No hay nada igual para amargarle a cualquiera su viaje a Egipto. El tráfico es una prueba excesiva para mí. Ningún vehículo se mantiene en su carril. Tanto por carretera como por ciudad, uno tiene que prepararse para superar una constante prueba de obstáculos. A veces llego incluso a desear que se produzca un embotellamiento para ver si así se calma la furia de estos locos al volante. Quizá pensaría de diferente modo si viviera aquí y me hubiera acostumbrado a eso que un auténtico cairota como Alejandro Buccianti denomina la “conducta psicológica”: observar al otro conductor, juzgándole en un instante para saber si hay que cederle el paso o, más habitualmente, pasar antes de que se dé cuenta evitando cruzarse con su mirada.
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