Algo sobre el doble mandato

Para mi madre, feminista avant la lettre (en una combinación muy casera de la igualdad y la diferencia) siempre estuvo fuera de duda que yo debía asistir a una escuela mixta. Allí reforzaría en la práctica la igualdad entre mujeres y hombres y me formaría en la consigna de la amistad entre iguales. Lo de la diferencia tenía un lado positivo: una mujer tenía que estar más preparada y formada que un hombre, porque el entorno era más hostil. Pero la diferencia también tenía que ver con la institucionalización del prejuicio: por naturaleza, las mujeres eran chismosas, envidiosas, inseguras, manipuladoras y, en última instancia… había ciertas cosas para las que no estaban hechas.

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Publicado en: 2011 Abril