista británico cuyas décadas productivas son las últimas del siglo XIX y la primera del XX, y del que en español sólo son asequibles dos de sus novelas: Adriano VII, obra de culto editada por Siruela en 1988, y El deseo y la búsqueda del Todo (Valdemar, 2003).

El método que gastó —o mejor dicho que fundó como experimento biográfico— Symons en esta obra es la quest, una suerte de indagación de carácter policiaco seductoramente novelesca que se desarrolla como un work in progress basado, fundamentalmente, en la búsqueda de la correspondencia y de los manuscritos perdidos de Corvo, así como en entrevistas con las personas aún vivas que trabaron relación con el escritor.

El lector se sorprende junto con el biógrafo merced a los hallazgos, que no dejan de fluir incluso hasta el final de la obra cuando parecía que ya se habían agotado las sorpresas, al haber compilado prácticamente la totalidad de los escritos extraviados de su biografiado y descubrir que hasta podría amasar una fortuna considerable si se animara a venderlos.

¿Quién es el barón Corvo? Su nombre es Frederick Rolfe, un hombre resentido por su frustrado sacerdocio que estaba absolutamente convencido de que una conjura de sus enemigos pendía sobre él; un artista refinado que dominaba varias artes —pintura, música, fotografía, literatura— y que sorprendía a sus editores con raras erudiciones que lo llevaron a escribir novelas históricas; un escritor de alma hipersensible que se equivocó de época y vivió sempiternamente endeudado y solazado escribiendo cartas envenenadas y entablando reyertas legales plagadas de maledicencia. El título nobiliario lo obtuvo, según él, de una aristócrata italiana que alguna vez le echó la mano.

El motivo que sedujo a Symons para entablar esta quest es el mismo que bien puede seducir a cualquier lector inteligente y sensible: la lectura de Adriano VII bajo recomendación de un amigo. En esta novela un sacerdote católico que vive en la miseria es echado del seno de la Iglesia; más tarde es buscado por colegas suyos del Vaticano para restituirle sus derechos eclesiásticos. A la postre, este sacerdote llegará a ser escogido para ocupar la silla de Pedro, desde la que cambia radicalmente los estatutos y ocupa la ingente riqueza de la Iglesia para obras de caridad.

Symons no tarda en hallar que largos pasajes de esta novela son autobiográficos y, fascinado por las virtudes literarias de esta rara sublimación, comienza sus pesquisas. Adriano VII contiene episodios en los que Corvo contrarresta detalladamente las acusaciones de sus enemigos y relata las desafortunadas situaciones que tuvo que sortear con sus acreedores antes de convertirse —sólo en la novela— en Papa.

Corvo vivió sus últimos años en Venecia. El despeñadero al que lo llevaron su delirio persecutorio así como sus deudas llegó a empeorar, pues el barón, siendo homosexual, se convirtió en proxeneta: les proporcionaba mancebos sacados de los bajos fondos venecianos a los caballeros que se los solicitaban.

Se desprende así de este quest una reflexión acerca de cómo se concilia el sentimiento malsano con el arte refinadísimo y un estilo original e irrepetible. El mismo Symons comenta que, de haber visto el mundo con ojos menos envenenados, probablemente el atormentado barón hubiera vivido una vida semejante a la de Huysmans, su estricto contemporáneo de sensibilidad decadente, que llegó a ser un místico católico y terminó sus días retirado en un monasterio.

En busca del barón Corvo, vicariamente, es un coro de voces que ofrecen un mosaico de la época y que pone muy por alto el arte, ya casi olvidado, del género epistolar. Cada nueva carta consignada propina pistas muy disfrutables acerca del oscuro, agudo e insignemente avieso barón, cuya fama en gran medida se debe a la atención que sobre su obra consiguió llamar A.J.A. Symons.

Noé Cárdenas. Escritor, editor y crítico literario. Dirigió el suplemento Sábado de unomásuno.