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En la década de los años ochenta el recurso didáctico predominante en cualquier aula de educación primaria pública era, sin duda, el libro de texto gratuito, a través de éste los estudiantes se acercaban a contenidos, temáticas y actividades para aprender diversas disciplinas.

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Si bien estos libros eran indispensables para guiar las dinámicas en clase, los maestros también utilizaban otros materiales y artefactos para apoyar su enseñanza, tal era el caso de libros especializados, cuentos, revistas, acetatos, diapositivas, calculadoras, audios y videocasetes.

A mediados de los años noventa la incorporación de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en diversos ámbitos de la sociedad dieron como resultado el surgimiento de un nuevo paradigma que transformó de manera significativa la organización y prácticas de diversos grupos sociales; estas transformaciones se vieron reflejadas en las nuevas formas en que los individuos trabajan, se comunican, interactúan y aprenden.

En este contexto, no es casualidad que desde el ámbito educativo se establecieran políticas y líneas de acción que permitieran a las comunidades escolares acercarse a las nuevas formas en las que se trata, genera y distribuye la información y el conocimiento.

Una estrategia fundamental para aproximar a profesores y estudiantes a estos nuevos contextos ha sido, sin duda, el acceso a herramientas, recursos y aplicaciones tecnológicas.

La Secretaría de Educación Pública, según datos del Programa Sectorial de Educación (PSE 2007-2012), ha incorporado 156 mil 596 aulas de medios equipadas con telemática educativa1 en escuelas primarias y secundarias generales y técnicas, lo cual equivale a un 51.9% de escuelas equipadas al 2006, con una proyección de equipamiento de 301 mil 593 aulas para el año 2012.

En este rubro se han sumado organizaciones y empresas como UNETE, la cual ha equipado seis mil aulas de medios en la República mexicana, o la fundación Telmex la cual ha donado 131 mil 575 equipos de cómputo a 476 escuelas.

Como puede observarse, aunque la cobertura aún no es la deseable, es claro que en los salones de clase ya se encuentra disponible una nueva generación de herramientas y recursos digitales que redefinirán muchas de las prácticas educativas tradicionales.

Conviene señalar que el acceso a los recursos tecnológicos no necesariamente deriva en la aplicación e implementación de enfoques y metodologías congruentes con el nuevo paradigma.

Esta situación se puede ilustrar con el siguiente ejemplo: un profesor de quinto año de primaria asiste al aula de medios para tratar el tema de la pérdida de la diversidad biológica, éste expone el contenido apoyándose en un presentación gráfica, utiliza un enlace a YouTube para mostrar un video y finaliza la sesión aplicando un cuestionario acerca de la información expuesta.

En este caso el profesor utiliza los recursos tecnológicos para exponer y mostrar información en diversos formatos digitales; pero no los utiliza para plantear actividades que permitan a los estudiantes desarrollar diversas habilidades de pensamiento ni para conformar otros escenarios que le faciliten la construcción de aprendizajes.
La falta de atención y aplicación de un componente pedagógico pertinente inclusive ha sido reconocido en la evaluación del proyecto Enciclomedia, en la cual se reporta que “el programa ha priorizado básicamente el equipamiento tecnológico, pero el esfuerzo no ha ido acompañado de manera suficiente en estrategias que den seguimiento a la mejora de la práctica educativa”.2

Por lo anterior, es importante señalar que dicho componente se basa en reconocer que la organización de la enseñanza debe centrarse en función del aprendizaje de los alumnos; es decir, la finalidad de la enseñanza ya no será la transmisión de conocimientos, sino la de facilitar al estudiante condiciones para desarrollar habilidades cognitivas, actitudes y valores que le permitan construir, usar y aplicar el aprendizaje en distintos contextos.

En este enfoque se priorizan escenarios y estrategias de aprendizaje que permitan al estudiante: 1) aprender a buscar y seleccionar información, 2) comprender y solucionar problemas, 3) aprender a pensar y argumentar, 4) aprender a través de diversos lenguajes, 5) aprender a colaborar y comunicar, entre otros.
La implementación de estos enfoques, si bien puede realizarse con los recursos tradicionales del salón de clase, con las tecnologías actuales puede alcanzar un mayor nivel de desarrollo, eficiencia y sofisticación.

