Durante las últimas etapas del Imperio Romano se sintió la necesidad del arte de la negociación o de una diplomacia idónea. Los emperadores bizantinos ejercieron ese arte con ingenio consumado. Idearon tres métodos principales. Consistía, el primero, en debilitar a los bárbaros fomentando la rivalidad entre ellos. El segundo consistía en comprar la amistad de las tribus y pueblos fronterizos mediante subsidios y halagos. Y el tercero en convertir a los paganos a la fe cristiana. Mediante el empleo simultáneo de esos tres métodos, Justiniano consiguió extender su influencia sobre el Sudán, Arabia y Abisinia y mantener a raya a las tribus del Mar Negro y del Cáucaso. Métodos similares se adoptaron en una etapa posterior de la historia bizantina, cuando la amenaza procedía de los búlgaros, los magiares y los rusos.
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