Digamos que un profesor decide iniciar la clase con la pregunta: ¿Por qué los electrones no caen al núcleo atómico? Los estudiantes contestarán desde su conocimiento previo y en conjunto establecerán algunas hipótesis para iniciar el trabajo; en equipo efectuarán una búsqueda de información en internet que les permitirá verificar, debatir o desechar su planteamiento inicial. Finalmente, el profesor ayuda a los grupos a verificar la fiabilidad y validez de la información que obtienen.

Una vez que cada equipo cuenta con la información necesaria, ésta se analiza y permite a los estudiantes construir un argumento que podrán debatir con el resto de los grupos en un foro de discusión en línea; el profesor ayuda en el establecimiento de reglas y moderación del debate y la actividad cierra con elaboración colectiva de un texto o recurso que informará a la comunidad escolar la respuesta a la pregunta.

En este sucinto ejemplo se puede observar que la dinámica gira en torno a la actividad de los estudiantes, son ellos quienes construyen las hipótesis, las refutan, verifican y comunican los resultados; en este ambiente el profesor es el facilitador que acompaña, orienta y brinda las condiciones para desarrollar las actividades de aprendizaje.

Ahora, ¿qué papel jugaron los recursos tecnológicos en esta actividad? En primera instancia facilitaron la búsqueda de información, ya que al hacerla a través de internet se abrió la posibilidad de obtener datos e información desde diversas fuentes y formatos, ya no es sólo un libro o una revista en la que el estudiante puede buscar y tratar la información.

Utilizar herramientas como los foros de discusión en línea, permiten a cada estudiante externar su opinión; esta condición evita centralizar el debate en los alumnos que de manera cotidiana participan en el aula, y permiten ejercitar habilidades para la comunicación escrita.

Por lo anterior, es importante señalar que la integración de los componentes tecnológico y pedagógico en aula requieren de un conocimiento y manejo técnico de las herramientas y recursos tecnológicos, pero también exigen un conocimiento a profundidad de los enfoques pedagógicos que permitan aprovechar el potencial que estas herramientas tienen para el desarrollo del pensamiento complejo y para la construcción de aprendizajes.

En este terreno se han realizado esfuerzos importantes en proyectos como SEPiensa (1996), Red Escolar (1997), Enseñanza de la Física con Tecnologías (EFIT 1997), Enseñanza de las Matemáticas con Tecnología (EMAT 1997), Biblioteca Digital (1997), SEC 21 (1998), el aula del futuro (CCADET 2007) y actualmente en el programa Habilidades Digitales para Todos (2007).

Ampliar la integración del componente pedagógico-tecnológico en las aulas que cuentan con el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación es una tarea compleja ya que requiere de un plan estratégico que contemple al menos:

El establecimiento de programas de formación y actualización docente que permita conocer, diversificar, utilizar, aplicar y ampliar el uso de herramientas, recursos y aplicaciones en distintos escenarios educativos. En este rubro es importante replantear la capacitación centrada en el manejo técnico de paqueterías y herramientas tecnológicas, y priorizar la que integra el componente pedagógico.

La actualización, mantenimiento y renovación de la infraestructura tecnológica que facilite la implementación de diversos modelos de intervención tecnológico-pedagógica.

La creación y apoyo de espacios experimentales que fomenten el desarrollo, innovación e incubación de propuestas educativas que integren las tecnologías de la información y comunicación.

El establecimiento de mecanismos de evaluación que recopilen y sistematicen la operación y resultados de las iniciativas y proyectos que integran herramientas y recursos tecnológicos en su práctica educativa.

Por lo expuesto, es fundamental reconocer que si bien los recursos y materiales didácticos tradicionales seguirán presentes en las aulas de clase para alcanzar ciertos propósitos y fines educativos, es imprescindible establecer políticas y acciones firmes que posibiliten al docente apropiarse de estos nuevos ambientes y entornos en los que la información y el conocimiento se produce, difunde e intercambia de manera distinta.

Actuar con responsabilidad en este ámbito evitará que los profesores, pero sobre todo los estudiantes, queden fuera de los espacios en los que se están desarrollando otras formas de comunicación e interacción para pensar y construir el conocimiento.

Ruth A. Briones Fragoso
. Filósofa. Profesora de la Universidad Pedagógica Nacional.

1 En el PSE la telemática educativa comprende las siguientes herramientas: computadoras, proyectores, pizarrón electrónico, reproductores de audio y video, conexión a internet y diversidad de programas y aplicaciones interactivas.
2 FLACSO, México, Informe programa Enciclomedia, marzo 2008, p.108.